Salmos 146; Salmos 147; 1 Corintios 15:1-28

1 ¡Aleluya! Oh alma mía, alaba al SEÑOR. 2 Alabaré al SEÑOR mientras yo viva; cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista. 3 No confiéis en príncipes, ni en hijo de hombre en quien no hay salvación. 4 Su espíritu exhala, él vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos. 5 Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el SEÑOR su Dios, 6 que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que guarda la verdad para siempre; 7 que hace justicia a los oprimidos, y da pan a los hambrientos. El SEÑOR pone en libertad a los cautivos. 8 El SEÑOR abre los ojos a los ciegos, el SEÑOR levanta a los caídos, el SEÑOR ama a los justos. 9 El SEÑOR protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el camino de los impíos. 10 El SEÑOR reinará para siempre, tu Dios, oh Sion, por todas las generaciones. ¡Aleluya!
1 ¡Aleluya! Porque bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios, porque agradable y apropiada es la alabanza. 2 El SEÑOR edifica a Jerusalén; congrega a los dispersos de Israel; 3 sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas . 4 Cuenta el número de las estrellas, y a todas ellas les pone nombre. 5 Grande es nuestro Señor, y muy poderoso; su entendimiento es infinito. 6 El SEÑOR sostiene al afligido y humilla a los impíos hasta la tierra. 7 Cantad al SEÑOR con acción de gracias; cantad alabanzas con la lira a nuestro Dios, 8 el que cubre de nubes los cielos, el que provee lluvia para la tierra, el que hace brotar la hierba en los montes. 9 El da su alimento al ganado y a la cría de los cuervos cuando chillan. 10 No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en las piernas ágiles del hombre. 11 El SEÑOR favorece a los que le temen, a los que esperan en su misericordia. 12 ¡Alaba al SEÑOR, oh Jerusalén! ¡Alaba a tu Dios, oh Sion! 13 Porque ha reforzado los cerrojos de tus puertas; ha bendecido a tus hijos dentro de ti. 14 El hace la paz en tus fronteras; te sacia con lo mejor del trigo. 15 Envía sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. 16 Manda la nieve como lana; esparce la escarcha cual ceniza. 17 Arroja su hielo como migas de pan; ¿Quién puede resistir ante su frío? 18 Envía su palabra y los derrite; hace soplar su viento y el agua corre. 19 Declara su palabra a Jacob, y sus estatutos y sus ordenanzas a Israel. 20 No ha hecho así con ninguna otra nación; y en cuanto a sus ordenanzas, no las han conocido. ¡Aleluya!
1 Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, 2 por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. 3 Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 que se apareció a Cefas y después a los doce; 6 luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen; 7 después se apareció a Jacobo , luego a todos los apóstoles, 8 y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí. 9 Porque yo soy el más insignificante de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, pues perseguí a la iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí. 11 Sin embargo, haya sido yo o ellos, así predicamos y así creísteis. 12 Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 13 Y si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; 14 y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe. 15 Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que El resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Pues si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; 17 y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido. 19 Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima. 20 Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. 21 Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. 22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida; 24 entonces vendrá el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder. 25 Pues El debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el último enemigo que será abolido es la muerte. 27 Porque EL HA PUESTO TODO EN SUJECION BAJO SUS PIES. Pero cuando dice que todas las cosas le están sujetas, es evidente que se exceptúa a aquel que ha sometido a El todas las cosas. 28 Y cuando todo haya sido sometido a El, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a El todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
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