Ezequiel 1; Ezequiel 2; Ezequiel 3; Ezequiel 4; Ezequiel 5; Ezequiel 6; Ezequiel 7; Ezequiel 8; Ezequiel 9; Ezequiel 10; Ezequiel 11; Ezequiel 12; Ezequiel 13; Ezequiel 14; Ezequiel 15; Ezequiel 16; Ezequiel 17; Ezequiel 18; Ezequiel 19; Ezequiel 20; Ezequiel 21; Ezequiel 22; Ezequiel 23; Ezequiel 24; Ezequiel 25; Ezequiel 26; Ezequiel 27; Ezequiel 28; Ezequiel 29; Ezequiel 30; Ezequiel 31; Ezequiel 32; Ezequiel 33; Ezequiel 34; Ezequiel 35; Ezequiel 36; Ezequiel 37; Ezequiel 38; Ezequiel 39; Ezequiel 40; Ezequiel 41; Ezequiel 42; Ezequiel 43; Ezequiel 44; Ezequiel 45; Ezequiel 46; Ezequiel 47; Ezequiel 48

1 Visión de los seres vivientes<br />El 31 de julio<br /> de mis treinta años de vida,<br /> me encontraba con los judíos en el destierro, junto al río Quebar, en Babilonia, cuando se abrieron los cielos y tuve visiones de Dios. 2 Eso ocurrió durante el quinto año de cautividad del rey Joaquín. 3 (El Señor<br /> le dio este mensaje al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzi, junto al río Quebar, en la tierra de los babilonios;<br /> y él sintió que la mano del Señor<br /> se apoderó de él). 4 Mientras miraba, vi una gran tormenta que venía del norte empujando una nube enorme que resplandecía con relámpagos y brillaba con una luz radiante. Dentro de la nube había fuego, y en medio del fuego resplandecía algo que parecía como de ámbar reluciente. 5 Del centro de la nube salieron cuatro seres vivientes que parecían humanos, 6 solo que cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Las piernas eran rectas, y los pies tenían pezuñas como las de un becerro y brillaban como bronce bruñido. 8 Pude ver que, debajo de cada una de las cuatro alas, tenían manos humanas. Así que cada uno de los cuatro seres tenía cuatro caras y cuatro alas. 9 Las alas de cada ser viviente se tocaban con las de los seres que estaban al lado. Cada uno se movía de frente hacia adelante, en la dirección que fuera, sin darse vuelta. 10 Cada uno tenía cara humana por delante, cara de león a la derecha, cara de buey a la izquierda, y cara de águila por detrás. 11 Cada uno tenía dos pares de alas extendidas: un par se tocaba con las alas de los seres vivientes a cada lado, y el otro par le cubría el cuerpo. 12 Los seres iban en la dirección que indicara el espíritu y se movían de frente hacia delante, en la dirección que fuera, sin darse vuelta. 13 Los seres vivientes parecían carbones encendidos o antorchas brillantes, y daba la impresión de que entre ellos destellaban relámpagos. 14 Y los seres vivientes se desplazaban velozmente de un lado a otro como centellas. 15 Mientras miraba a esos seres vivientes, vi junto a ellos cuatro ruedas que tocaban el suelo; a cada uno le correspondía una rueda. 16 Las ruedas brillaban como si fueran de berilo. Las cuatro ruedas se parecían y estaban hechas de la misma manera; dentro de cada rueda había otra rueda, que giraba en forma transversal. 17 Los seres podían avanzar de frente en cualquiera de las cuatro direcciones, sin girar mientras se movían. 18 Los aros de las cuatro ruedas eran altos y aterradores, y estaban cubiertos de ojos alrededor. 19 Cuando los seres vivientes se movían, las ruedas se movían con ellos. Cuando volaban hacia arriba, las ruedas también subían. 20 El espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. Así que a donde fuera el espíritu, iban también las ruedas y los seres vivientes. 21 Cuando los seres se movían, las ruedas se movían. Cuando los seres se detenían, las ruedas se detenían. Cuando los seres volaban hacia arriba, las ruedas se elevaban, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. 22 Por encima de ellos se extendía una superficie semejante al cielo, reluciente como el cristal. 23 Por debajo de esa superficie, dos alas de cada ser viviente se extendían para tocar las alas de los otros, y cada uno tenía otras dos alas que le cubrían el cuerpo. 24 Cuando volaban, el ruido de las alas me sonaba como olas que rompen contra la costa o la voz del Todopoderoso<br /> o los gritos de un potente ejército. Cuando se detuvieron, bajaron las alas. 25 Mientras permanecían de pie con las alas bajas, se oyó una voz más allá de la superficie de cristal que estaba encima de ellos. 26 Sobre esta superficie había algo semejante a un trono hecho de lapislázuli. En ese trono, en lo más alto, había una figura con apariencia de hombre. 27 De lo que parecía ser su cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente, titilante como el fuego; y de la cintura para abajo, parecía una llama encendida resplandeciente. 28 Lo rodeaba un halo luminoso, como el arco iris que brilla entre las nubes en un día de lluvia. Así se me presentó la gloria del Señor<br />. Cuando la vi, caí con rostro en tierra, y oí la voz de alguien que me hablaba.
1 Llamado y encargo de Ezequiel<br />«Levántate, hijo de hombre —dijo la voz—, quiero hablarte». 2 El Espíritu entró en mí mientras me hablaba y me puso de pie. Entonces escuché atentamente sus palabras. 3 «Hijo de hombre —me dijo—, te envío a la nación de Israel, un pueblo desobediente que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han puesto en mi contra hasta el día de hoy. 4 Son un pueblo terco y duro de corazón. Ahora te envío a decirles: “¡Esto dice el Señor<br /> Soberano!”. 5 Ya sea que te escuchen o se nieguen a escuchar —pues recuerda que son rebeldes—, al menos sabrán que han tenido un profeta entre ellos. 6 »Hijo de hombre, no tengas miedo ni de ellos ni de sus palabras. No temas aunque sus amenazas te rodeen como ortigas, zarzas y escorpiones venenosos. No te desanimes por sus ceños fruncidos, por muy rebeldes que ellos sean. 7 Debes darles mis mensajes, te escuchen o no. Sin embargo, no te escucharán, ¡porque son totalmente rebeldes! 8 Hijo de hombre, presta atención a lo que te digo. No seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te doy». 9 Luego miré y vi que se me acercaba una mano que sostenía un rollo, 10 el cual él abrió. Entonces vi que estaba escrito en ambos lados con cantos fúnebres, lamentos y declaraciones de condena.
1 La voz me dijo: «Hijo de hombre, come lo que te doy, ¡cómete este rollo! Luego ve y transmite el mensaje a los israelitas». 2 Así que abrí la boca y él me dio a comer el rollo. 3 «Llénate el estómago con esto», me dijo. Al comerlo, sentí un sabor tan dulce como la miel. 4 Luego me dijo: «Hijo de hombre, ve a los israelitas y dales mis mensajes. 5 No te envío a un pueblo de extranjeros que habla un idioma que no comprendes. 6 No, no te envío a gente que habla un idioma extraño y difícil de entender. Si te enviara a esas personas, ¡ellas te escucharían! 7 ¡Pero los israelitas no te escucharán a ti como tampoco me escuchan a mí! Pues todos y cada uno de ellos son tercos y duros de corazón. 8 Sin embargo, mira, te he hecho tan obstinado y duro de corazón como ellos. 9 ¡Endurecí tu frente tanto como la roca más dura! Por lo tanto, no les tengas miedo ni te asustes con sus miradas furiosas, por muy rebeldes que sean». 10 Luego agregó: «Hijo de hombre, que todas mis palabras penetren primero en lo profundo de tu corazón. Escúchalas atentamente para tu propio bien. 11 Después ve a tus compatriotas desterrados y diles: “¡Esto dice el Señor<br /> Soberano!”. Hazlo, te escuchen o no». 12 Luego el Espíritu me levantó y oí detrás de mí un fuerte ruido que retumbaba. (¡Alabada sea la gloria del Señor<br /> en su lugar!). 13 Era el sonido de las alas de los seres vivientes al rozarse unas con otras y el retumbar de las ruedas debajo de ellos. 14 El Espíritu me levantó y me sacó de allí. Salí amargado y confundido, pero era fuerte el poder del Señor<br /> sobre mí. 15 Luego llegué a la colonia de judíos desterrados en Tel-abib, junto al río Quebar. Estaba atónito y me quedé sentado entre ellos durante siete días. 16 Centinela para Israel<br />Después de siete días, el Señor<br /> me dio el siguiente mensaje: 17 «Hijo de hombre, te he puesto como centinela para Israel. Cada vez que recibas un mensaje mío, adviértele a la gente de inmediato. 18 Si les aviso a los perversos: “Ustedes están bajo pena de muerte”, pero tú no les das la advertencia, ellos morirán en sus pecados; y yo te haré responsable de su muerte. 19 Si tú les adviertes, pero ellos se niegan a arrepentirse y siguen pecando, morirán en sus pecados; pero tú te habrás salvado porque me obedeciste. 20 »Si los justos se desvían de su conducta recta y no hacen caso a los obstáculos que pongo en su camino, morirán; y si tú no les adviertes, ellos morirán en sus pecados. No se recordará ninguno de sus actos de justicia y te haré responsable de la muerte de esas personas; 21 pero si les adviertes a los justos que no pequen y te hacen caso y no pecan, entonces vivirán, y tú también te habrás salvado». 22 Luego el Señor<br /> puso su mano sobre mí y me dijo: «Levántate y sal al valle, y allí te hablaré». 23 Entonces me levanté y fui. Allí vi la gloria del Señor<br />, tal como la había visto en mi primera visión junto al río Quebar, y caí con el rostro en tierra. 24 Después el Espíritu entró en mí y me puso de pie. Me habló y me dijo: «Vete a tu casa y enciérrate. 25 Allí, hijo de hombre, te atarán con cuerdas, para que no puedas salir a estar con el pueblo. 26 Haré que la lengua se te pegue al paladar para que quedes mudo y no puedas reprenderlos, porque son rebeldes. 27 Sin embargo, cuando te dé un mensaje, te soltaré la lengua y te dejaré hablar. Entonces les dirás: “¡Esto dice el Señor<br /> Soberano!”. Los que quieran escuchar, escucharán, pero los que se nieguen, se negarán, porque son rebeldes.
1 Señal del inminente sitio<br />»Ahora, hijo de hombre, toma un ladrillo grande de barro y ponlo en el suelo, delante de ti. Luego dibuja en él un mapa de la ciudad de Jerusalén y 2 representa la ciudad bajo ataque. Construye un muro a su alrededor para que nadie pueda escapar. Establece el campamento enemigo y rodea la ciudad con rampas de asalto y arietes. 3 Luego toma una plancha de hierro y colócala entre tú y la ciudad. Dirígete a la ciudad y demuestra lo terrible que será el ataque contra Jerusalén. Esto será una advertencia al pueblo de Israel. 4 »Ahora acuéstate sobre tu lado izquierdo y pon sobre ti los pecados de Israel. Cargarás con sus pecados todos los días que permanezcas acostado sobre ese lado. 5 Te exijo que cargues con los pecados de Israel durante trescientos noventa días, un día por cada año de su pecado. 6 Cumplido ese tiempo, date vuelta y acuéstate sobre el lado derecho cuarenta días, un día por cada año del pecado de Judá. 7 »Mientras tanto, mira fijamente el sitio contra Jerusalén. Quédate acostado con el brazo descubierto y profetiza la destrucción de la ciudad. 8 Te ataré con cuerdas para que no puedas moverte de un lado al otro hasta que se hayan cumplido los días del ataque. 9 »Ahora ve a conseguir algo de trigo, cebada, frijoles, lentejas, mijo y trigo espelta, y mézclalos en un recipiente grande. Con esta mezcla, harás pan para ti durante los trescientos noventa días que estarás acostado sobre tu lado izquierdo. 10 Prepárate raciones de alimento de doscientos veintiocho gramos<br /> para cada día y cómelas a determinadas horas. 11 Luego mide una jarra<br /> de agua para cada día y bébela a determinadas horas. 12 Prepara este alimento y cómelo como si fuera un pan de cebada. Cocínalo a la vista de todo el pueblo, sobre un fuego encendido con excremento humano seco, y luego cómete el pan». 13 Después el Señor<br /> dijo: «¡Así comerán los israelitas pan contaminado en las naciones gentiles<br /> adonde los expulsaré!». 14 Entonces dije: «Oh Señor<br /> Soberano, ¿es necesario que me contamine con excremento humano? Pues nunca me he contaminado. Desde que era niño hasta ahora, jamás comí ningún animal que muriera por enfermedad o que fuera muerto por otros animales. Jamás probé ninguna carne prohibida por la ley». 15 «Está bien —dijo el Señor<br />—. Puedes cocinar tu pan con estiércol de vaca en vez de excremento humano». 16 Luego me dijo: «Hijo de hombre, haré que escasee el alimento en Jerusalén. Tendrán que racionarlo con mucho cuidado y lo comerán con temor. El agua se racionará, gota a gota, y el pueblo la beberá afligido. 17 Por la falta de alimento y de agua, ellos se mirarán unos a otros llenos de terror, y en su castigo se irán consumiendo.
1 Señal del juicio que viene<br />»Hijo de hombre, toma una espada afilada y úsala como navaja para afeitarte la cabeza y la barba. Toma una balanza y pesa el cabello en tres partes iguales. 2 Coloca una tercera parte del cabello en el centro del mapa que hiciste de Jerusalén. Después de representar el ataque a la ciudad, quémalo allí. Esparce otra tercera parte del cabello por todo el mapa y córtalo con una espada. Arroja la otra tercera parte al viento, porque yo esparciré a mi pueblo con la espada. 3 Conserva apenas un poquito del cabello y átalo en tu túnica. 4 Luego toma algunos de esos cabellos y arrójalos al fuego para que se consuman. De ese remanente se esparcirá un fuego que destruirá a todo Israel. 5 »El Señor<br /> Soberano dice: esto es una ilustración de lo que le ocurrirá a Jerusalén. Yo la puse en el centro de las naciones, 6 pero ella se rebeló contra mis ordenanzas y decretos, y resultó ser aún más perversa que las naciones vecinas. Se ha negado a obedecer las ordenanzas y los decretos que le di para que siguiera. 7 »Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano al pueblo: te has comportado peor que tus vecinos y te has negado a obedecer mis decretos y ordenanzas. Ni siquiera has vivido a la altura de las naciones que te rodean. 8 Por lo tanto, ahora, yo mismo, el Señor<br /> Soberano, soy tu enemigo. Te castigaré en público, a la vista de todas las naciones. 9 A causa de tus ídolos detestables, te castigaré como nunca he castigado a nadie ni volveré a hacerlo jamás. 10 Los padres se comerán a sus propios hijos y los hijos se comerán a sus padres. Te castigaré, y esparciré a los pocos que sobrevivan a los cuatro vientos. 11 »Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, te eliminaré por completo. No te tendré ninguna lástima porque has contaminado mi templo con tus imágenes repugnantes y tus pecados detestables. 12 Una tercera parte del pueblo morirá de hambre y de enfermedades en la ciudad. Otra tercera parte será masacrada por el enemigo fuera de las murallas de la ciudad. A la otra tercera parte la dispersaré a los cuatro vientos y la perseguiré con mi espada. 13 Entonces por fin mi enojo se habrá desahogado y quedaré satisfecho. Cuando se haya calmado mi furia contra ellos, todo Israel sabrá que yo, el Señor<br />, les hablé enojado de celos. 14 »Así que te convertiré en ruinas, en una burla ante los ojos de las naciones vecinas y de todos los que pasen por allí. 15 Te volverás objeto de burla, de mofas y de horror. Servirás de advertencia a las naciones que te rodean. Ellas verán lo que sucede cuando el Señor<br /> castiga con enojo a una nación y la reprende, dice el Señor<br />. 16 »Haré que te lluevan las flechas mortales del hambre para destruirte. El hambre se volverá cada vez más terrible hasta que haya desaparecido la última migaja de alimento. 17 Junto con el hambre, te atacarán animales salvajes y te arrebatarán a tus hijos. La enfermedad y la guerra acecharán tu tierra, y mandaré la espada del enemigo contra ti. ¡Yo, el Señor<br />, he hablado!».
