7
Esto sucediĂł porque los hijos de Israel habĂan pecado contra el SEĂ‘OR su Dios, que los habĂa sacado de la tierra de Egipto de bajo la mano de FaraĂłn, rey de Egipto, y habĂan reverenciado a otros dioses;
8
y anduvieron en las costumbres de las naciones que el SEĂ‘OR habĂa arrojado de delante de los hijos de Israel, y en las costumbres de los reyes de Israel que ellos habĂan introducido.
9
Y los hijos de Israel secretamente hicieron cosas que no eran rectas contra el SEÑOR su Dios. Además se edificaron lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de atalaya hasta las ciudades fortificadas.
10
Se erigieron pilares sagrados y Aseras sobre toda colina alta y bajo todo árbol frondoso,
11
y quemaron incienso allĂ en todos los lugares altos, como las naciones que el SEĂ‘OR se habĂa llevado al destierro de delante de ellos; e hicieron cosas malas provocando al SEĂ‘OR.
12
Y sirvieron a Ădolos, acerca de los cuales el SEĂ‘OR les habĂa dicho: Vosotros no harĂ©is esto.
13
Y el SEÑOR amonestaba a Israel y a Judá por medio de todos sus profetas y de todo vidente, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos, mis estatutos conforme a toda la ley que ordené a vuestros padres y que os envié por medio de mis siervos los profetas.
14
Sin embargo, ellos no escucharon, sino que endurecieron su cerviz como sus padres, que no creyeron en el SEÑOR su Dios.
15
Desecharon sus estatutos y el pacto que El habĂa hecho con sus padres, y sus advertencias con las cuales los habĂa amonestado. Y siguieron la vanidad y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que los rodeaban, respecto de las cuales el SEĂ‘OR les habĂa ordenado que no hicieran como ellas.
16
Y abandonaron todos los mandamientos del SEÑOR su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros; hicieron una Asera, adoraron a todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal.
17
Hicieron pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas, practicaron la adivinación y los augurios, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, provocándole.
18
Y el SEÑOR se airó en gran manera contra Israel y los quitó de su presencia; no quedó sino sólo la tribu de Judá.
19
Tampoco Judá guardĂł los mandamientos del SEĂ‘OR su Dios, sino que anduvieron en las costumbres que Israel habĂa introducido.
20
Y el SEÑOR desechó a toda la descendencia de Israel, y los afligió y los entregó en mano de saqueadores, hasta que los echó de su presencia.
21
Cuando El arrancó a Israel de la casa de David, ellos hicieron rey a Jeroboam, hijo de Nabat. Entonces Jeroboam apartó a Israel de seguir al SEÑOR, y les hizo cometer un gran pecado.
22
Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados que habĂa cometido Jeroboam; no se apartaron de ellos,
23
hasta que el SEĂ‘OR quitĂł a Israel de su presencia, como El habĂa hablado por medio de todos sus siervos los profetas. E Israel fue llevado de su propia tierra al destierro, a Asiria, hasta hoy.
24
Y el rey de Asiria trajo hombres de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria en lugar de los hijos de Israel. Y tomaron posesiĂłn de Samaria y habitaron en sus ciudades.
25
Y aconteciĂł que como al principio de habitar ellos allĂ, no temieron al SEĂ‘OR, el SEĂ‘OR enviĂł leones entre ellos que mataron a muchos de ellos.
26
Entonces hablaron al rey de Asiria, diciendo: Las naciones que has llevado al destierro a las ciudades de Samaria, no conocen la costumbre del dios de la tierra; por eso Ă©l ha enviado leones entre ellos, y he aquĂ, los leones los matan porque ellos no conocen la costumbre del dios de la tierra.
27
Y el rey de Asiria ordenĂł, diciendo: Llevad allá a uno de los sacerdotes que llevasteis al destierro, y que Ă©l vaya y habite allĂ; y que les enseñe la costumbre del dios de la tierra.
28
Y vino uno de los sacerdotes que habĂan llevado al destierro desde Samaria, y habitĂł en Betel, y les enseñó cĂłmo habĂan de temer al SEĂ‘OR.
29
Pero cada naciĂłn continuĂł haciendo sus propios dioses, y los pusieron en las casas de los lugares altos que los samaritanos habĂan hecho, cada naciĂłn en las ciudades en que habitaban.
30
Y los hombres de Babilonia hicieron a Sucot-benot; los hombres de Cuta hicieron a Nergal; los hombres de Hamat hicieron a Asima;
31
y los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac; y los de Sefarvaim quemaban a sus hijos en el fuego como ofrenda a Adramelec y Anamelec, dioses de Sefarvaim.
32
TambiĂ©n temĂan al SEĂ‘OR y nombraron de entre sĂ sacerdotes de los lugares altos, que oficiaban por ellos en las casas de los lugares altos.
33
TemĂan al SEĂ‘OR y servĂan a sus dioses conforme a la costumbre de las naciones de donde habĂan sido llevados al destierro.
34
Hasta el dĂa de hoy siguen haciendo conforme a sus antiguas costumbres. No temen al SEĂ‘OR, ni siguen sus estatutos ni sus ordenanzas ni la ley ni el mandamiento que el SEĂ‘OR habĂa ordenado a los hijos de Jacob, a quien puso el nombre de Israel,
35
con los cuales el SEÑOR hizo un pacto y les ordenó, diciendo: No temeréis a otros dioses ni os inclinaréis ante ellos, no los serviréis ni les ofreceréis sacrificios.
36
Sino que al SEÑOR, que os hizo subir de la tierra de Egipto con gran poder y con brazo extendido, a El temeréis y ante El os inclinaréis y a El ofreceréis sacrificios.
37
Y los estatutos, las ordenanzas, la ley y el mandamiento que El os escribió, cuidaréis de cumplirlos siempre, y no temeréis a otros dioses.
38
Y el pacto que he hecho con vosotros, no lo olvidaréis, ni temeréis a otros dioses.
39
Sino que al SEÑOR vuestro Dios temeréis, y El os librará de la mano de todos vuestros enemigos.
40
Pero ellos no escucharon, sino que hicieron conforme a su antigua costumbre.
41
Y aunque estas naciones temĂan al SEĂ‘OR, tambiĂ©n servĂan a sus Ădolos; y de la misma manera que hicieron sus padres, asĂ hacen hasta hoy sus hijos y sus nietos.