1 Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía. 2 Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras. 3 Es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí mandó el SEÑOR la bendición, la vida para siempre.
1 He aquí, bendecid al SEÑOR todos los siervos del SEÑOR, los que servís por la noche en la casa del SEÑOR. 2 Alzad vuestras manos al santuario y bendecid al SEÑOR. 3 Desde Sion te bendiga el SEÑOR, que hizo los cielos y la tierra.
1 ¡Aleluya! Alabad el nombre del SEÑOR; Alabadle, siervos del SEÑOR, 2 los que estáis en la casa del SEÑOR, en los atrios de la casa de nuestro Dios. 3 ¡Aleluya!, porque el SEÑOR es bueno; cantad alabanzas a su nombre, porque es agradable. 4 Porque el SEÑOR ha escogido a Jacob para sí, a Israel para posesión suya. 5 Porque yo sé que el SEÑOR es grande, y que nuestro Señor está sobre todos los dioses. 6 Todo cuanto el SEÑOR quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. 7 El hace subir las nubes desde los extremos de la tierra, hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos. 8 Hirió a los primogénitos de Egipto, tanto de hombre como de animal. 9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre Faraón y todos sus siervos. 10 Hirió a muchas naciones y mató a reyes poderosos; 11 a Sehón, rey de los amorreos, a Og, rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán; 12 y dio sus tierras en herencia, en herencia a Israel su pueblo. 13 Tu nombre, SEÑOR, es eterno; tu memoria, SEÑOR, por todas las generaciones. 14 Porque el SEÑOR juzgará a su pueblo, y tendrá compasión de sus siervos. 15 Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombre. 16 Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; 17 tienen oídos, y no oyen; tampoco hay aliento en su boca. 18 Los que los hacen serán semejantes a ellos, sí, todos los que en ellos confían. 19 Oh casa de Israel, bendecid al SEÑOR; oh casa de Aarón, bendecid al SEÑOR; 20 oh casa de Leví, bendecid al SEÑOR; los que teméis al SEÑOR, bendecid al SEÑOR. 21 Bendito sea el SEÑOR desde Sion, quien mora en Jerusalén. ¡Aleluya!
1 Dad gracias al SEÑOR porque El es bueno, porque para siempre es su misericordia. 2 Dad gracias al Dios de dioses, porque para siempre es su misericordia. 3 Dad gracias al Señor de señores, porque para siempre es su misericordia. 4 Al único que hace grandes maravillas, porque para siempre es su misericordia. 5 Al que con sabiduría hizo los cielos, porque para siempre es su misericordia. 6 Al que extendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre es su misericordia. 7 Al que hizo las grandes lumbreras, porque para siempre es su misericordia: 8 el sol para que reine de día, porque para siempre es su misericordia; 9 la luna y las estrellas para que reinen de noche, porque para siempre es su misericordia. 10 Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, porque para siempre es su misericordia; 11 y sacó a Israel de en medio de ellos, porque para siempre es su misericordia, 12 con mano fuerte y brazo extendido, porque para siempre es su misericordia. 13 Al que dividió en dos partes el mar Rojo, porque para siempre es su misericordia, 14 e hizo pasar a Israel por en medio de él, porque para siempre es su misericordia; 15 mas a Faraón y a su ejército destruyó en el mar Rojo, porque para siempre es su misericordia. 16 Al que condujo a su pueblo por el desierto, porque para siempre es su misericordia; 17 al que hirió a grandes reyes, porque para siempre es su misericordia; 18 y mató a reyes poderosos, porque para siempre es su misericordia; 19 a Sehón, rey de los amorreos, porque para siempre es su misericordia, 20 y a Og, rey de Basán, porque para siempre es su misericordia; 21 y dio la tierra de ellos en heredad, porque para siempre es su misericordia, 22 en heredad a Israel su siervo, porque para siempre es su misericordia. 23 El que se acordó de nosotros en nuestra humillación, porque para siempre es su misericordia, 24 y nos rescató de nuestros adversarios, porque para siempre es su misericordia. 25 El que da sustento a toda carne, porque para siempre es su misericordia. 26 Dad gracias al Dios del cielo, porque para siempre es su misericordia.
1 Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sion. 2 Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. 3 Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sion. 4 ¿Cómo cantaremos la canción del SEÑOR en tierra extraña? 5 Si me olvido de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. 6 Péguese mi lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no enaltezco a Jerusalén sobre mi supremo gozo. 7 Recuerda, oh SEÑOR, contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, quienes dijeron: Arrasadla, arrasadla hasta sus cimientos. 8 Oh hija de Babilonia, la devastada, bienaventurado el que te devuelva el pago con que nos pagaste. 9 Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños contra la peña.
1 Con todo mi corazón te daré gracias; en presencia de los dioses te cantaré alabanzas. 2 Me postraré hacia tu santo templo, y daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu verdad; porque has engrandecido tu palabra conforme a todo tu nombre. 3 En el día que invoqué, me respondiste; me hiciste valiente con fortaleza en mi alma. 4 Todos los reyes de la tierra te alabarán, SEÑOR, cuando hayan oído los dichos de tu boca. 5 Y cantarán de los caminos del SEÑOR, porque grande es la gloria del SEÑOR. 6 Porque el SEÑOR es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos. 7 Aunque yo ande en medio de la angustia, tú me vivificarás; extenderás tu mano contra la ira de mis enemigos, y tu diestra me salvará. 8 El SEÑOR cumplirá su propósito en mí; eterna, oh SEÑOR, es tu misericordia; no abandones las obras de tus manos.
1 Oh SEÑOR, tú me has escudriñado y conocido. 2 Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. 3 Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos. 4 Aun antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh SEÑOR, tú ya la sabes toda. 5 Por detrás y por delante me has cercado, y tu mano pusiste sobre mí. 6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; es muy elevado, no lo puedo alcanzar. 7 ¿Adónde me iré de tu Espíritu, o adónde huiré de tu presencia? 8 Si subo a los cielos, he aquí, allí estás tú; si en el Seol preparo mi lecho, allí estás tú. 9 Si tomo las alas del alba, y si habito en lo más remoto del mar, 10 aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. 11 Si digo: Ciertamente las tinieblas me envolverán, y la luz en torno mío será noche; 12 ni aun las tinieblas son oscuras para ti, y la noche brilla como el día. Las tinieblas y la luz son iguales para ti. 13 Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. 14 Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho ; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. 15 No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. 16 Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos. 17 ¡Cuán preciosos también son para mí, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos! 18 Si los contara, serían más que la arena; al despertar aún estoy contigo. 19 ¡Oh Dios, si tú hicieras morir al impío! Por tanto, apartaos de mí, hombres sanguinarios. 20 Porque hablan contra ti perversamente, y tus enemigos toman tu nombre en vano. 21 ¿No odio a los que te aborrecen, SEÑOR? ¿Y no me repugnan los que se levantan contra ti? 22 Los aborrezco con el más profundo odio; se han convertido en mis enemigos. 23 Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. 24 Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno.