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y siempre que se apodera de Ă©l, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Y dije a tus discĂpulos que lo expulsaran, pero no pudieron.
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Respondiéndoles Jesús, dijo<***>: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? ¡Traédmelo!
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Y se lo trajeron. Y cuando el espĂritu vio a JesĂşs, al instante sacudiĂł con violencia al muchacho, y Ă©ste, cayendo a tierra, se revolcaba echando espumarajos.
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Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él respondió: Desde su niñez.
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Y muchas veces lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo. Pero si tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos.
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JesĂşs le dijo: "ÂżCĂłmo si tĂş puedes?" Todas las cosas son posibles para el que cree.
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Al instante el padre del muchacho gritĂł y dijo: Creo; ayĂşdame en mi incredulidad.
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Cuando JesĂşs vio que se agolpaba una multitud, reprendiĂł al espĂritu inmundo, diciĂ©ndole: EspĂritu mudo y sordo, yo te ordeno: Sal de Ă©l y no vuelvas a entrar en Ă©l.
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Y despuĂ©s de gritar y de sacudirlo con terribles convulsiones, saliĂł: y el muchacho quedĂł como muerto, tanto, que la mayorĂa de ellos decĂan: ¡Está muerto!
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Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y él se puso en pie.
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Cuando entrĂł JesĂşs en la casa, sus discĂpulos le preguntaban en privado: ÂżPor quĂ© nosotros no pudimos echarlo fuera?