1 Juicio contra los montes de Israel<br />Nuevamente recibí un mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara a los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3 Proclama este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano contra los montes de Israel. Esto dice el Señor<br /> Soberano a los montes y a las colinas, a los barrancos y a los valles: “Estoy por provocar guerra contra ustedes y aplastaré sus santuarios paganos. 4 Todos sus altares serán demolidos y sus lugares de culto quedarán destruidos. Mataré a la gente delante de sus ídolos. 5 Arrojaré los cadáveres delante de sus ídolos y desparramaré sus huesos alrededor de sus altares. 6 Dondequiera que vivan, habrá desolación y destruiré sus santuarios paganos. Sus altares serán demolidos; sus ídolos, aplastados; sus lugares de culto, derribados y todos los objetos religiosos que hayan hecho, destruidos. 7 El lugar quedará sembrado de cadáveres y sabrán que solo yo soy el Señor<br />. 8 »”Sin embargo, permitiré que algunos de mi pueblo escapen de la destrucción y esos pocos serán esparcidos entre las naciones del mundo. 9 Luego, cuando estén desterrados entre las naciones, se acordarán de mí. Reconocerán cuánto me duele la infidelidad de su corazón y la lujuria de sus ojos que anhelan a sus ídolos. Entonces, al fin, se odiarán a sí mismos por todos sus pecados detestables. 10 Sabrán que solo yo soy el Señor<br /> y que hablaba en serio cuando dije que traería esta calamidad sobre ellos. 11 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: den palmadas y pataleen en señal de horror. Griten por todos los pecados detestables que ha cometido el pueblo de Israel. Ahora morirán por la guerra, el hambre y la enfermedad: 12 la enfermedad herirá de muerte a los que estén desterrados en lugares lejanos; la guerra destruirá a quienes estén cerca, y cualquiera que sobreviva morirá a causa del hambre. Entonces, por fin desahogaré mi furia en ellos. 13 Sabrán que yo soy el Señor<br /> cuando sus muertos queden esparcidos en medio de sus ídolos y en torno a sus altares, sobre cada colina y montaña y debajo de todo árbol frondoso y cada árbol grande que da sombra, es decir, en los lugares donde ofrecían sacrificios a sus ídolos. 14 Los aplastaré y dejaré desoladas sus ciudades, desde el desierto del sur hasta Ribla,<br /> en el norte. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />».
1 Ya viene el fin<br />Después recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, esto dice el Señor<br /> Soberano a Israel:<br />»¡Ya llegó el fin!<br />Dondequiera que mires<br />—al oriente, al occidente, al norte o al sur—<br />tu tierra está acabada. 3 No queda esperanza,<br />porque desataré mi enojo contra ti.<br />Te llamaré a rendir cuentas<br />de todos tus pecados detestables. 4 Miraré para otro lado y no te tendré compasión.<br />Te daré tu merecido por todos tus pecados detestables.<br />Entonces sabrás que yo soy el Señor<br />. 5 »Esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />¡Desastre tras desastre<br />se te acerca! 6 El fin ha llegado.<br />Finalmente llegó.<br />¡Te espera la condenación final! 7 Oh pueblo de Israel, ya amanece el día de tu destrucción.<br />Ha llegado la hora; está cerca el día de dificultad.<br />En las montañas se oirán gritos de angustia,<br />no serán gritos de alegría. 8 Pronto derramaré mi furia sobre ti<br />y contra ti desataré mi enojo.<br />Te llamaré a rendir cuentas<br />de todos tus pecados detestables. 9 Miraré para otro lado y no te tendré compasión.<br />Te daré tu merecido por todos tus pecados detestables.<br />Entonces sabrás que soy yo, el Señor<br />,<br />quien da el golpe. 10 »¡El día del juicio ha llegado;<br />tu destrucción está a la puerta!<br />La perversidad y la soberbia de la gente<br />han florecido en pleno. 11 La violencia de ellos se ha transformado en una vara<br />que los azotará por su perversidad.<br />Ninguno de esos orgullosos y perversos sobrevivirá.<br />Toda su riqueza y prestigio se esfumará. 12 Sí, ha llegado la hora,<br />¡este es el día!<br />Que los comerciantes no se alegren por las ofertas,<br />ni los vendedores lamenten sus pérdidas,<br />porque todos ellos caerán<br />bajo mi enojo terrible. 13 Aunque los mercaderes sobrevivan,<br />jamás regresarán a sus negocios.<br />Pues lo que Dios ha dicho se aplica a todos sin excepción,<br />¡no se cambiará!<br />Ninguna persona que viva descarriada por el pecado<br />se recuperará jamás. 14 Desolación de Israel<br />»Suena la trompeta para movilizar al ejército de Israel,<br />pero nadie presta atención,<br />porque me he enfurecido contra todos ellos. 15 Fuera de la ciudad hay guerra,<br />y dentro de la ciudad, enfermedades y hambre.<br />Los que estén fuera de las murallas de la ciudad<br />morirán al filo de las espadas enemigas.<br />Los que estén dentro de la ciudad<br />morirán de hambre y enfermedades. 16 Los sobrevivientes que escapen hacia las montañas<br />gemirán como palomas, sollozando por sus pecados. 17 Sus manos colgarán sin fuerza,<br />las rodillas les quedarán débiles como el agua. 18 Se vestirán de tela áspera;<br />el horror y la vergüenza los cubrirán.<br />Se afeitarán la cabeza<br />en señal de dolor y remordimiento. 19 »Arrojarán su dinero a la calle,<br />lo tirarán como si fuera basura.<br />Ni su oro ni su plata los salvará<br />cuando llegue ese día del enojo del Señor<br />.<br />No los saciarán ni los alimentarán,<br />porque su avaricia solo los hace tropezar. 20 Estaban orgullosos de sus hermosas joyas<br />y con ellas hicieron ídolos detestables e imágenes repugnantes.<br />Por lo tanto, haré que todas sus riquezas<br />les resulten asquerosas. 21 Se las daré a los extranjeros como botín,<br />a las naciones más perversas,<br />y ellas las profanarán. 22 Apartaré mis ojos de ellos,<br />cuando esos ladrones invadan y profanen mi preciosa tierra. 23 »Prepara cadenas para mi pueblo,<br />porque la tierra está ensangrentada por crímenes terribles.<br />Jerusalén está llena de violencia. 24 Traeré a las naciones más despiadadas<br />para que se apoderen de sus casas.<br />Derrumbaré sus orgullosas fortalezas<br />y haré que se profanen sus santuarios. 25 El terror y el temblor se apoderarán de mi pueblo.<br />Buscarán paz, pero no la encontrarán. 26 Habrá calamidad tras calamidad;<br />un rumor seguirá a otro rumor.<br />En vano buscarán<br />una visión de los profetas.<br />No recibirán enseñanza de los sacerdotes<br />ni consejo de los líderes. 27 El rey y el príncipe quedarán indefensos,<br />sollozando de desesperación,<br />y las manos de la gente<br />temblarán de miedo.<br />Los haré pasar por la misma maldad<br />que ellos causaron a otros<br />y recibirán el castigo<br />que tanto merecen.<br />¡Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />!».
1 Idolatría en el templo<br />Después, el 17 de septiembre,<br /> durante el sexto año de cautividad del rey Joaquín, mientras los líderes de Judá estaban en mi casa, el Señor<br /> Soberano puso su mano sobre mí. 2 Vi una figura con apariencia de hombre. De lo que parecía ser su cintura para abajo, parecía una llama encendida. De la cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente. 3 Extendió algo que parecía ser una mano y me tomó del cabello. Luego el Espíritu me elevó al cielo y me transportó a Jerusalén en una visión que procedía de Dios. Me llevó a la puerta norte del atrio interior del templo, donde hay un ídolo grande que ha provocado los celos del Señor<br />. 4 De pronto, estaba allí la gloria del Dios de Israel, tal como yo la había visto antes en el valle. 5 Entonces el Señor<br /> me dijo: «Hijo de hombre, mira hacia el norte». Así que miré hacia el norte y, junto a la entrada de la puerta que está cerca del altar, estaba el ídolo que tanto había provocado los celos del Señor<br />. 6 «Hijo de hombre —me dijo—, ¿ves lo que hacen? ¿Ves los pecados detestables que cometen los israelitas para sacarme de mi templo? ¡Pero ven y verás pecados aún más detestables que estos!». 7 Luego me llevó a la puerta del atrio del templo, donde pude ver un hueco en el muro. 8 Me dijo: «Ahora, hijo de hombre, cava en el muro». Entonces cavé en el muro y hallé una entrada escondida. 9 «¡Entra —me dijo—, y mira los pecados perversos y detestables que cometen ahí!». 10 Entonces entré y vi las paredes grabadas con toda clase de reptiles y criaturas detestables. También vi los diversos ídolos<br /> a los que rendía culto el pueblo de Israel. 11 Allí había de pie setenta líderes de Israel y en el centro estaba Jaazanías, hijo de Safán. Todos tenían en la mano un recipiente para quemar incienso y de cada recipiente se elevaba una nube de incienso por encima de sus cabezas. 12 Entonces el Señor<br /> me dijo: «Hijo de hombre, ¿has visto lo que los líderes de Israel hacen con sus ídolos en los rincones oscuros? Dicen: “¡El Señor<br /> no nos ve; él ha abandonado nuestra tierra!”». 13 Entonces el Señor<br /> agregó: «¡Ven y te mostraré pecados aún más detestables que estos!». 14 Así que me llevó a la puerta norte del templo del Señor<br />; allí estaban sentadas algunas mujeres, sollozando por el dios Tamuz. 15 «¿Has visto esto? —me preguntó—. ¡Pero te mostraré pecados aún más detestables!». 16 Entonces me llevó al atrio interior del templo del Señor<br />. En la entrada del santuario, entre la antesala y el altar de bronce, había unos veinticinco hombres de espaldas al santuario del Señor<br />. ¡Estaban inclinados hacia el oriente, rindiendo culto al sol! 17 «¿Ves esto, hijo de hombre? —me preguntó—. ¿No le importa nada al pueblo de Judá cometer estos pecados detestables con los cuales llevan a la nación a la violencia y se burlan de mí y provocan mi enojo? 18 Por lo tanto, responderé con furia. No les tendré compasión ni les perdonaré la vida y por más que clamen por misericordia, no los escucharé».
1 Masacre de los idólatras<br />Entonces el Señor<br /> dijo con voz de trueno: «¡Traigan a los hombres designados para castigar la ciudad! ¡Díganles que vengan con sus armas!». 2 Pronto entraron seis hombres por la puerta superior que da al norte y cada uno llevaba un arma mortal en la mano. Con ellos había un hombre vestido de lino, que llevaba un estuche de escriba en la cintura. Todos se dirigieron al atrio del templo y se pusieron de pie junto al altar de bronce. 3 Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de entre los querubines, donde había reposado, y se movió hacia la entrada del templo. Luego el Señor<br /> llamó al hombre vestido de lino, que llevaba el estuche de escriba. 4 Le dijo: «Recorre las calles de Jerusalén y pon una marca en la frente de todos los que lloren y suspiren por los pecados detestables que se cometen en la ciudad». 5 Luego oí al Señor<br /> decir a los demás hombres: «Síganlo por toda la ciudad y maten a todos los que no tengan la marca en la frente. ¡No tengan compasión! ¡No tengan lástima de nadie! 6 Mátenlos a todos: ancianos, jóvenes, muchachas, mujeres y niños. Sin embargo, no toquen a ninguno que tenga la marca. Comiencen aquí mismo, en el templo». Entonces ellos comenzaron matando a los setenta líderes. 7 «¡Contaminen el templo! —mandó el Señor<br />—. Llenen los atrios con cadáveres. ¡Vayan!». Entonces ellos salieron y comenzaron la masacre por toda la ciudad. 8 Mientras mataban a la gente, yo me quedé solo. Caí con el rostro en tierra y clamé:<br />—¡Oh Señor<br /> Soberano! ¿Acaso tu furia contra Jerusalén destruirá a todos los que queden en Israel? 9 Me contestó:<br />—Los pecados del pueblo de Israel y Judá son muy, pero muy grandes. La tierra está llena de homicidios; la ciudad está colmada de injusticia. Ellos dicen: “¡El Señor<br /> no lo ve! ¡El Señor<br /> ha abandonado esta tierra!”. 10 Por eso no les perdonaré la vida ni les tendré compasión. Les daré todo su merecido por lo que han hecho. 11 Luego regresó el hombre vestido de lino, que llevaba el estuche de escriba, e informó: «Ya hice lo que me ordenaste».
1 La gloria del Señor<br /> abandona el templo<br />En mi visión, vi que, por encima de la superficie de cristal que estaba sobre las cabezas de los querubines, había algo que parecía un trono de lapislázuli. 2 Entonces el Señor<br /> le habló al hombre vestido de lino y le dijo: «Métete entre las ruedas que giran debajo de los querubines, toma un puñado de carbones encendidos y espárcelos sobre la ciudad». Así que el hombre lo hizo mientras yo observaba. 3 Cuando el hombre entró allí, los querubines estaban de pie en la parte sur del templo y la nube de gloria llenaba el atrio interior. 4 Entonces la gloria del Señor<br /> se elevó por encima de los querubines y se dirigió hacia la puerta del templo. El templo se llenó con esa nube de gloria y el atrio resplandeció con la gloria del Señor<br />. 5 El sonido de las alas de los querubines sonaban como la voz del Dios Todopoderoso<br /> y podía oírse hasta en el atrio exterior. 6 El Señor<br /> le dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre los querubines y toma algunos carbones encendidos de entre las ruedas». Entonces el hombre entró y se paró junto a una de las ruedas. 7 Luego uno de los querubines extendió la mano y tomó algunas brasas de en medio del fuego que ardía entre ellos. Puso las brasas en las manos del hombre vestido de lino y el hombre las tomó y salió de allí. 8 (Todos los querubines tenían debajo de sus alas lo que parecían ser manos humanas). 9 Me fijé y cada uno de los cuatro querubines tenía una rueda a su lado y las ruedas brillaban como el berilo. 10 Las cuatro ruedas eran semejantes entre sí y estaban hechas de la misma manera; dentro de cada rueda había otra rueda que giraba en forma transversal. 11 Los querubines podían avanzar de frente en las cuatro direcciones, sin girar mientras se movían. Iban derecho en la dirección que tuvieran frente a ellos y nunca se desviaban. 12 Tanto los querubines como las ruedas estaban cubiertos de ojos. Los querubines tenían ojos por todo el cuerpo, incluso las manos, la espalda y las alas. 13 Oí que alguien hablaba de las ruedas como «las ruedas que giran». 14 Cada uno de los cuatro querubines tenía cuatro caras: la primera era la cara de un buey,<br /> la segunda era una cara humana, la tercera era la cara de un león y la cuarta era la cara de un águila. 15 Luego los querubines se elevaron. Eran los mismos seres vivientes que yo había visto junto al río Quebar. 16 Cuando los querubines se movían, las ruedas se movían con ellos. Cuando elevaban las alas para volar, las ruedas permanecían con ellos. 17 Cuando los querubines se detenían, las ruedas también se detenían. Cuando volaban hacia arriba, las ruedas subían, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. 18 Luego la gloria del Señor<br /> salió de la puerta del templo y se sostenía en el aire por encima de los querubines. 19 Entonces, mientras yo observaba, los querubines volaron con sus ruedas a la puerta oriental del templo del Señor<br /> y la gloria del Dios de Israel se sostenía en el aire por encima de ellos. 20 Eran los mismos seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel cuando me encontraba junto al río Quebar. Sabía que eran querubines, 21 porque cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas y lo que parecían ser manos humanas debajo de las alas. 22 Además, sus caras eran como las caras de los seres que yo había visto junto al Quebar y se movían de frente y hacia adelante, tal como los otros.
