Salmos 89; Salmos 90; Romanos 14

1 Por siempre cantaré de las misericordias del SEÑOR; con mi boca daré a conocer tu fidelidad a todas las generaciones. 2 Porque dije: Para siempre será edificada la misericordia; en los cielos mismos establecerás tu fidelidad. 3 Yo he hecho un pacto con mi escogido, he jurado a David mi siervo: 4 Estableceré tu descendencia para siempre, y edificaré tu trono por todas las generaciones. (Selah) 5 Los cielos alabarán tus maravillas, SEÑOR, y también tu fidelidad en la asamblea de los santos. 6 Porque, ¿quién en el firmamento se puede comparar al SEÑOR? ¿Quién entre los hijos de los poderosos es como el SEÑOR, 7 Dios muy temido en el consejo de los santos, e imponente sobre todos los que están en su derredor? 8 Oh SEÑOR, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú, poderoso SEÑOR? Tu fidelidad también te rodea. 9 Tú dominas la soberbia del mar; cuando sus olas se levantan, tú las calmas. 10 Tú aplastaste a Rahab como a uno herido de muerte; esparciste a tus enemigos con tu brazo poderoso. 11 Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y todo lo que en él hay , tú lo fundaste. 12 El norte y el sur, tú los creaste; el Tabor y el Hermón aclamarán con gozo a tu nombre. 13 Tú tienes un brazo fuerte; tu mano es poderosa, tu diestra es exaltada. 14 La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono; la misericordia y la verdad van delante de ti. 15 ¡Cuán bienaventurado es el pueblo que sabe lo que es la voz de júbilo ! Andan, SEÑOR, a la luz de tu rostro. 16 En tu nombre se regocijan todo el día, y por tu justicia son enaltecidos. 17 Porque tú eres la gloria de su potencia, y por tu gracia es exaltado nuestro poder. 18 Pues del SEÑOR es nuestro escudo, y del Santo de Israel nuestro rey. 19 Una vez hablaste en visión a tus santos, y dijiste: He ayudado a un poderoso; he exaltado a uno escogido de entre el pueblo. 20 He hallado a David mi siervo; lo he ungido con mi óleo santo, 21 y con él estará siempre mi mano; mi brazo también lo fortalecerá. 22 No lo engañará el enemigo, ni lo afligirá el hijo de maldad. 23 Sino que yo aplastaré a sus adversarios delante de él, y heriré a los que lo aborrecen. 24 Con él estarán mi fidelidad y mi misericordia, y en mi nombre será exaltado su poder. 25 Pondré también su mano sobre el mar, y su diestra sobre los ríos. 26 El clamará a mí: Mi Padre eres tú, mi Dios y la roca de mi salvación. 27 Yo también lo haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. 28 Para siempre conservaré mi misericordia hacia él, y mi pacto le será confirmado. 29 Así estableceré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. 30 Si sus hijos abandonan mi ley y no andan en mis juicios, 31 si violan mis estatutos y no guardan mis mandamientos, 32 entonces castigaré con vara su transgresión, y con azotes su iniquidad. 33 Pero no quitaré de él mi misericordia, ni obraré falsamente en mi fidelidad. 34 No quebrantaré mi pacto, ni cambiaré la palabra de mis labios. 35 Una vez he jurado por mi santidad; no mentiré a David. 36 Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. 37 Será establecido para siempre como la luna, fiel testigo en el cielo. (Selah) 38 Pero tú lo has rechazado y desechado, contra tu ungido te has enfurecido. 39 Has despreciado el pacto de tu siervo; has profanado su corona echándola por tierra. 40 Has derribado todos sus muros; has convertido en ruinas sus fortalezas. 41 Todos los que pasan por el camino lo saquean; ha venido a ser una afrenta para sus vecinos. 42 Tú has exaltado la diestra de sus adversarios; has hecho regocijarse a todos sus enemigos. 43 Has retirado también el filo de su espada, y no le has hecho estar firme en la batalla. 44 Has hecho cesar su esplendor, y has echado por tierra su trono. 45 Has acortado los días de su juventud; lo has cubierto de ignominia. (Selah) 46 ¿Hasta cuándo, SEÑOR? ¿Te esconderás para siempre? ¿Arderá como el fuego tu furor? 47 Recuerda cuán breve es mi vida; ¡con qué propósito vano has creado a todos los hijos de los hombres! 48 ¿Qué hombre podrá vivir y no ver la muerte? ¿Podrá librar su alma del poder del Seol? (Selah) 49 ¿Dónde están, Señor, tus misericordias de antes, que en tu fidelidad juraste a David? 50 Recuerda, Señor, el oprobio de tus siervos; cómo llevo dentro de mí el oprobio de muchos pueblos, 51 con el cual tus enemigos, oh SEÑOR, han injuriado, con el cual han injuriado los pasos de tu ungido. 52 ¡Bendito sea el SEÑOR para siempre! Amén y amén.
1 SEÑOR, tú has sido un refugio para nosotros de generación en generación. 2 Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios. 3 Haces que el hombre vuelva a ser polvo, y dices: Volved, hijos de los hombres. 4 Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche. 5 Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; 6 por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca. 7 Porque hemos sido consumidos con tu ira, y por tu furor hemos sido conturbados. 8 Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia. 9 Porque por tu furor han declinado todos nuestros días; acabamos nuestros años como un suspiro. 10 Los días de nuestra vida llegan a setenta años; y en caso de mayor vigor, a ochenta años. Con todo, su orgullo es sólo trabajo y pesar, porque pronto pasa, y volamos. 11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu furor conforme al temor que se te debe? 12 Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. 13 Vuelve, SEÑOR; ¿hasta cuándo? y compadécete de tus siervos. 14 Sácianos por la mañana con tu misericordia, y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días. 15 Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y a los años en que vimos adversidad. 16 Manifiéstese tu obra a tus siervos, y tu majestad a sus hijos, 17 y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros. Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma.
1 Aceptad al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones. 2 Uno tiene fe en que puede comer de todo, pero el que es débil sólo come legumbres. 3 El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado. 4 ¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. 5 Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir. 6 El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda; y el que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y da gracias a Dios. 7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; 8 pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. 9 Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos. 10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también, tú, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios . 11 Porque está escrito: VIVO YODICE EL SEÑORQUE ANTE MI SE DOBLARA TODA RODILLA, Y TODA LENGUA ALABARA A DIOS. 12 De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo. 13 Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano. 14 Yo sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es. 15 Porque si por causa de la comida tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo murió. 16 Por tanto, no permitáis que se hable mal de lo que para vosotros es bueno. 17 Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. 18 Porque el que de esta manera sirve a Cristo, es aceptable a Dios y aprobado por los hombres. 19 Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua. 20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comer. 21 Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece . 22 La fe que tú tienes, tenla conforme a tu propia convicción delante de Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. 23 Pero el que duda, si come se condena, porque no lo hace por fe; y todo lo que no procede de fe, es pecado.
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