1 Oh Dios, no permanezcas en silencio; no calles, oh Dios, ni te quedes quieto. 2 Porque, he aquí, tus enemigos rugen, y los que te aborrecen se han enaltecido.
18 para que sepan que sólo tú, que te llamas el SEÑOR, eres el Altísimo sobre toda la tierra.