1 Juicio a los líderes de Israel<br />Luego el Espíritu me levantó y me llevó a la entrada oriental del templo del Señor<br />, donde vi a veinticinco hombres prominentes de la ciudad. Entre ellos estaban Jaazanías, hijo de Azur, y Pelatías, hijo de Benaía, quienes eran líderes del pueblo. 2 El Espíritu me dijo: «Hijo de hombre, estos son los hombres que piensan hacer maldades y dan consejos perversos en esta ciudad. 3 Le dicen al pueblo: “¿Acaso no es un buen momento para construir casas? Esta ciudad es como una olla de hierro. Aquí adentro estamos a salvo, como la carne en la olla”. 4 Por lo tanto, hijo de hombre, profetiza contra ellos en forma clara y a viva voz». 5 Entonces vino sobre mí el Espíritu del Señor<br />, y me ordenó que dijera: «Esto dice el Señor<br /> a los habitantes de Israel: “Yo sé lo que ustedes hablan, porque conozco cada pensamiento que les viene a la mente. 6 Ustedes asesinaron a muchos en esta ciudad y llenaron las calles con cadáveres. 7 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: es cierto que esta ciudad es una olla de hierro, pero los trozos de carne son las víctimas de la injusticia de ustedes. En cuanto a ustedes, pronto los sacaré a rastras de esta olla. 8 Les haré caer la espada de la guerra que tanto temen, dice el Señor<br /> Soberano. 9 Los expulsaré de Jerusalén y los entregaré a extranjeros que ejecutarán mis castigos contra ustedes. 10 Serán masacrados hasta las fronteras de Israel. Ejecutaré juicio contra ustedes y sabrán que yo soy el Señor<br />. 11 No, esta ciudad no será una olla de hierro para ustedes ni estarán a salvo como la carne dentro de ella. Los juzgaré, incluso hasta las fronteras de Israel, 12 y sabrán que yo soy el Señor<br />. Pues se negaron a obedecer mis decretos y ordenanzas; en cambio, han imitado las costumbres de las naciones que los rodean”». 13 Mientras yo aún profetizaba, murió de repente Pelatías, hijo de Benaía. Entonces caí rostro en tierra y clamé: «Oh Señor<br /> Soberano, ¿vas a matar a todos en Israel?». 14 Esperanza para Israel en el destierro<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 15 «Hijo de hombre, el pueblo que aún queda en Jerusalén habla de ti, de tus parientes y de todos los israelitas desterrados. Dicen: “¡Ellos están lejos del Señor<br />, así que ahora él nos ha dado a nosotros la tierra que les pertenecía!”. 16 »Por lo tanto, diles a los desterrados: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘A pesar de que los esparcí por los países del mundo, yo seré un santuario para ustedes durante su tiempo en el destierro. 17 Yo, el Señor<br /> Soberano, los reuniré de entre las naciones adonde fueron esparcidos y les daré una vez más el territorio de Israel’”. 18 »Cuando los israelitas regresen a su patria, quitarán todo rastro de sus imágenes repugnantes y sus ídolos detestables. 19 Les daré integridad de corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Les quitaré su terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo, 20 para que obedezcan mis decretos y ordenanzas. Entonces, verdaderamente serán mi pueblo y yo seré su Dios. 21 Sin embargo, a todos los que añoren las imágenes repugnantes y los ídolos detestables, les daré su merecido por sus pecados. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!». 22 La gloria del Señor<br /> abandona a Jerusalén<br />Luego los querubines desplegaron las alas y se elevaron por el aire con las ruedas junto a ellos y la gloria del Dios de Israel se sostenía en el aire por encima de ellos. 23 Entonces la gloria del Señor<br /> se levantó de la ciudad y se detuvo sobre la montaña que está al oriente. 24 Después el Espíritu de Dios me llevó de regreso a Babilonia,<br /> al pueblo desterrado. Así terminó la visión de mi visita a Jerusalén. 25 Entonces les relaté a los desterrados todo lo que el Señor<br /> me había mostrado.
1 Señales del destierro venidero<br />Nuevamente recibí un mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, tú vives entre rebeldes que tienen ojos pero se niegan a ver; tienen oídos pero se niegan a oír, porque son un pueblo rebelde. 3 »De modo que ahora, hijo de hombre, haz como si te enviaran al destierro. Prepara tu equipaje con las pocas pertenencias que podría llevarse un desterrado y sal de tu casa para ir a otro lugar. Hazlo a la vista de todos para que te vean. Pues quizás presten atención a eso, por muy rebeldes que sean. 4 Saca tu equipaje en pleno día para que te vean. Luego, por la tarde, mientras aún estén mirándote, sal de tu casa como lo hacen los cautivos cuando inician una larga marcha a tierras lejanas. 5 Cava un hueco en la muralla a la vista de todos y sal por ese hueco. 6 Mientras todos observan, carga el equipaje sobre los hombros y aléjate caminando en la oscuridad de la noche. Cúbrete el rostro para que no puedas ver la tierra que dejas atrás. Pues yo he hecho de ti una señal para el pueblo de Israel». 7 Por lo tanto, hice lo que se me ordenó. A plena luz del día, saqué mi equipaje, lleno de cosas que llevaría al destierro. Por la tarde, mientras el pueblo seguía observando, cavé con las manos un hueco en la muralla y salí en la oscuridad de la noche con el equipaje sobre los hombros. 8 A la mañana siguiente, recibí este mensaje del Señor<br />: 9 «Hijo de hombre, esos rebeldes —el pueblo de Israel— te han preguntado qué significa todo lo que haces. 10 Diles: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Estas acciones contienen un mensaje para el rey Sedequías, en Jerusalén,<br /> y para todo el pueblo de Israel’”. 11 Explica, entonces, que tus acciones son una señal para mostrar lo que pronto les sucederá a ellos, pues serán llevados cautivos al destierro. 12 »Hasta Sedequías se irá de Jerusalén de noche por un hueco en la muralla, cargando sólo lo que pueda llevar consigo. Se cubrirá el rostro y sus ojos no verán la tierra que deja atrás. 13 Luego lanzaré mi red sobre él y lo capturaré con mi trampa. Lo llevaré a Babilonia, el territorio de los babilonios,<br /> aunque él nunca lo verá y allí morirá. 14 Esparciré a los cuatro vientos a sus siervos y guerreros, y mandaré la espada tras ellos. 15 Entonces, cuando los disperse entre las naciones, sabrán que yo soy el Señor<br />. 16 No obstante, a algunos los libraré de morir en la guerra o por enfermedades o de hambre, para que confiesen sus pecados detestables a sus captores. ¡Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />!». 17 Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 18 «Hijo de hombre, estremécete al comer tu alimento; tiembla de miedo al beber tu agua. 19 Dile al pueblo: “Esto dice el Señor<br /> Soberano acerca de los que viven en Israel y Jerusalén: ‘Con temblor comerán su alimento y con desesperación beberán su agua, porque la tierra quedará arrasada a causa de la violencia de sus habitantes. 20 Las ciudades serán destruidas y los campos quedarán hechos desiertos. Entonces ustedes sabrán que yo soy el Señor<br />’”». 21 Nuevo proverbio para Israel<br />Nuevamente recibí un mensaje del Señor<br />: 22 «Hijo de hombre, has oído ese proverbio que citan en Israel: “El tiempo pasa y las profecías quedan en nada”. 23 Dile al pueblo: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Pondré fin a este proverbio y pronto dejarán de citarlo’”. Ahora dales este nuevo proverbio en reemplazo del otro: “¡Ha llegado la hora de que se cumplan todas las profecías!”. 24 »Ya no habrá más visiones falsas ni predicciones aduladoras en Israel. 25 ¡Pues yo soy el Señor<br />! Si yo lo digo, sucederá. Ya no habrá más demora para ustedes, rebeldes de Israel. Cumpliré mi amenaza de destrucción durante los años de su vida. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!». 26 Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 27 «Hijo de hombre, los israelitas andan diciendo: “Él habla de un futuro lejano. Sus visiones no se cumplirán por muchísimo tiempo”. 28 Por lo tanto, diles: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘¡Se acabó la demora! Ya mismo cumpliré todas mis amenazas. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!’”».
1 Juicio contra los falsos profetas<br />Después recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, profetiza contra los falsos profetas de Israel que inventan sus propias profecías. Diles: “Escuchen la palabra del Señor<br />. 3 Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘¡Qué aflicción les espera a los falsos profetas que siguen su propia imaginación y no han visto absolutamente nada!’”. 4 »“Oh pueblo de Israel, estos profetas tuyos son como chacales que escarban en las ruinas. 5 No han hecho nada para reparar las grietas de las murallas que rodean la nación. No la han ayudado a mantenerse firme en la batalla el día del Señor<br />. 6 En cambio, han mentido y han hecho predicciones falsas. Dicen: ‘Este mensaje es del Señor<br />’, aunque el Señor<br /> nunca los envió. ¡Y todavía esperan que el Señor<br /> cumpla las profecías de ellos! 7 ¿No son acaso totalmente falsas sus visiones si ustedes afirman: ‘Este mensaje es del Señor<br />’, cuando yo ni siquiera les he hablado? 8 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: lo que ustedes afirman es falso y sus visiones son mentira, por eso yo me pondré en contra de ustedes, dice el Señor<br /> Soberano. 9 Alzaré mi puño contra todos los profetas que tengan visiones falsas y hagan predicciones mentirosas, y serán expulsados de la comunidad de Israel. Tacharé sus nombres de los registros de Israel, y jamás volverán a pisar su propia tierra. Entonces ustedes sabrán que yo soy el Señor<br /> Soberano. 10 »”Esto ocurrirá porque estos profetas malvados engañan a mi pueblo cuando dicen: ‘Todo está en paz’, ¡pero en realidad no hay paz en absoluto! Es como si el pueblo hubiera construido un muro frágil, ¡y estos profetas pretenden reforzarlo cubriéndolo con cal! 11 Diles a esos que pintan con cal que pronto se les derrumbará el muro. Una lluvia torrencial debilitará sus cimientos; fuertes tormentas de granizo y vientos impetuosos lo demolerán. 12 Entonces, cuando caiga el muro, la gente exclamará: ‘¿Qué pasó con la cal que pusieron ustedes?’. 13 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: arrasaré su muro blanqueado con una tormenta de indignación, una gran inundación de enojo y una granizada de furia. 14 Derribaré su muro hasta los cimientos y cuando caiga los aplastará a ustedes. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />. 15 Por fin se saciará mi enojo contra el muro y quienes lo blanquearon con cal. Luego les diré a ustedes: ‘Ya desaparecieron el muro y quienes lo blanquearon con cal. 16 Eran los profetas mentirosos que afirmaban que la paz llegaría a Jerusalén, cuando no había paz. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!’”. 17 Juicio contra las falsas profetisas<br />»Ahora, hijo de hombre, denuncia a las mujeres que profetizan según su propia imaginación. 18 Esto dice el Señor<br /> Soberano: “Qué aflicción les espera a ustedes, mujeres, que atrapan el alma de mi pueblo, tanto de los jóvenes como de los mayores. Les atan amuletos mágicos en las muñecas y les dan velos mágicos para la cabeza. ¿Acaso piensan que pueden atrapar a otros sin provocar su propia destrucción? 19 Ustedes me deshonran delante de mi pueblo por unos puñados de cebada o un trozo de pan. Al mentirle a mi pueblo —que disfruta de las mentiras—, ustedes matan a quienes no deben morir y prometen vida a quienes no deben vivir”. 20 »Esto dice el Señor<br /> Soberano: “Estoy en contra de sus amuletos mágicos, esos que se usan para atrapar a mi pueblo como a pájaros. Yo se los arrancaré de los brazos y liberaré a mi pueblo como se libera a un pájaro de la jaula. 21 Les quitaré los velos mágicos y rescataré a mi pueblo de las garras de ustedes. Ellos ya no serán más sus víctimas. Entonces ustedes sabrán que yo soy el Señor<br />. 22 Con sus mentiras desalentaron a los justos, pero yo no quería que estuvieran tristes; ustedes alentaron a los perversos al prometerles vida, aunque ellos continuaran pecando. 23 Por todo eso, ustedes ya no hablarán de visiones que jamás vieron ni harán más predicciones. Pues yo rescataré a mi pueblo de sus garras. Entonces ustedes sabrán que yo soy el Señor<br />”».
1 Idolatría de los líderes de Israel<br />Después me visitaron algunos de los líderes de Israel y, mientras estaban sentados conmigo, 2 recibí este mensaje del Señor<br />: 3 «Hijo de hombre, estos líderes han levantado ídolos<br /> en su corazón. Se han entregado a cosas que los harán caer en pecado. ¿Por qué habría de escuchar sus peticiones? 4 Diles: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Los israelitas han levantado ídolos en su corazón y han caído en pecado y después corren a consultar a un profeta. Así que yo, el Señor<br />, les daré la clase de respuesta que merece su gran idolatría, 5 a fin de conquistar la mente y el corazón de mi pueblo que me ha abandonado para rendir culto a sus ídolos detestables’”. 6 »Por lo tanto, diles a los israelitas: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Arrepiéntanse y abandonen sus ídolos, y dejen de cometer ya sus pecados detestables. 7 Yo, el Señor<br />, les responderé a todos —sean israelitas o extranjeros— los que me rechazan y levantan ídolos en su corazón y así caen en pecado, y después van a consultar a un profeta en busca de mi consejo. 8 Me pondré en contra de esas personas y haré de ellas un ejemplo espantoso cuando las elimine de mi pueblo. Entonces ustedes sabrán que yo soy el Señor<br />. 9 »’Además, si un profeta es engañado para que dé un mensaje, es porque yo, el Señor<br />, engañé a ese profeta. Alzaré mi puño contra esos profetas y los eliminaré de la comunidad de Israel. 10 Tanto los falsos profetas como quienes los consultan serán castigados por sus pecados. 11 De este modo, los israelitas aprenderán a no alejarse de mí y por tanto a no contaminarse con el pecado. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!’”». 12 Certeza del castigo del Señor<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 13 «Hijo de hombre, supongamos que los habitantes de un país pecaran contra mí y yo alzara mi puño para aplastarlos al cortarles la provisión de alimento y al hacerles pasar un hambre que destruyera tanto a personas como a animales. 14 Aunque Noé, Daniel y Job estuvieran allí, su justicia los salvaría solo a ellos y no a ningún otro, dice el Señor<br /> Soberano. 15 »O supongamos que yo les enviara animales salvajes que invadieran el país, mataran a los habitantes y dejaran la tierra desolada y demasiado peligrosa para ser transitada. 16 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, aunque esos tres hombres estuvieran allí, no podrían salvar ni a sus hijos ni a sus hijas. Se salvarían solo ellos tres, pero la tierra quedaría desolada. 17 »O supongamos que yo provocara guerra contra el país y mandara ejércitos enemigos para destruir tanto a personas como a animales. 18 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, aunque esos tres hombres estuvieran allí, no podrían salvar ni a sus hijos ni a sus hijas. Solo ellos tres se salvarían. 19 »O supongamos que yo derramara mi furia y enviara una epidemia al país que matara tanto a personas como a animales. 20 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, aunque Noé, Daniel y Job estuvieran allí, no podrían salvar ni a sus hijos ni a sus hijas. Solo ellos tres se salvarían por causa de su justicia. 21 »Ahora esto dice el Señor<br /> Soberano: ¡qué terrible será cuando estos cuatro castigos espantosos caigan sobre Jerusalén —guerra, hambre, animales salvajes y enfermedades— y destruyan a todos sus habitantes y a los animales! 22 Sin embargo, habrá sobrevivientes, quienes vendrán aquí, desterrados como ustedes en Babilonia. Ustedes verán con sus propios ojos lo perversos que ellos son y entonces no se sentirán tan mal por lo que hice en Jerusalén. 23 Cuando se reúnan con ellos y vean cómo se comportan, entenderán que lo que hice a Israel no fue sin motivo. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!».
1 Jerusalén, una vid inútil<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ¿cómo se compara una vid con un árbol? ¿Es la madera de una vid tan útil como la de un árbol? 3 ¿Sirve su madera para hacer objetos, como ganchos para colgar ollas y sartenes? 4 No, solo sirve para leña y aun como leña se consume demasiado rápido. 5 ¡Las vides son inútiles antes y después de arrojarlas al fuego! 6 »Esto dice el Señor<br /> Soberano: los habitantes de Jerusalén son como vides que crecen entre los árboles del bosque. Dado que son inútiles, los arrojé al fuego para que se quemen. 7 Si escapan de un fuego, me encargaré de que caigan en otro. Cuando me ponga en su contra, ustedes sabrán que yo soy el Señor<br />. 8 Haré que el país quede desolado porque mi pueblo me ha sido infiel. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!».
