4
Y como no pudieron acercarse a El a causa de la multitud, levantaron el techo encima de donde El estaba; y cuando habĂan hecho una abertura, bajaron la camilla en que yacĂa el paralĂtico.
5
Viendo JesĂşs la fe de ellos, dijo<***> al paralĂtico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
6
Pero estaban allĂ sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones:
7
¿Por qué habla éste as� Está blasfemando; ¿quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
8
Y al instante JesĂşs, conociendo en su espĂritu que pensaban de esa manera dentro de sĂ mismos, les dijo<***>: ÂżPor quĂ© pensáis estas cosas en vuestros corazones?
9
ÂżQuĂ© es más fácil, decir al paralĂtico: "Tus pecados te son perdonados", o decirle: "Levántate, toma tu camilla y anda"?
10
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo<***> al paralĂtico):
11
A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
12
Y él se levantó, y tomando al instante la camilla, salió a vista de todos, de manera que todos estaban asombrados, y glorificaban a Dios, diciendo: Jamás hemos visto cosa semejante.
13
Y El saliĂł de nuevo a la orilla del mar, y toda la multitud venĂa a El, y les enseñaba.
14
Y al pasar, vio a LevĂ, hijo de Alfeo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo<***>: SĂgueme. Y levantándose, le siguiĂł.