1 Jerusalén, una esposa infiel<br />Después recibí otro mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, enfrenta a Jerusalén con sus pecados detestables. 3 Dale este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “¡No eres más que una cananea! Tu padre era amorreo y tu madre hitita. 4 El día en que naciste, nadie se preocupó por ti. No te cortaron el cordón umbilical ni te lavaron ni te frotaron con sal ni te envolvieron en pañales. 5 Nadie puso el más mínimo interés en ti; nadie tuvo compasión de ti ni te cuidó. El día de tu nacimiento, no fuiste deseada; te arrojaron en el campo y te abandonaron para que murieras. 6 »”Sin embargo, llegué yo y te vi ahí, pataleando indefensa en tu propia sangre. Mientras estabas allí tirada dije: ‘¡Vive!’; 7 y te ayudé a florecer como una planta del campo. Creciste y te convertiste en una joya preciosa. Te crecieron los pechos y te salió el vello, pero seguías desnuda. 8 Cuando volví a pasar, vi que ya tenías edad para el amor. Entonces te envolví con mi manto para cubrir tu desnudez y te pronuncié mis votos matrimoniales. Hice un pacto contigo, dice el Señor<br /> Soberano, y pasaste a ser mía. 9 »”Luego te bañé, te limpié la sangre y te froté la piel con aceites fragantes. 10 Te vestí con ropas costosas de lino fino y de seda con bordados hermosos, y te calcé con sandalias de cuero de cabra de la mejor calidad. 11 Te di joyas preciosas, pulseras y hermosos collares, 12 un anillo para la nariz, aretes para las orejas y una hermosa corona para la cabeza. 13 Así quedaste adornada con oro y plata. Tus ropas eran de lino fino con bordados hermosos. Comiste los mejores alimentos —harina selecta, miel y aceite de oliva— y te pusiste más hermosa que nunca. Parecías una reina ¡y lo eras! 14 Tu fama pronto se extendió por todo el mundo a causa de tu belleza. Te vestí de mi esplendor y perfeccioné tu belleza, dice el Señor<br /> Soberano. 15 »”Pero pensaste que eras dueña de tu fama y tu belleza. Entonces te entregaste como prostituta a todo hombre que pasaba. Tu belleza estaba a la disposición del que la pidiera. 16 Usaste los hermosos regalos que te di para construir lugares de culto a ídolos, donde te prostituiste. ¡Qué increíble! ¿Cómo pudo ocurrir semejante cosa? 17 Tomaste las joyas y los adornos de oro y plata que yo te había dado y te hiciste estatuas de hombres y les rendiste culto. ¡Eso es adulterio contra mí! 18 Usaste las ropas con bordados hermosos que te di para vestir a tus ídolos. Después usaste mi aceite especial y mi incienso para rendirles culto. 19 ¡Imagínate! Ofreciste ante ellos en sacrificio la harina selecta, el aceite de oliva y la miel que yo te había dado, dice el Señor<br /> Soberano. 20 »”Luego tomaste a tus hijos e hijas —los que diste a luz para mí— y los sacrificaste a tus dioses. ¿No era suficiente con haberte prostituido? 21 ¿También tenías que masacrar a mis hijos ofreciéndolos en sacrificio a ídolos? 22 En todos tus años de adulterio y pecado detestable, no recordaste ni una sola vez los días pasados, cuando estabas desnuda y tirada en el campo, pataleando en tu propia sangre. 23 »”¡Qué aflicción te espera!, dice el Señor<br /> Soberano. Además de todas tus otras perversidades, 24 edificaste un santuario pagano y levantaste altares a ídolos en la plaza de cada ciudad. 25 En cada esquina contaminaste tu belleza ofreciendo tu cuerpo a todo el que pasaba, en una interminable ola de prostitución. 26 Luego agregaste a tu lista de amantes al lujurioso Egipto y provocaste mi enojo con tu creciente promiscuidad. 27 Por eso te golpeé con mi puño y reduje tu territorio. Te entregué en manos de tus enemigos, los filisteos, y hasta ellos quedaron horrorizados ante tu conducta depravada. 28 También te prostituiste con los asirios. ¡Parece que nunca te cansas de buscar nuevos amantes! Después de prostituirte con los asirios, tampoco quedaste satisfecha. 29 Por si fueran pocos tus amantes, también te abrazaste a Babilonia,<br /> el territorio de los mercaderes, pero ni aun así quedaste satisfecha. 30 »”¡Qué enfermo tienes el corazón!, dice el Señor<br /> Soberano, para hacer semejantes cosas comportándote como una prostituta desvergonzada. 31 Edificas tus santuarios paganos en cada esquina y construyes en cada plaza los altares para tus ídolos. En realidad, has sido peor que una prostituta, tan desesperada por pecar que ni siquiera exigías que te pagaran. 32 Sí, eres una esposa adúltera que recibe a extraños en lugar de a su propio marido. 33 Las prostitutas cobran por sus servicios, ¡pero tú no! Les das regalos a tus amantes, los sobornas para que tengan sexo contigo. 34 Así que haces lo contrario de las demás prostitutas; ¡tú les pagas a tus amantes en lugar de que ellos te paguen a ti! 35 Juicio por la prostitución de Jerusalén<br />»”¡Por lo tanto, prostituta, escucha este mensaje de parte del Señor<br />! 36 Esto dice el Señor<br /> Soberano: por haber derramado tus deseos lujuriosos y haberte desnudado como prostituta ante tus amantes y por haber rendido culto a ídolos detestables<br /> y masacrado a tus hijos en sacrificio a tus dioses, 37 ahora yo actuaré en consecuencia. Reuniré a todos tus aliados —los amantes con los que has pecado, tanto los que amaste como los que odiaste— y te desnudaré delante de ellos para que vean tu desnudez. 38 Te castigaré por tus homicidios y tu adulterio. En mi celosa furia te cubriré con sangre. 39 Luego te entregaré a todas esas naciones que son tus amantes y ellas te destruirán. Derrumbarán tus santuarios paganos y los altares de tus ídolos. Te arrancarán la ropa, se llevarán tus hermosas joyas y te dejarán completamente desnuda. 40 Juntas formarán una turba violenta para apedrearte y despedazarte con espadas. 41 Quemarán tus casas y te castigarán frente a muchas mujeres. Yo pondré fin a tu prostitución y haré que no les pagues más a tus numerosos amantes. 42 »”Finalmente desahogaré mi furia contra ti, y se calmará el enojo de mis celos. Quedaré tranquilo y ya no estaré enojado contigo. 43 No obstante, primero, te daré tu merecido por todos tus pecados, porque no recordaste los días de tu juventud, sino que me hiciste enojar con todas esas maldades, dice el Señor<br /> Soberano. Pues a todos tus pecados detestables les sumaste actos depravados. 44 Todos los que compongan refranes dirán de ti: “De tal madre, tal hija”. 45 Pues tu madre despreció a su esposo y a sus hijos, y tú hiciste lo mismo. Eres igual a tus hermanas, que despreciaron a sus esposos y a sus hijos. Queda claro que tu madre era hitita, y tu padre amorreo. 46 »”Tu hermana mayor fue Samaria, que vivía con sus hijas en el norte. Tu hermana menor fue Sodoma, que vivía con sus hijas en el sur. 47 Ahora bien, tú no solo pecaste igual que ellas sino que tu corrupción pronto las superó. 48 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, Sodoma y sus hijas nunca fueron tan perversas como tú y tus hijas. 49 Los pecados de Sodoma eran el orgullo, la glotonería y la pereza, mientras que afuera sufrían los pobres y los necesitados. 50 Ella fue arrogante y cometió pecados detestables, por eso la destruí, como has visto. 51 »”Ni siquiera Samaria cometió la mitad de tus pecados. Tú has hecho cosas mucho más detestables de las que hicieron tus hermanas; ahora ellas parecen rectas en comparación contigo. 52 ¡Debería darte vergüenza! Tus pecados son tan terribles que haces que tus hermanas parezcan rectas, hasta virtuosas. 53 »”Sin embargo, algún día restauraré el bienestar de Sodoma y de Samaria, y también te restauraré a ti. 54 Entonces realmente te avergonzarás de todo lo que has hecho, pues tus pecados hacen que ellas se sientan bien al compararse contigo. 55 Así es, tus hermanas, Sodoma y Samaria, serán restauradas junto con todos sus habitantes y en ese tiempo también te restauraré a ti. 56 Cuando eras tan orgullosa, despreciabas a Sodoma; 57 pero ahora tu peor perversidad quedó a la vista de todo el mundo y eres tú la despreciada, tanto por los edomitas<br /> y todos sus vecinos como por los filisteos. 58 Este será el castigo por tu lascivia y tus pecados detestables, dice el Señor<br />. 59 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: te daré tu merecido, pues tomaste tus votos solemnes a la ligera al romper el pacto. 60 Sin embargo, recordaré el pacto que hice contigo cuando eras joven y estableceré contigo un pacto eterno. 61 Entonces recordarás con vergüenza todo el mal que hiciste. Haré que tus hermanas, Samaria y Sodoma, sean hijas tuyas, aunque no formen parte de nuestro pacto. 62 Reafirmaré mi pacto contigo y sabrás que yo soy el Señor<br />. 63 Recordarás tus pecados y te cubrirás la boca enmudecida de vergüenza, cuando te perdone por todo lo que hiciste. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!”».
1 Relato de las dos águilas<br />Luego recibí el siguiente mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, propón este enigma y cuenta este relato a los israelitas. 3 Diles de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Un águila grande con alas anchas y plumas largas,<br />cubierta de plumaje de varios colores,<br />llegó al Líbano.<br />Agarró la copa de un cedro 4 y arrancó la rama más alta.<br />Se la llevó a una ciudad llena de mercaderes.<br />La plantó en una ciudad de comerciantes. 5 También tomó de la tierra una planta de semillero<br />y la sembró en tierra fértil.<br />La colocó junto a un río ancho,<br />donde podría crecer como un sauce. 6 Allí echó raíces y creció<br />hasta convertirse en una amplia vid de poca altura.<br />Sus ramas se extendieron hacia arriba, en dirección al águila,<br />y sus raíces penetraron en el suelo.<br />Produjo ramas robustas<br />y le salieron retoños. 7 Pero luego llegó otra águila grande<br />con alas anchas y cubierta de plumaje.<br />Entonces la vid extendió las raíces y las ramas<br />hacia esa águila para obtener agua, 8 aunque ya estaba plantada en buena tierra<br />y tenía agua en abundancia<br />para crecer y convertirse en una vid espléndida<br />y producir hojas frondosas y frutos suculentos”. 9 »Así que ahora el Señor<br /> Soberano pregunta:<br />“¿Crecerá y prosperará esa vid?<br />¡No! ¡Yo la arrancaré de raíz!<br />Cortaré sus frutos<br />y dejaré que se le sequen y marchiten las hojas.<br />La arrancaré fácilmente<br />sin necesidad de un brazo fuerte ni de un gran ejército. 10 Pero cuando la vid sea trasplantada,<br />¿volverá a florecer?<br />No, se secará<br />cuando el viento del oriente sople contra ella.<br />Morirá en la misma tierra fértil<br />donde había crecido tan bien”». 11 Explicación del enigma<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 12 «Diles a esos rebeldes de Israel: “¿No entienden lo que significa este enigma de las águilas? El rey de Babilonia vino a Jerusalén y se llevó al rey y a los príncipes a Babilonia. 13 Hizo un tratado con un miembro de la familia real y lo obligó a jurarle lealtad. También desterró a los líderes más influyentes de Israel, 14 para que Israel no se fortaleciera nuevamente y se rebelara. Solo si cumplía su tratado con Babilonia podría Israel sobrevivir. 15 »”Sin embargo, este israelita de la familia real se rebeló contra Babilonia y envió embajadores a Egipto para solicitar un gran ejército con muchos caballos. ¿Acaso podrá Israel dejar de cumplir los tratados que hizo bajo juramento sin que haya consecuencias? 16 ¡No! Porque tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, el rey de Israel morirá en Babilonia: el territorio del rey que lo puso en el trono y con quien hizo un tratado que despreció y no cumplió. 17 Ni el faraón con su poderoso ejército podrá ayudar a Israel cuando el rey de Babilonia vuelva a sitiar a Jerusalén y mate a mucha gente. 18 Pues el rey de Israel despreció el tratado y no lo cumplió aun después de jurar que lo haría; así que no escapará. 19 »”Entonces esto dice el Señor<br /> Soberano: tan cierto como que yo vivo, lo castigaré por no cumplir mi pacto y por despreciar el juramento solemne que hizo en mi nombre. 20 Arrojaré mi red sobre él y lo capturaré en mi trampa. Lo llevaré a Babilonia y lo juzgaré por haberme traicionado. 21 Todos sus mejores guerreros<br /> morirán en batalla y los que sobrevivan serán esparcidos a los cuatro vientos. Entonces ustedes sabrán que yo, el Señor<br />, he hablado. 22 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: tomaré una rama de la copa de un cedro alto y la plantaré sobre la cumbre de la montaña más alta de Israel. 23 Se convertirá en un cedro majestuoso, extenderá sus ramas y producirá semillas. Toda clase de aves anidarán en él y encontrarán refugio a la sombra de sus ramas. 24 Todos los árboles sabrán que soy yo, el Señor<br />, quien tala el árbol alto y hace crecer alto el árbol pequeño. Soy yo quien hace secar el árbol verde y le da vida al árbol seco. ¡Yo, el Señor<br />, he hablado y cumpliré lo que he dicho!”».
1 Justicia de un Dios justo<br />Luego recibí otro mensaje del Señor<br />: 2 «¿Por qué citan ustedes ese proverbio acerca de la tierra de Israel, que dice: “Los padres comieron uvas agrias, pero la boca de sus hijos se frunce por el sabor”? 3 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, que dejarán de citar ese proverbio en Israel. 4 Pues todos los seres humanos son míos para juzgar, los padres y los hijos por igual. Esta es mi regla: la persona que peque es la que morirá. 5 »Supongamos que cierto hombre es recto y hace lo que es justo y correcto. 6 No participa en los banquetes que se ofrecen en los montes ante los ídolos de Israel<br /> ni les rinde culto. No comete adulterio ni tiene relaciones sexuales con una mujer durante su período menstrual. 7 Es un acreedor compasivo, no se queda con objetos entregados en garantía por deudores pobres. No les roba a los pobres, más bien, les da de comer a los hambrientos y les da ropa a los necesitados. 8 Presta dinero sin cobrar interés, se mantiene lejos de la injusticia, es honesto e imparcial al juzgar a otros 9 y obedece fielmente mis decretos y ordenanzas. Todo el que hace estas cosas es justo y ciertamente vivirá, dice el Señor<br /> Soberano. 10 »Pero supongamos que ese hombre tiene un hijo adulto que es ladrón o asesino y se niega a hacer lo correcto. 11 Ese hijo también comete todas las maldades que su padre jamás haría: rinde culto a ídolos en los montes, comete adulterio, 12 oprime a los pobres e indefensos, roba a los deudores al negarles que recuperen sus garantías, rinde culto a ídolos, comete pecados detestables 13 y presta dinero con intereses excesivos. ¿Acaso debería vivir ese pecador? ¡No! Tiene que morir y asumir toda la culpa. 14 »Pero supongamos que ese hijo pecador, a su vez, tiene un hijo que ve la maldad de su padre y decide no llevar esa clase de vida. 15 Este hijo se niega a rendir culto a ídolos en los montes y no comete adulterio. 16 No explota a los pobres, más bien, es justo con los deudores y no les roba. Da de comer a los hambrientos y da ropa a los necesitados. 17 Ayuda a los pobres,<br /> presta dinero sin cobrar interés y obedece todos mis decretos y ordenanzas. Esa persona no morirá por los pecados de su padre; ciertamente vivirá. 18 Sin embargo, el padre morirá por todos sus pecados: por haber sido cruel, por robar a la gente y hacer lo que es indudablemente incorrecto en medio de su pueblo. 19 »“¿Cómo? —se preguntan ustedes—. ¿No pagará el hijo por los pecados del padre?”. ¡No! Porque si el hijo hace lo que es justo y correcto y obedece mis decretos, ese hijo ciertamente vivirá. 20 La persona que peque es la que morirá. El hijo no será castigado por los pecados del padre ni el padre será castigado por los pecados del hijo. Los justos serán recompensados por su propia conducta recta y las personas perversas serán castigadas por su propia perversidad. 21 Ahora bien, si los perversos abandonan sus pecados y comienzan a obedecer mis decretos y a hacer lo que es justo y correcto, ciertamente vivirán y no morirán. 22 Todos los pecados pasados serán olvidados y vivirán por las acciones justas que han hecho. 23 »¿Acaso piensan que me agrada ver morir a los perversos?, pregunta el Señor<br /> Soberano. ¡Claro que no! Mi deseo es que se aparten de su conducta perversa y vivan. 24 Sin embargo, si los justos se apartan de su conducta recta y comienzan a pecar y a comportarse como los demás pecadores, ¿se les permitirá vivir? No, ¡claro que no! Todas las acciones justas que han hecho serán olvidadas y morirán por sus pecados. 25 »Sin embargo, ustedes dicen: “¡El Señor no hace lo correcto!”. Escúchame, pueblo de Israel. ¿Soy yo el que no hace lo correcto o son ustedes? 26 Cuando los justos abandonen su conducta justa y comiencen a cometer pecados, morirán por eso. Sí, morirán por sus acciones pecaminosas; 27 y si los perversos abandonan su perversidad, obedecen la ley y hacen lo que es justo y correcto, salvarán su vida. 28 Vivirán, porque lo pensaron bien y decidieron apartarse de sus pecados. Esas personas no morirán. 29 Aun así, los israelitas siguen diciendo: “¡El Señor no hace lo correcto!”. Oh pueblo de Israel, tú eres quien no hace lo correcto, no yo. 30 »Por lo tanto, pueblo de Israel, juzgaré a cada uno de ustedes, según sus acciones, dice el Señor<br /> Soberano. Arrepiéntete y apártate de tus pecados. ¡No permitas que tus pecados te destruyan! 31 Deja atrás tu rebelión y procura encontrar un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habrías de morir, oh pueblo de Israel? 32 No quiero que mueras, dice el Señor<br /> Soberano. ¡Cambia de rumbo y vive!
1 Canto fúnebre para los reyes de Israel<br />»Entona este canto fúnebre para los príncipes de Israel: 2 »“¿Qué es tu madre?<br />¡Una leona entre leones!<br />Se recostó entre los leones jóvenes<br />y crió a sus cachorros. 3 A uno de sus cachorros lo crió<br />para que fuera un león fuerte.<br />Aprendió a cazar la presa y a devorarla<br />y llegó a alimentarse de carne humana. 4 Luego las naciones oyeron hablar de él<br />y lo atraparon en una fosa.<br />Se lo llevaron con garfios<br />a la tierra de Egipto. 5 »”Cuando la leona vio<br />que su esperanza en él estaba perdida,<br />tomó a otro de sus cachorros<br />y le enseñó a ser un león fuerte. 6 Él merodeaba entre los demás leones<br />y se destacaba por su fuerza.<br />Aprendió a cazar la presa y a devorarla,<br />y también él llegó a alimentarse de carne humana. 7 Derribó fortalezas<br />y destruyó sus aldeas y ciudades.<br />Las granjas quedaron devastadas<br />y las cosechas destruidas.<br />La tierra y sus habitantes temblaban de miedo<br />cuando lo oían rugir. 8 Luego lo atacaron los ejércitos de las naciones,<br />lo rodearon por todas partes.<br />Arrojaron una red sobre él<br />y lo atraparon en una fosa. 9 Lo arrastraron con ganchos, lo encerraron en una jaula<br />y lo llevaron ante el rey de Babilonia.<br />Lo mantuvieron cautivo,<br />para que nunca más se oyera su voz<br />en los montes de Israel. 10 »”Tu madre era como una vid<br />plantada junto a la orilla del agua.<br />Su follaje era verde y frondoso<br />por la abundancia de agua. 11 Sus ramas se fortalecieron<br />lo suficiente para ser el cetro de un rey.<br />Llegó a crecer muy alta,<br /> muy por encima de las demás vides.<br />Se destacó por su altura<br />y sus abundantes ramas frondosas. 12 Pero la vid fue arrancada de raíz con furia<br />y arrojada al suelo.<br />El viento del desierto le secó los frutos<br />y le desgajó las ramas fuertes;<br />así que se marchitó<br />y fue consumida por el fuego. 13 Ahora la vid está trasplantada en el desierto,<br />donde el suelo es duro y reseco. 14 De sus ramas surgió fuego<br />que devoró sus frutos.<br />Las ramas que le quedan no son<br />tan fuertes para ser el cetro de un rey”.<br />»Este es un canto fúnebre y se entonará en un funeral».
1 Rebelión de Israel<br />El 14 de agosto,<br /> durante el séptimo año de cautividad del rey Joaquín, algunos de los líderes de Israel vinieron a pedir un mensaje del Señor<br />. Se sentaron frente a mí en espera de su respuesta. 2 Entonces recibí el siguiente mensaje del Señor<br />: 3 «Hijo de hombre, diles a los líderes de Israel: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘¿Cómo se atreven a venir a pedirme un mensaje? ¡Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, que no les diré nada!’”. 4 »Hijo de hombre, levanta cargos en contra de los líderes y condénalos. Hazles ver que los pecados de sus antepasados fueron realmente detestables. 5 Dales el siguiente mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “Cuando elegí a Israel —cuando me di a conocer a los descendientes de Jacob en Egipto—, hice un juramento solemne de que yo, el Señor<br />, sería su Dios. 6 Ese día juré solemnemente que los sacaría de Egipto y los llevaría a una tierra que yo había explorado para ellos: una buena tierra donde fluyen la leche y la miel, la mejor tierra de todas. 7 Entonces les dije: ‘Cada uno de ustedes deshágase de las imágenes repugnantes con las que están tan obsesionados. No se contaminen con los ídolos<br /> de Egipto, porque yo soy el Señor<br /> su Dios’. 8 »”Sin embargo, ellos se rebelaron contra mí y no me hicieron caso. No se deshicieron de las imágenes repugnantes con las que estaban obsesionados ni abandonaron los ídolos de Egipto. Entonces, mientras seguían en Egipto, amenacé con derramar mi furia sobre ellos para satisfacer mi enojo; 9 pero no lo hice porque actué para proteger el honor de mi nombre. Yo no permitiría que mi nombre fuera avergonzado ante las naciones vecinas, a las cuales me di a conocer cuando saqué a los israelitas de Egipto. 10 Despues de sacarlos de Egipto, los llevé al desierto. 11 Allí les di mis decretos y ordenanzas para que al ponerlos en práctica encontraran vida. 12 Además, les di mis días de descanso como una señal entre ellos y yo. El propósito era recordarles que soy el Señor<br />, quien los apartó para que fueran santos. 13 »”Sin embargo, los israelitas se rebelaron contra mí y se negaron a obedecer mis decretos en el desierto. Desobedecieron mis ordenanzas, a pesar de que la obediencia les hubiera dado vida. Además profanaron mis días de descanso. Por lo tanto, amenacé con derramar mi furia sobre ellos e hice planes para consumirlos por completo en el desierto; 14 pero otra vez me contuve para proteger el honor de mi nombre ante las naciones que habían visto mi poder cuando saqué a Israel de Egipto. 15 Sin embargo, hice un juramento solemne contra ellos en el desierto. Juré que no los dejaría entrar en la tierra que les había dado, tierra donde fluyen la leche y la miel, el lugar más hermoso del mundo. 16 Pues rechazaron mis ordenanzas, se negaron a obedecer mis decretos y profanaron mis días de descanso, ya que habían entregado su corazón a ídolos. 17 Sin embargo, les tuve compasión y en el desierto me contuve y no los destruí. 18 »”Después les advertí a sus hijos que no siguieran el ejemplo de sus padres, quienes se contaminaron con sus ídolos. 19 ‘Yo soy el Señor<br /> su Dios —les dije—. Sigan mis decretos, presten atención a mis ordenanzas 20 y mantengan santos mis días de descanso, porque son una señal para recordarles que yo soy el Señor<br /> su Dios’. 21 »”Sin embargo, sus hijos también se rebelaron contra mí. Se negaron a cumplir mis decretos y a seguir mis ordenanzas, a pesar de que la obediencia les hubiera dado vida. Además profanaron mis días de descanso. Así que amenacé nuevamente con derramar mi furia sobre ellos en el desierto. 22 No obstante, quité mi juicio contra ellos a fin de proteger el honor de mi nombre ante las naciones que habían visto mi poder cuando los saqué de Egipto; 23 pero hice un juramento solemne contra ellos en el desierto: juré esparcirlos por todas las naciones 24 porque no obedecieron mis ordenanzas. Se burlaron de mis decretos al profanar mis días de descanso y anhelar los ídolos de sus antepasados. 25 Los entregué a decretos y ordenanzas inútiles, que no los conducirían a la vida. 26 Dejé que se contaminaran<br /> con los mismos regalos que yo les había dado y permití que sacrificaran a su hijo mayor como ofrenda a sus dioses, para devastarlos y recordarles que solo yo soy el Señor<br />”. 27 Juicio y restauración<br />»Por lo tanto, hijo de hombre, dale este mensaje al pueblo de Israel de parte del Señor<br /> Soberano: “Tus antepasados siguieron blasfemando y traicionándome, 28 pues cuando los hice entrar en la tierra que les había prometido, ¡ofrecieron sacrificios en cada colina alta y debajo de cada árbol frondoso que encontraron! Provocaron mi furia al ofrecer sacrificios a sus dioses. ¡Les llevaron perfumes e incienso y derramaron ofrendas líquidas ante ellos! 29 Les dije: ‘¿Qué es ese lugar alto adonde van?’”. (Desde entonces, esa clase de santuario pagano se llama Bama, que significa “lugar alto”). 30 »Por lo tanto, dale este mensaje al pueblo de Israel de parte del Señor<br /> Soberano: “¿Piensas contaminarte como lo hicieron tus antepasados? ¿Seguirás prostituyéndote al adorar imágenes repugnantes? 31 Pues, cuando les presentas ofrendas y les sacrificas a tus niños en el fuego,<br /> te contaminas con ídolos hasta el día de hoy. ¿Y yo debería permitirte, pueblo de Israel, que me pidas un mensaje? Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, que no te diré nada. 32 »”Tú dices: ‘Queremos ser como las naciones que nos rodean, que sirven a ídolos de madera y de piedra’; pero eso que piensas nunca sucederá. 33 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, te gobernaré con puño de hierro, con gran enojo y con imponente poder. 34 También con enojo, extenderé mi mano fuerte y mi brazo poderoso, y te traeré de regreso<br /> desde los territorios por donde fuiste esparcido. 35 Te llevaré al desierto de las naciones y allí te juzgaré cara a cara. 36 Te juzgaré tal como hice con tus antepasados en el desierto después de sacarlos de Egipto, dice el Señor<br /> Soberano. 37 Te examinaré cuidadosamente y te obligaré a cumplir las condiciones del pacto. 38 Te limpiaré de todos los que se rebelen y se subleven contra mí. A ellos los sacaré de los países adonde fueron desterrados, pero nunca entrarán en la tierra de Israel. Entonces sabrás que yo soy el Señor<br />. 39 »”En cuanto a ti, pueblo de Israel, esto dice el Señor<br /> Soberano: adelante, rinde culto a tus ídolos, pero tarde o temprano me obedecerás y dejarás de deshonrar mi santo nombre al rendir culto a ídolos. 40 Pues algún día, dice el Señor<br /> Soberano, los israelitas me adorarán en mi monte santo, el gran monte de Israel, y yo los aceptaré. Allí les exigiré que me presenten todas sus ofrendas y los mejores regalos y sacrificios. 41 Cuando los traiga de regreso a casa desde el destierro, ustedes serán para mí como un sacrificio agradable. Desplegaré mi santidad por medio de ustedes a la vista de todas las naciones. 42 Entonces, cuando yo los regrese a la tierra que mediante un juramento solemne prometí darles a sus antepasados, ustedes sabrán que yo soy el Señor<br />. 43 Recordarán todas las formas en que se contaminaron y se odiarán a sí mismos por el mal que hicieron. 44 Y sabrás, pueblo de Israel, que yo soy el Señor<br />, cuando haya honrado mi nombre al tratarte con compasión, a pesar de tu perversidad. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!”». 45 Juicio contra el Neguev<br />Después recibí este mensaje del Señor<br />: 46 «Hijo de hombre, ponte de cara al sur<br /> y denuncia a esa región; profetiza contra los matorrales del Neguev. 47 Dile al desierto del sur: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘¡Oye la palabra del Señor<br />! Te prenderé fuego y se quemará todo árbol, esté verde o seco. Las horrendas llamas no se extinguirán y arrasarán con todo, desde el sur hasta el norte. 48 Entonces el mundo entero verá que yo, el Señor<br />, prendí este fuego, que no se apagará’”». 49 Entonces dije: «Oh Señor<br /> Soberano, ¡la gente anda diciendo de mí: “Él solo habla en enigmas!”».
1 Espada del juicio del Señor<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara a Jerusalén y profetiza contra Israel y sus santuarios. 3 Dile: “Esto dice el Señor<br />: ‘Oh Israel, yo soy tu enemigo y voy a desenvainar mi espada para destruir a tu gente, a justos y a perversos por igual. 4 Así es, ¡eliminaré tanto a los justos como a los perversos! Sacaré mi espada contra todos los que estén en la tierra, desde el sur hasta el norte. 5 El mundo entero sabrá que yo soy el Señor<br />. Tengo la espada en la mano, y no la devolveré a su vaina hasta que haya terminado su trabajo’”. 6 »¡Hijo de hombre, gime delante del pueblo! Gime ante ellos con amarga angustia y el corazón destrozado. 7 Cuando te pregunten por qué gimes, diles: “Gimo por la aterradora noticia que oí. Cuando se haga realidad, el corazón más valiente se derretirá de miedo; toda fuerza se desvanecerá. Todo espíritu decaerá; las rodillas fuertes se debilitarán como el agua. Y el Señor<br /> Soberano dice: ‘¡Está por llegar! ¡Ya está en camino!’”». 8 Entonces el Señor<br /> me dijo: 9 «Hijo de hombre, da al pueblo el siguiente mensaje de parte del Señor<br />:<br />»“Una espada, una espada<br />está siendo afilada y pulida. 10 ¡Está siendo afilada para una masacre espantosa<br />y pulida para destellar como un rayo!<br />¿Ahora te reirás?<br />¡Los más fuertes que tú han caído bajo su poder! 11 Sí, ahora mismo la espada está siendo afilada y pulida;<br />se prepara para el verdugo. 12 »”Hijo de hombre, grita y laméntate;<br />golpéate los muslos con angustia,<br />porque esa espada masacrará a mi pueblo y a sus líderes,<br />¡todos morirán! 13 ¡A todos los pondrá a prueba!<br />¿Qué posibilidad tienen ellos?,<br />dice el Señor<br /> Soberano”. 14 »Hijo de hombre, profetízales<br />y bate las palmas.<br />Después toma la espada y esgrímela dos veces en el aire,<br />incluso tres veces,<br />para simbolizar la gran masacre,<br />la gran masacre que los amenaza por todas partes. 15 Que el corazón se les derrita de pavor,<br />porque la espada reluce en cada puerta de la ciudad.<br />¡Destella como un rayo<br />y está pulida para la matanza! 16 Oh espada, acuchilla a la derecha<br />y luego a la izquierda;<br />corta por todas partes,<br />corta por donde quieras. 17 Yo también batiré las palmas,<br />y aplacaré mi furia.<br />¡Yo, el Señor<br />, he hablado!». 18 Presagios para el rey de Babilonia<br />Después recibí este mensaje del Señor<br />: 19 «Hijo de hombre, dibuja un mapa y traza en él dos caminos para que los siga la espada del rey de Babilonia. Coloca una señal en el camino que sale de Babilonia, donde el sendero se divide en dos: 20 un camino con dirección a Amón y su capital, Rabá; y el otro camino rumbo a Judá y a Jerusalén, la ciudad fortificada. 21 El rey de Babilonia ahora se encuentra donde se dividen los dos caminos y está indeciso sobre a quién atacar: a Jerusalén o a Rabá. Así que él convoca a sus magos en busca de presagios para que le adivinen la suerte. Ellos revuelven las flechas de la aljaba y examinan hígados de animales sacrificados. 22 El presagio en su mano derecha le indica: “¡Jerusalén!”. Sus soldados irán con arietes contra las puertas de la ciudad, pidiendo a gritos la masacre. Levantarán torres de asalto y construirán rampas contra las murallas. 23 Los habitantes de Jerusalén pensarán que es un falso presagio, debido a su tratado con los babilonios; pero el rey de Babilonia le recordará a la gente su rebelión. Entonces los atacará y los capturará. 24 »Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: una y otra vez me hiciste recordar tu pecado y tu culpa. ¡Ni siquiera intentas ocultarlo! En todo lo que haces, tus pecados son evidentes, están a la vista de todos. ¡Por lo tanto, ya ha llegado la hora de tu castigo! 25 »Príncipe de Israel, corrupto y perverso, ¡ha llegado el día de tu juicio final! 26 Esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />»“Quítate la corona de joyas,<br />porque el antiguo orden está por cambiar.<br />Ahora los humildes serán exaltados,<br />y los poderosos serán humillados. 27 ¡Destrucción! ¡Destrucción!<br />Sin duda destruiré el reino.<br />Y no será restaurado hasta que aparezca<br />aquel que tiene derecho a juzgarlo.<br />Entonces se lo entregaré a él”. 28 Mensaje para los amonitas<br />»Ahora, hijo de hombre, profetiza sobre los amonitas y sus burlas. Dales el siguiente mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Una espada, una espada<br />se desenvainó para tu masacre.<br />Está pulida para destruir,<br />¡y destella como un rayo! 29 Tus profetas han transmitido falsas visiones<br />y tus adivinos han dicho mentiras.<br />La espada caerá sobre el cuello de los malvados,<br />para quienes ya ha llegado el día del juicio final. 30 »”Ahora devuelve la espada a su vaina,<br />porque en tu propio país,<br />la tierra donde naciste,<br />dictaré mi sentencia contra ti. 31 Sobre ti derramaré mi furia<br />y te soplaré con el fuego de mi enojo.<br />Te entregaré a hombres crueles,<br />expertos en destrucción. 32 Serás leña para el fuego,<br />y derramarán tu sangre en tu propia tierra.<br />¡Serás arrasado por completo,<br />y no habrá más memoria de ti en la historia,<br />porque yo, el Señor<br />, he hablado!”».
1 Los pecados de Jerusalén<br />Entonces recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ¿estás listo para juzgar a Jerusalén? ¿Estás preparado para juzgar a esta ciudad de asesinos? Denuncia públicamente sus pecados detestables 3 y dale este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “Ciudad de asesinos, condenada y maldita —ciudad de ídolos,<br /> inmunda y repugnante— 4 eres culpable por la sangre que has derramado. Te has contaminado con los ídolos que hiciste. ¡Ha llegado el día de tu destrucción! Has llegado al fin de tus días. Te convertiré en objeto de burla en todos los países. 5 Ciudad infame y llena de confusión, de ti se burlarán pueblos lejanos y cercanos. 6 »”Cada uno de los líderes de Israel que vive dentro de tus murallas está decidido a derramar sangre. 7 A los padres y a las madres se les trata con desprecio. Los extranjeros están obligados a pagar por protección. Los huérfanos y las viudas que viven en medio de ti son objeto de abusos y maltratos. 8 Desprecias mis objetos santos y profanas mis días de descanso. 9 Hay quienes acusan falsamente a otros y los envían a la muerte. Estás llena de gente que rinde culto a ídolos y hace cosas obscenas. 10 Hay entre ustedes hombres que se acuestan con la esposa de su padre y tienen relaciones sexuales con mujeres durante su período menstrual. 11 Dentro de tus murallas viven hombres que cometen adulterio con la mujer de su vecino, que deshonran a sus nueras o violan a sus propias hermanas. 12 Por todas partes hay asesinos a sueldo, prestamistas usureros y extorsionistas. Ni siquiera piensan en mí ni en mis mandatos, dice el Señor<br /> Soberano. 13 »”Sin embargo, ahora yo bato las palmas con indignación por tus ganancias deshonestas y tu derramamiento de sangre. 14 ¿Qué tan fuerte y valiente serás en el día del juicio? Yo, el Señor<br />, he hablado y cumpliré lo que he dicho. 15 Te esparciré por todas las naciones y te limpiaré de tu maldad; 16 y cuando sea deshonrado entre las naciones a causa de ti,<br /> sabrás que yo soy el Señor<br />». 17 El horno purificador del Señor<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 18 «Hijo de hombre, los israelitas son la escoria inservible que queda después de fundir la plata. Son los desechos que sobran: una mezcla inútil de cobre, estaño, hierro y plomo. 19 Entonces diles: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Dado que todos son escoria inservible, los traeré a mi crisol en Jerusalén. 20 Así como en un horno se funde cobre, hierro, plomo y estaño, los fundiré a ustedes con el calor de mi furia. 21 Los reuniré y los soplaré con el fuego de mi enojo, 22 y se fundirán como la plata en el intenso calor. Entonces sabrán que yo, el Señor<br />, he derramado mi furia sobre ustedes’”». 23 Pecados de los líderes de Israel<br />Nuevamente recibí un mensaje del Señor<br />: 24 «Hijo de hombre, dale este mensaje al pueblo de Israel: “En el día de mi indignación, serás como tierra contaminada, una tierra sin lluvia. 25 Tus príncipes<br /> traman conspiraciones tal como los leones que acechan su presa. Devoran a los inocentes apoderándose de sus tesoros y quitándoles su riqueza mediante la extorsión; y dejan viudas a muchas mujeres del país. 26 Tus sacerdotes desobedecieron mis enseñanzas y profanaron mis objetos santos. No hacen ninguna diferencia entre lo que es santo y lo que no es, tampoco enseñan a mi pueblo la diferencia entre lo que es ceremonialmente puro o impuro. Desprecian mis días de descanso, de modo que soy deshonrado entre ellos. 27 Tus líderes son como lobos que despedazan a sus víctimas. ¡En realidad destruyen vidas a cambio de dinero! 28 Y tus profetas los encubren dando falsas visiones y predicciones mentirosas. Dicen: ‘Mi mensaje proviene del Señor<br /> Soberano’, cuando en realidad el Señor<br /> no les ha dicho ni una sola palabra. 29 Hasta la gente común oprime a los pobres, les roba a los necesitados y priva de justicia a los extranjeros. 30 »”Busqué a alguien que pudiera reconstruir la muralla de justicia que resguarda al país. Busqué a alguien que se pusiera en la brecha de la muralla para que yo no tuviera que destruirlos, pero no encontré a nadie. 31 Por eso ahora derramaré mi furia sobre ellos y los consumiré con el fuego de mi enojo. Haré recaer sobre su cabeza todo el castigo por cada uno de sus pecados. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!”».
1 Adulterio de dos hermanas<br />Recibí este mensaje de parte del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, había una vez dos hermanas que eran hijas de la misma madre. 3 Ambas se hicieron prostitutas en Egipto. Incluso cuando eran jovencitas, dejaban que los hombres manosearan sus senos. 4 La mayor se llamaba Aholá, y su hermana era Aholibá. Yo me casé con ellas y me dieron hijos e hijas. Me refiero a Samaria y a Jerusalén, pues Aholá es Samaria y Aholibá es Jerusalén. 5 »Luego Aholá sintió deseos sensuales por otros amantes y no por mí, así que entregó su amor a los oficiales asirios. 6 Eran todos jóvenes atractivos: capitanes y comandantes hermosamente vestidos de azul que conducían los carros de guerra. 7 Así que se prostituyó con los hombres más deseables de Asiria, rindiendo culto a sus ídolos<br /> y contaminándose. 8 Cuando salió de Egipto, no abandonó la prostitución sino que continuó tan depravada como en su juventud, cuando los egipcios se acostaban con ella, le manoseaban los senos y la tenían como prostituta. 9 »Entonces la entregué a sus amantes asirios, a quienes ella tanto deseaba. 10 Ellos la desnudaron, se llevaron a sus hijos como esclavos y luego la mataron. Después de recibir su castigo, su mala fama llegó a oídos de todas las mujeres de la tierra. 11 »Sin embargo, Aholibá siguió los mismos pasos, a pesar de que vio todo lo que le había ocurrido a su hermana Aholá. Se corrompió todavía más y se entregó por completo a sus pasiones sexuales y a la prostitución. 12 Aduló a todos los oficiales asirios, esos capitanes y comandantes con hermosos uniformes, esos jóvenes que conducían carros de guerra, todos apuestos y deseables. 13 Yo vi cómo iba corrompiéndose, igual que su hermana mayor. 14 »Luego llevó su prostitución a tal extremo que se enamoró de imágenes pintadas en un muro, imágenes de oficiales militares babilonios<br /> con llamativos uniformes rojos, 15 que portaban magníficos cinturones y sobre la cabeza turbantes grandes y distinguidos. Estaban vestidos como oficiales de carros de guerra de la tierra de Babilonia. 16 Cuando ella vio esas imágenes, anheló entregarse a ellos y envió mensajeros a Babilonia para invitarlos a que la visitaran. 17 Entonces vinieron y cometieron adulterio con ella, y la corrompieron en la cama del amor. No obstante, después de contaminarse con ellos, los rechazó con asco. 18 »Asimismo, yo sentí asco por Aholibá y la rechacé, tal como había rechazado a su hermana, porque se exhibió delante de ellos y se les entregó para satisfacerles sus pasiones sexuales. 19 Sin embargo, ella se prostituyó mucho más recordando su juventud cuando se había prostituido en Egipto. 20 Sintió deseos sensuales por sus amantes con órganos sexuales tan grandes como los del burro, que eyaculan como un caballo. 21 Y así, Aholibá, reviviste el pasado, esos días de jovencita en Egipto, cuando dejaste que te manosearan los senos por primera vez. 22 El Señor<br /> juzga a Aholibá<br />»Por lo tanto, Aholibá, esto dice el Señor<br /> Soberano: de todas partes enviaré a tus amantes contra ti, esas mismas naciones de las que te alejaste con asco. 23 Pues los babilonios vendrán con todos los caldeos de Pecod, de Soa y de Coa. Junto con ellos llegarán todos los asirios, esos jóvenes y apuestos capitanes, comandantes, oficiales de carros de guerra y demás oficiales de alto rango, cada uno montado a caballo. 24 Todos ellos vendrán contra ti desde el norte<br /> con carros de guerra, carretas y un gran ejército preparado para atacar. Tomarán posiciones de batalla por todas partes y te rodearán de hombres armados con escudos y yelmos. Yo te entregaré a ellos para castigarte, a fin de que hagan contigo lo que quieran. 25 Descargaré sobre ti el enojo de mis celos y ellos te tratarán con dureza. Te cortarán la nariz y las orejas, y a los sobrevivientes los matarán a espada. Se llevarán a tus hijos cautivos y quemarán todo lo que quede. 26 Te arrancarán tus hermosas ropas y joyas. 27 De ese modo pondré fin a la lascivia y a la prostitución que trajiste de Egipto. Nunca más tus ojos anhelarán aquellas cosas ni recordarás con nostalgia tus días en Egipto. 28 »Pues esto dice el Señor<br /> Soberano: ciertamente te entregaré a tus enemigos, a esos que detestas, a quienes rechazaste. 29 Te tratarán con odio, te robarán todo lo que tienes y te dejarán completamente desnuda. Tu vergonzosa prostitución quedará a la vista de todo el mundo. 30 Tú misma te provocaste todo esto al prostituirte con otras naciones y contaminarte con todos sus ídolos. 31 Por haber seguido los pasos de tu hermana, te obligaré a beber de la misma copa de terror que ella bebió. 32 »Sí, esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />»Beberás de la copa de terror de tu hermana,<br />una copa grande y profunda,<br />que está llena hasta el borde<br />de burla y de desprecio. 33 Te llenarás de borrachera y angustia,<br />pues tu copa rebosa de aflicción y desolación;<br />es la misma copa que bebió tu hermana, Samaria. 34 Beberás toda esa copa de terror<br />hasta la última gota.<br />Luego la romperás en pedazos<br />y te golpearás el pecho en señal de angustia.<br />¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado! 35 »Y porque te olvidaste de mí y me diste la espalda, esto dice el Señor<br /> Soberano: tendrás que sufrir las consecuencias de toda tu lascivia y de tu prostitución». 36 El Señor<br /> juzga a las dos hermanas<br />El Señor<br /> me dijo: «Hijo de hombre, debes acusar a Aholá y Aholibá de todos sus pecados detestables. 37 Ellas han cometido adulterio y homicidio: adulterio al rendir culto a ídolos y homicidio al quemar en sacrificio a los hijos que me habían dado. 38 ¡Además, contaminaron mi templo y profanaron mi día de descanso! 39 ¡El mismo día que ofrecieron a sus hijos en sacrificio a ídolos, se atrevieron a venir a mi templo para adorar! Entraron y contaminaron mi casa. 40 »Ustedes, hermanas, enviaron mensajeros a tierras lejanas para conseguir hombres. Cuando ellos llegaron, ustedes se bañaron, se pintaron los párpados y se pusieron sus mejores joyas para recibirlos. 41 Se sentaron junto a ellos en un sofá con hermosos bordados y pusieron mi incienso y mi aceite especial sobre una mesa servida ante ustedes. 42 Desde su habitación llegaba el ruido de muchos hombres en plena juerga. Eran hombres lujuriosos y borrachos<br /> provenientes del desierto, que les pusieron brazaletes en las muñecas y hermosas coronas sobre la cabeza. 43 Entonces dije: “Si realmente quieren tener sexo con prostitutas viejas y estropeadas como estas, ¡que lo hagan!”. 44 Y eso fue lo que hicieron. Tuvieron sexo con Aholá y Aholibá, esas prostitutas desvergonzadas. 45 Sin embargo, gente recta juzgará a esas ciudades hermanas por lo que verdaderamente son: adúlteras y asesinas. 46 »Ahora bien, esto dice el Señor<br /> Soberano: manda a un ejército contra ellas y entrégalas para que las aterroricen y las saqueen. 47 Pues sus enemigos las apedrearán y las matarán a espada. Masacrarán a sus hijos e hijas y quemarán sus casas. 48 De ese modo acabaré con la lascivia y la idolatría en la tierra y mi castigo servirá de advertencia a otros para que no sigan su mal ejemplo. 49 Ustedes recibirán su merecido por su prostitución: por rendir culto a ídolos. Así es, recibirán todo el castigo. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br /> Soberano».
1 Señal de la olla<br />El 15 de enero,<br /> durante el noveno año de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, anota la fecha de hoy, porque en este preciso día el rey de Babilonia comenzará el ataque contra Jerusalén. 3 Luego transmíteles a esos rebeldes, mediante una ilustración, este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Pon una olla al fuego<br />y échale un poco de agua. 4 Llénala con trozos selectos de carne:<br />de cadera, de lomo<br />y de los cortes más tiernos. 5 Usa solo las mejores ovejas del rebaño<br />y amontona leña en el fuego, debajo de la olla.<br />Hierve el contenido de la olla,<br />y cocina los huesos junto con la carne. 6 »”Ahora bien, esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />¡qué aflicción le espera a Jerusalén,<br />ciudad de asesinos!<br />Ella es una olla de cocina<br />cuya corrupción no puede limpiarse.<br />Saca los trozos de carne al azar,<br />porque ningún pedazo es mejor que otro. 7 Pues la sangre de sus homicidios<br />quedó salpicada en las rocas.<br />¡Ni siquiera se derramó en el suelo<br />donde el polvo podría cubrirla! 8 Así que yo salpicaré su sangre en una roca<br />para que todos vean<br />una expresión de mi enojo<br />y mi venganza contra ella. 9 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />¡Qué aflicción le espera a Jerusalén,<br />ciudad de asesinos!<br />Yo mismo amontonaré leña debajo de ella. 10 ¡Sí, échale más leña!<br />Que ardan las llamas para que hierva la olla.<br />Cocina la carne con muchas especias<br />y después quema los huesos. 11 Luego deja la olla vacía sobre los carbones encendidos.<br />¡Que se caliente al rojo vivo!<br />Que se quemen la inmundicia y la corrupción. 12 Pero es un caso perdido;<br />la corrupción no puede limpiarse.<br />Así que échala al fuego. 13 Tu impureza es tu lascivia<br />y la corrupción fruto de tu idolatría.<br />Yo traté de limpiarte,<br />pero tú te negaste.<br />Ahora quedarás en tu inmundicia<br />hasta que sacie mi furia contra ti”. 14 »¡Yo, el Señor<br />, he hablado! Ha llegado la hora y no me contendré. No cambiaré de parecer ni tendré compasión de ti. Serás juzgada por tus acciones perversas, dice el Señor<br /> Soberano». 15 Muerte de la esposa de Ezequiel<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 16 «Hijo de hombre, de un solo golpe te quitaré tu tesoro más querido; sin embargo, no debes expresar ningún dolor ante su muerte. No llores; que no haya lágrimas. 17 Gime en silencio, pero sin que haya lamentos junto a su tumba. No te descubras la cabeza ni te quites las sandalias. No cumplas con los ritos acostumbrados en el tiempo de duelo ni aceptes la comida de los amigos que se acerquen a consolarte». 18 Así que, por la mañana, anuncié ese mensaje al pueblo y por la tarde mi esposa murió. A la mañana siguiente hice todo lo que se me indicó. 19 Entonces la gente me preguntó: «¿Qué significa todo esto? ¿Qué tratas de decirnos?». 20 Así que les contesté: «Recibí un mensaje del Señor<br />, 21 quien me dijo que se lo transmitiera a los israelitas. Esto dice el Señor<br /> Soberano: “Contaminaré mi templo, que es fuente de seguridad y orgullo para ustedes, el lugar en el que se deleita su corazón. Los hijos y las hijas que dejaron en Judea serán masacrados a espada. 22 Entonces ustedes harán lo mismo que hizo Ezequiel. No harán duelo en público ni se consolarán entre ustedes comiendo lo que les traigan sus amigos. 23 Se dejarán la cabeza cubierta y no se quitarán las sandalias. No harán luto ni llorarán, pero se consumirán a causa de sus pecados. Harán luto en secreto por todo el mal que hicieron. 24 Ezequiel les sirve de ejemplo; ustedes harán lo mismo que él. Y cuando llegue ese tiempo, sabrán que yo soy el Señor<br /> Soberano”». 25 Luego el Señor<br /> me dijo: «Hijo de hombre, el día que les quite su fortaleza —su alegría y su gloria, el deseo de su corazón, su tesoro más querido— también les quitaré a sus hijos e hijas. 26 Ese día, un sobreviviente llegará desde Jerusalén a Babilonia para contarte lo que sucedió. 27 Cuando llegue, enseguida recuperarás la voz para que hables con él y serás un símbolo para los de este pueblo. Entonces ellos sabrán que yo soy el Señor<br />».
1 Mensaje para Amón<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara a la tierra de Amón y profetiza contra sus habitantes. 3 Comunica este mensaje a los amonitas de parte del Señor<br /> Soberano: “¡Escuchen la palabra del Señor<br /> Soberano! Ustedes se alegraron cuando mi templo fue contaminado, se burlaron de Israel y de su desolación y se rieron de Judá cuando la llevaron al destierro. 4 Permitiré que invadan su país los nómadas de los desiertos orientales. Ellos establecerán su campamento entre ustedes y levantarán carpas en su tierra. Se llevarán el fruto de sus cosechas y se tomarán la leche de sus animales. 5 Convertiré la ciudad de Rabá en un pastizal para camellos y todo el territorio de los amonitas en un lugar de descanso para ovejas y cabras. Entonces ustedes sabrán que yo soy el Señor<br />. 6 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: dado que ustedes aplaudieron, bailaron y gritaron de alegría por la destrucción de mi pueblo, 7 yo alzaré mi puño de juicio contra ustedes. Los entregaré como botín a muchas naciones. Los eliminaré y dejarán de ser nación, los destruiré por completo. Así sabrán que yo soy el Señor<br />. 8 Mensaje para Moab<br />»”Esto dice el Señor<br /> Soberano: dado que los moabitas dijeron que Judá es igual a las demás naciones, 9 les abriré el flanco oriental y destruiré sus gloriosas ciudades fronterizas: Bet-jesimot, Baal-meón y Quiriataim. 10 Entregaré a los moabitas en manos de los nómadas de los desiertos orientales, tal como hice con los amonitas. Es cierto, los amonitas dejarán de ser contados entre las naciones. 11 Del mismo modo, haré caer mi castigo sobre los moabitas. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />. 12 Mensaje para Edom<br />»”Esto dice el Señor<br /> Soberano: los edomitas pecaron grandemente al vengarse contra el pueblo de Judá. 13 Por lo tanto, dice el Señor<br /> Soberano, alzaré mi puño de juicio contra Edom. Exterminaré a sus habitantes y a sus animales a filo de espada. Convertiré en una tierra baldía el territorio desde Temán hasta Dedán. 14 Lo llevaré a cabo por medio de mi pueblo Israel. Con enojo los israelitas ejecutarán mi venganza, y los edomitas sabrán que esa venganza es mía. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado! 15 Mensaje para Filistea<br />»”Esto dice el Señor<br /> Soberano: los filisteos arremetieron contra Judá por amarga venganza y por desprecio acumulado. 16 Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: alzaré mi puño de juicio contra la tierra de los filisteos. Exterminaré a los cereteos y destruiré por completo a la gente que vive junto al mar. 17 Ejecutaré contra ellos una terrible venganza para castigarlos por lo que han hecho. Y una vez que me haya vengado, sabrán que yo soy el Señor<br />”».
1 Mensaje para Tiro<br />El 3 de febrero, durante el año doce de cautividad del rey Joaquín,<br /> recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, Tiro se alegró por la caída de Jerusalén diciendo: “¡Ajá! La que era la puerta de entrada a las prósperas rutas comerciales del oriente ha sido destruida y ¡ahora es mi turno! ¡Dado que ella quedó desolada, yo me enriqueceré!”. 3 »Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: oh Tiro, yo soy tu enemigo y haré que muchas naciones se levanten contra ti como las olas del mar que rompen contra tu costa. 4 Ellas destruirán las murallas de Tiro y derribarán sus torres. ¡Yo rasparé su suelo hasta dejarlo como roca desnuda! 5 No será más que una roca en el mar, un lugar donde los pescadores tiendan sus redes, pues yo he hablado, dice el Señor<br /> Soberano. Tiro se convertirá en presa de muchas naciones, 6 y sus aldeas de tierra adentro serán destruidas a espada. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />. 7 »Esto dice el Señor<br /> Soberano: del norte haré que se levante el rey Nabucodonosor<br /> de Babilonia contra Tiro. Él es rey de reyes y viene con sus caballos, sus carros de guerra, sus conductores y un gran ejército. 8 Primero destruirá las aldeas de tierra adentro. Luego te atacará construyendo un muro de asalto y una rampa y levantando un techo de escudos. 9 Golpeará tus murallas con arietes y demolerá tus torres a golpe de martillo. 10 Las patas de sus caballos ahogarán de polvo la ciudad y el estruendo de las ruedas de los carros de guerra y sus conductores hará temblar tus murallas cuando entren por tus puertas derrumbadas. 11 Los caballos de sus jinetes pisotearán todas las calles de la ciudad. Masacrarán a tu gente y derribarán las fuertes columnas. 12 »Saquearán tus riquezas y mercancías, y demolerán tus murallas. Destruirán tus preciosas casas y arrojarán al mar las piedras, los maderos y hasta el polvo de la ciudad. 13 Pondré fin a la música de tus cánticos. Nunca más se oirá entre tu pueblo el sonido de las arpas. 14 Transformaré tu isla en una roca desnuda, un lugar donde los pescadores tiendan sus redes. Jamás serás reconstruida, porque yo, el Señor<br />, he hablado. ¡Sí, el Señor<br /> Soberano ha hablado! 15 Efectos de la destrucción de Tiro<br />»Esto dice el Señor<br /> Soberano a Tiro: toda la costa temblará ante el ruido de tu caída, mientras se oyen los gritos de los heridos que retumban en la prolongada masacre. 16 Los gobernantes de las ciudades portuarias dejarán sus tronos y se quitarán las vestiduras reales y su hermosa ropa. Se sentarán en el suelo, temblando de terror a causa de tu destrucción. 17 Después se lamentarán por ti entonando este canto fúnebre:<br />»¡Oh famosa ciudad isleña,<br />que antes gobernaba el mar,<br />cómo has sido destruida!<br />Tu gente, con su poderío naval,<br />antes sembraba terror por todo el mundo. 18 Ahora las tierras costeras tiemblan de miedo por tu caída.<br />Decaen las islas a medida que desapareces. 19 »Esto dice el Señor<br /> Soberano: convertiré a Tiro en ruinas despobladas, como muchas otras. La sepultaré bajo las terribles oleadas del ataque enemigo. Los grandes mares te tragarán. 20 Te enviaré a la fosa para que te reúnas con los que descendieron allí hace mucho tiempo. Tu ciudad quedará en ruinas, sepultada bajo tierra, como los que están en la fosa, quienes entraron al mundo de los muertos. Aquí, en el mundo de los vivos, no tendrás ningún lugar de honor. 21 Te daré un fin terrible y dejarás de existir. Te buscarán, pero nunca más te encontrarán. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!».
1 Fin de la gloria de Tiro<br />Luego recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, entona un canto fúnebre por Tiro, 3 esa poderosa ciudad y portal al mar, el centro comercial del mundo. Dale a Tiro este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Oh Tiro, te jactaste diciendo:<br />‘¡Mi belleza es perfecta!’. 4 Extendiste tus fronteras hacia el mar.<br />Tus constructores hicieron perfecta tu belleza. 5 Eras como un gran barco<br />construido con los mejores cipreses de Senir.<br />Con un cedro del Líbano<br />te fabricaron un mástil. 6 Te labraron los remos<br />con robles de Basán.<br />Tu cubierta hecha de pino de las costas de Chipre<br />se incrustó con marfil. 7 Confeccionaron tus velas con el mejor lino de Egipto,<br />y ondeaban sobre ti como una bandera.<br />Estabas bajo toldos azules y púrpura,<br />abrillantados con tinturas de las costas de Elisa. 8 Tus remeros venían de Sidón y de Arvad;<br />tus timoneles eran hombres hábiles de Tiro. 9 Sabios ancianos artesanos de Gebal calafateaban la nave.<br />De todos los países llegaban naves con mercancías para comerciar contigo. 10 »”Hombres de las lejanas tierras de Persia, Lidia y Libia<br /> servían en tu gran ejército. Ellos colgaban sus escudos y yelmos en tus muros y así te daban gran honor. 11 Hombres de Arvad y de Helec montaban guardia en tus murallas. Tus torres estaban al mando de hombres de Gamad. Sus escudos colgados en tus murallas completaban tu belleza. 12 »”De Tarsis enviaban mercaderes para comprar tus productos a cambio de plata, hierro, estaño y plomo. 13 Mercaderes de Grecia,<br /> Tubal y Mesec llegaban con esclavos y objetos de bronce para comerciar contigo. 14 »”De Bet-togarmá traían caballos para montar, caballos para carros de guerra y mulas para cambiarlos por tus mercancías. 15 También te llegaban mercaderes desde la tierra de Dedán.<br /> Tenías el monopolio del mercado en muchos lugares costeros; te pagaban con colmillos de marfil y madera de ébano. 16 »”De Aram<br /> enviaban mercaderes para comprar tu gran variedad de artículos. Comerciaban con turquesa, tinturas de púrpura, bordados, lino fino y joyas de coral y de rubíes. 17 Judá e Israel te ofrecían trigo de Minit, higos,<br /> miel, aceite de oliva y bálsamo a cambio de tus mercancías. 18 »”De Damasco enviaban mercaderes a comprar tu gran variedad de artículos, a cambio de vino de Helbón y lana blanca de Sajar. 19 Llegaban griegos desde Uzal<br /> con hierro forjado, canela y cálamo aromático para cambiar por tus mercancías. 20 »”Desde Dedán enviaban mercaderes para intercambiar contigo sus costosas mantas para montura. 21 Los árabes y los príncipes de Cedar enviaban mercaderes para obtener tus mercancías a cambio de corderos, carneros y chivos. 22 Llegaban mercaderes de Saba y Raama para conseguir tus mercancías a cambio de toda clase de especias, joyas y oro. 23 »”También de Harán, Cane, Edén, Saba, Asiria y Quilmad llegaban con sus mercancías. 24 Traían telas de alta calidad para comerciar: tela de color azul, bordados y alfombras multicolores, enrolladas y atadas con cordeles. 25 Las naves de Tarsis formaban una caravana acuática. ¡Los depósitos de tu isla estaban llenos hasta el techo! 26 Destrucción de Tiro<br />»”¡Pero mira! ¡Tus remeros<br />te han llevado hacia mares tempestuosos!<br />¡Un poderoso viento oriental<br />te ha causado destrozos en alta mar! 27 Has perdido todo:<br />tus riquezas y tus mercancías,<br />tus marineros y tus pilotos,<br />tus constructores de naves, tus mercaderes y tus guerreros.<br />En el día de tu ruina,<br />todos a bordo se hundirán en lo profundo del mar. 28 Tiemblan tus ciudades junto al mar<br />mientras tus pilotos gritan de terror. 29 Todos los remeros abandonan sus naves;<br />los marineros y los pilotos en tierra firme se agrupan en la playa. 30 Gritan fuerte por ti<br />y lloran amargamente.<br />Se echan polvo sobre la cabeza<br />y se revuelcan en cenizas. 31 Se rapan la cabeza en señal de duelo por ti<br />y se visten de tela áspera.<br />Lloran por ti con gran amargura<br />y profundo dolor. 32 Mientras se lamentan y gimen por ti,<br />entonan este triste canto fúnebre:<br />‘¿Hubo alguna vez una ciudad como Tiro,<br />que ahora está en silencio, en el fondo del mar? 33 Las mercancías que comerciabas<br />saciaron los deseos de muchas naciones.<br />Reyes de los confines de la tierra<br />se enriquecieron con tu comercio. 34 Ahora eres una nave que naufragó,<br />deshecha en el fondo del mar.<br />Toda tu mercancía y tu tripulación<br />se hundieron contigo. 35 Todos los habitantes de las costas<br />se horrorizan de tu terrible destino.<br />Los reyes están llenos de terror<br />y lo ven con la cara retorcida de espanto. 36 Los mercaderes de las naciones<br />menean la cabeza al verte,<br />pues llegaste a un horrible final<br />y dejarás de existir’”».
1 Mensaje para el rey de Tiro<br />Después recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, dale al príncipe de Tiro este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“En tu gran arrogancia afirmaste: ‘¡Soy un dios!<br />Estoy sentado en un trono divino, en el corazón del mar’;<br />pero eres solo un hombre y no un dios,<br />aunque te jactes de ser un dios. 3 Te crees más sabio que Daniel<br />y piensas que ningún secreto está oculto de ti. 4 Con tu sabiduría y entendimiento has acumulado mucha riqueza:<br />oro y plata para tus tesoros. 5 Sí, tu sabiduría te hizo muy rico,<br />y tus riquezas muy orgulloso. 6 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />ya que te crees tan sabio como un dios, 7 haré que te ataque un ejército extranjero,<br />el terror de las naciones.<br />¡Ellos desenvainarán sus espadas contra tu maravillosa sabiduría<br />y profanarán tu esplendor! 8 Te hundirán en la fosa,<br />y morirás en el corazón del mar,<br />traspasado de muchas heridas. 9 ¿Te jactarás, entonces, diciendo: ‘¡Soy un dios!’<br />frente a tus asesinos?<br />¡Para ellos no serás un dios<br />sino un simple hombre! 10 Morirás como un pagano<br />en manos de extranjeros.<br />¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!”». 11 Luego recibí otro mensaje más del Señor<br />: 12 «Hijo de hombre, entona este canto fúnebre para el rey de Tiro. Dale este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Tú eras el modelo de la perfección,<br />lleno de sabiduría y de exquisita belleza. 13 Estabas en el Edén,<br />el jardín de Dios.<br />Tenías la ropa adornada con toda clase de piedras preciosas<br />—cornalina rojiza, peridoto verde pálido, adularia blanca,<br />berilo azul y verde, ónice, jaspe verde,<br />lapislázuli, turquesa y esmeralda—,<br />todas talladas especialmente para ti<br />e incrustadas en el oro más puro.<br />Te las dieron<br />el día en que fuiste creado. 14 Yo te ordené y te ungí<br />como poderoso ángel guardián.<br />Tenías acceso al monte santo de Dios<br />y caminabas entre las piedras de fuego. 15 »Eras intachable en todo lo que hacías,<br />desde el día en que fuiste creado<br />hasta el día en que se encontró maldad en ti. 16 Tu abundante comercio te llevó a la violencia,<br />y pecaste.<br />Entonces te expulsé en deshonra<br />de la montaña de Dios.<br />Te eché, guardián poderoso,<br />del lugar que tenías entre las piedras de fuego. 17 Tu corazón se llenó de orgullo<br />debido a tu gran belleza.<br />Tu sabiduría se corrompió<br />a causa de tu amor por el esplendor.<br />Entonces te arrojé al suelo<br />y te expuse a la mirada curiosa de los reyes. 18 Profanaste tus santuarios<br />con tus muchos pecados y tu comercio deshonesto.<br />Entonces hice brotar fuego de tu interior<br />y te consumió.<br />Te reduje a cenizas en el suelo<br />a la vista de todos los que te miraban. 19 Todos los que te conocían se horrorizaron por tu destino.<br />Has llegado a un final terrible,<br />y dejarás de existir”». 20 Mensaje para Sidón<br />Luego recibí otro mensaje del Señor<br />: 21 «Hijo de hombre, ponte de cara a la ciudad de Sidón y profetiza contra ella. 22 Dale a la gente de Sidón este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Oh Sidón, yo soy tu enemigo,<br />y revelaré mi gloria en lo que te haré.<br />Cuando traiga juicio sobre ti<br />revelaré mi santidad en medio de ti<br />y todos los que observen sabrán<br />que yo soy el Señor<br />. 23 Enviaré una plaga contra ti<br />y correrá sangre por tus calles.<br />El ataque llegará de todas direcciones<br />y tu gente quedará masacrada dentro de tus murallas.<br />Entonces todos sabrán<br />que yo soy el Señor<br />. 24 Los vecinos burlones de Israel ya no la provocarán<br />punzándola y desgarrándola como zarzas y espinos.<br />Pues entonces sabrán<br />que yo soy el Señor<br /> Soberano”. 25 Restauración de Israel<br />»Esto dice el Señor<br /> Soberano: el pueblo de Israel volverá a vivir en su propio país, la tierra que le di a mi siervo Jacob. Pues reuniré a los israelitas de entre las tierras lejanas adonde los había esparcido. A la vista de las naciones del mundo, revelaré mi santidad en mi pueblo. 26 En Israel, ellos vivirán seguros, construirán casas y cultivarán viñedos; y cuando yo castigue a las naciones vecinas que los trataron con desprecio, ellos sabrán que yo soy el Señor<br /> su Dios».
1 Mensaje para Egipto<br />El 7 de enero,<br /> durante el décimo año de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara a Egipto y profetiza contra su rey —el faraón— y contra todo el pueblo egipcio. 3 Dales este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Yo soy tu enemigo, oh faraón, rey de Egipto,<br />monstruo enorme que acechas en las corrientes del Nilo.<br />Pues has dicho: ‘El Nilo es mío;<br />lo hice para mí’. 4 Te pondré garfios en las mandíbulas<br />y te arrastraré hasta tierra firme<br />con peces pegados a tus escamas. 5 Te dejaré a ti y a tus peces<br />abandonados en el desierto para que mueran.<br />Quedarás sin sepultura tirado en campo abierto,<br />pues te daré como comida a los animales salvajes y a las aves. 6 Todos los habitantes de Egipto sabrán que yo soy el Señor<br />,<br />pues para Israel no fuiste más que una vara de juncos. 7 Cuando Israel se apoyó en ti,<br />te astillaste y te rompiste<br />y te clavaste en su axila.<br />Cuando Israel dejó caer su peso sobre ti, te quebraste<br />y se dislocó la espalda. 8 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: oh Egipto, enviaré un ejército contra ti y destruiré tanto a la gente como a los animales. 9 La tierra de Egipto se convertirá en una desolada tierra baldía y los egipcios sabrán que yo soy el Señor<br />.<br />»”Debido a que dijiste: ‘El Nilo es mío; yo lo hice’, 10 ahora soy enemigo tuyo y de tu río. Haré de Egipto una tierra totalmente desolada y baldía, desde Migdol hasta Asuán, y tan al sur como la frontera con Etiopía. 11 Durante cuarenta años nadie pasará por allí, ni personas ni animales. Quedará totalmente despoblada. 12 Haré de Egipto un lugar desolado, rodeado por otras naciones desoladas. Sus ciudades quedarán vacías y desoladas durante cuarenta años, rodeadas por otras ciudades en ruinas. Esparciré a los egipcios por tierras lejanas. 13 »”Esto también dice el Señor<br /> Soberano: pasados los cuarenta años traeré a los egipcios nuevamente a su patria de entre las naciones donde fueron esparcidos. 14 Restauraré la prosperidad de Egipto y haré volver a sus habitantes a la tierra de Patros, en el sur de Egipto, de donde provenían. Sin embargo, Egipto seguirá siendo un reino menor y sin importancia. 15 Será la más insignificante de todas las naciones y nunca volverá a destacarse por encima de las naciones vecinas. 16 »Entonces Israel ya no tendrá la tentación de confiar en la ayuda de Egipto. Egipto quedará tan devastado que servirá para recordarle a Israel la magnitud del pecado que cometió al haber confiado en Egipto en tiempos pasados. Entonces Israel sabrá que yo soy el Señor<br /> Soberano». 17 Nabucodonosor conquistará Egipto<br />El 26 de abril, el primer día del año nuevo,<br /> durante el año veintisiete de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor<br />: 18 «Hijo de hombre, el ejército del rey Nabucodonosor<br /> de Babilonia combatió tan ferozmente contra Tiro que los guerreros quedaron con la cabeza calva y los hombros llagados y ampollados; pero ni Nabucodonosor ni su ejército recibieron botín en recompensa por todo su esfuerzo. 19 Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: le entregaré el territorio de Egipto a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Se llevará la riqueza de Egipto saqueando todo lo que haya para poder pagarle a su ejército. 20 Así es, le he entregado la tierra de Egipto como recompensa por su esfuerzo, dice el Señor<br /> Soberano, porque trabajaba para mí cuando destruyó a Tiro. 21 »Llegará el día cuando haré revivir la antigua gloria de Israel,<br /> y por fin, Ezequiel, respetarán tus palabras. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />».
1 Día triste para Egipto<br />Este es otro mensaje que recibí del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, profetiza y comunica este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Lloren y giman<br />por ese día, 3 porque ya se acerca el día terrible,<br />¡el día del Señor<br />!<br />Será un día de nubes y de penumbra,<br />un día de desesperación para las naciones. 4 Vendrá una espada contra Egipto<br />y los masacrados cubrirán el suelo.<br />Se llevarán sus riquezas<br />y destruirán sus cimientos.<br />La tierra de Etiopía<br /> será saqueada. 5 Etiopía, Libia, Lidia, toda Arabia<br />y sus demás aliadas<br />serán destruidas en esa guerra. 6 »”Esto dice el Señor<br />:<br />caerán todos los aliados de Egipto<br />y acabará la soberbia de su poder.<br />Desde Migdol hasta Asuán<br />serán masacrados a filo de espada,<br />dice el Señor<br /> Soberano. 7 Egipto quedará desolado,<br />rodeado de naciones desoladas,<br />y sus ciudades quedarán en ruinas,<br />rodeadas de otras ciudades en ruinas. 8 Los egipcios sabrán que yo soy el Señor<br />cuando le prenda fuego a Egipto<br />y destruya a todos sus aliados. 9 En ese tiempo enviaré veloces mensajeros por barco<br />para aterrorizar a los tan confiados etíopes.<br />Un gran pánico se apoderará de ellos<br />el día de la indudable destrucción de Egipto.<br />¡Espérenlo!<br />¡Sin falta, llegará! 10 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />con el poder del rey Nabucodonosor<br /> de Babilonia,<br />destruiré a las multitudes de Egipto. 11 Él y sus ejércitos —los más despiadados de todos—<br />serán enviados para destruir el país.<br />Harán guerra contra Egipto<br />hasta cubrir el suelo con egipcios masacrados. 12 Secaré el río Nilo<br />y venderé el país a hombres perversos.<br />Haré destruir la tierra de Egipto y todo lo que haya allí<br />por manos de extranjeros.<br />¡Yo, el Señor<br />, he hablado! 13 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />rompe en pedazos los ídolos<br /> de Egipto<br />y las imágenes que están en Menfis.<br />Ya no quedarán gobernantes en Egipto;<br />el terror se apoderará del país. 14 Destruiré el sur de Egipto,<br />prenderé fuego a Zoán<br />y traeré juicio sobre Tebas. 15 Derramaré mi furia sobre Pelusio,<br />la fortaleza más fuerte de Egipto,<br />y pisotearé<br />a las multitudes de Tebas. 16 ¡Sí, le prenderé fuego a todo Egipto!<br />Pelusio se retorcerá de dolor;<br />Tebas será despedazada;<br />Menfis vivirá en constante terror. 17 Los jóvenes de Heliópolis y Bubastis<br /> morirán en batalla,<br />y las mujeres<br /> serán llevadas como esclavas. 18 Cuando yo quiebre el orgullo de la fuerza de Egipto,<br />también será un día oscuro para Tafnes<br />Una nube oscura cubrirá Tafnes,<br />y sus hijas serán llevadas cautivas. 19 Así traeré un gran castigo sobre Egipto<br />y los egipcios sabrán que yo soy el Señor<br />”». 20 Los brazos rotos del faraón<br />El 29 de abril,<br /> durante el año once de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor<br />: 21 «Hijo de hombre, le he roto el brazo al faraón, rey de Egipto. No le han enyesado el brazo para que se cure, ni se lo han entablillado para que pueda sostener una espada. 22 Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: ¡yo soy enemigo del faraón, rey de Egipto! Le romperé ambos brazos —el que tiene sano y el que tiene roto— y haré que se le caiga la espada. 23 Esparciré a los egipcios por muchos países alrededor del mundo. 24 Fortaleceré los brazos al rey de Babilonia y le pondré mi espada en la mano. En cambio, le romperé los brazos al faraón, rey de Egipto, y quedará tendido, herido de muerte, gimiendo de dolor. 25 Fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, mientras los brazos del faraón caerán inservibles a ambos lados de su cuerpo. Cuando ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia y él la levante contra la tierra de Egipto, Egipto sabrá que yo soy el Señor<br />. 26 Esparciré a los egipcios entre las naciones; los dispersaré por todo el mundo. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />».
1 Comparación entre Egipto y la Asiria derrotada<br />El 21 de junio,<br /> durante el año once de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, dale este mensaje al faraón, rey de Egipto, y a todas sus multitudes:<br />»“¿Con quién compararás tu grandeza? 3 Eres como la poderosa Asiria,<br />que alguna vez fue como un cedro del Líbano,<br />con hermosas ramas que daban una intensa sombra al bosque<br />y su copa llegaba hasta las nubes. 4 Los manantiales profundos lo regaban<br />y lo ayudaban a crecer alto y frondoso.<br />El agua corría a su alrededor como un río<br />y fluía hacia todos los árboles cercanos. 5 Este gran árbol se elevaba<br />muy por encima de los demás árboles que lo rodeaban.<br />Creció y desarrolló ramas gruesas y largas<br />por el agua abundante que recibían sus raíces. 6 Las aves anidaban en sus ramas<br />y bajo su sombra parían los animales salvajes.<br />Todas las grandes naciones del mundo<br />vivían bajo su sombra. 7 Era fuerte y hermoso,<br />con ramas que se extendían ampliamente<br />porque sus raíces llegaban a lo profundo,<br />donde había agua en abundancia. 8 Ningún otro cedro del jardín de Dios<br />podía hacerle competencia.<br />Ningún ciprés tenía ramas como las suyas;<br />ningún plátano oriental tenía ramas comparables.<br />Ningún árbol del jardín de Dios<br />tenía una belleza parecida. 9 Como hice tan hermoso este árbol<br />y le di un follaje tan magnífico,<br />era la envidia de los demás árboles del Edén,<br />el jardín de Dios. 10 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: como Egipto se volvió<br /> vanidoso y arrogante, y porque se puso tan por encima de los demás que su copa llegaba a las nubes, 11 lo entregaré en manos de una nación poderosa para que lo destruya como merece su perversidad. Ya lo he desechado. 12 Un ejército extranjero —el terror de las naciones— lo taló y lo dejó tendido en el suelo. Sus ramas quedaron esparcidas por las montañas, los valles y los barrancos de la tierra. Todos los que vivían bajo su sombra se fueron y lo dejaron allí tirado. 13 »”Las aves se posan en el tronco caído,<br />y los animales salvajes se tienden entre sus ramas. 14 Que ningún árbol de ninguna otra nación<br />se envanezca por su propia grandeza,<br />aunque supere la altura de las nubes<br />y reciba agua de lo profundo.<br />Pues todos están condenados a morir<br />y a descender a las profundidades de la tierra.<br />Caerán a la fosa<br />junto con el resto del mundo. 15 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: cuando Asiria descendió a la tumba,<br /> hice que los manantiales profundos se lamentaran. Detuve el curso de sus ríos y sequé su abundante agua. Vestí de negro el Líbano e hice que se marchitaran los árboles del campo. 16 Hice que las naciones temblaran de miedo al sonido de su caída, porque la envié a la tumba junto con todos los que descienden a la fosa. Los demás árboles vanidosos del Edén, los mejores y más hermosos del Líbano, aquellos que hundían sus raíces profundamente en el agua, se consolaron al encontrar a este árbol allí con ellos en las profundidades de la tierra. 17 También sus aliados fueron destruidos y estaban muertos. Habían descendido a la tumba todas esas naciones que una vez vivieron bajo su sombra. 18 »”Oh Egipto, ¿a cuál de los árboles del Edén compararás tu fortaleza y tu gloria? Tú también serás enviado a las profundidades con todas esas naciones. Quedarás tendido entre los paganos<br /> que murieron a espada. Ese será el destino del faraón y de todas sus multitudes. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!”».
1 Advertencia al faraón<br />El 3 de marzo,<br /> durante el año doce de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, laméntate por el faraón, rey de Egipto, y dale este mensaje:<br />»“Te crees un león joven y fuerte entre las naciones,<br />pero en realidad solo eres un monstruo marino<br />que se retuerce en sus propios ríos<br />y revuelve el lodo con las patas. 3 Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />enviaré a muchas personas<br />para que te atrapen con mi red<br />y te arrastren fuera del agua. 4 Te dejaré abandonado en tierra para que mueras.<br />Todas las aves de los cielos se posarán sobre ti,<br />y los animales salvajes de toda la tierra<br />te comerán hasta saciarse. 5 Esparciré tu carne por las colinas<br />y llenaré los valles con tus huesos. 6 Empaparé la tierra con la sangre que brote de ti<br />que correrá hasta las montañas<br />y llenará los barrancos hasta el borde. 7 Cuando yo borre tu existencia,<br />cubriré los cielos y oscureceré las estrellas.<br />Taparé el sol con una nube<br />y la luna no te dará su luz. 8 Oscureceré las estrellas brillantes en lo alto<br />y cubriré tu territorio con tinieblas.<br />¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado! 9 »”Inquietaré el corazón de muchos cuando haga que se enteren de tu caída en naciones lejanas que no conocías. 10 Así es, espantaré a muchos países y sus reyes quedarán aterrados al conocer tu destino. Temblarán de miedo por su vida cuando yo esgrima mi espada ante ellos el día de tu caída. 11 Esto dice el Señor<br /> Soberano:<br />»“La espada del rey de Babilonia<br />vendrá contra ti. 12 Destruiré a tus multitudes con las espadas de poderosos guerreros,<br />el terror de las naciones.<br />Destrozaré el orgullo de Egipto<br />y todas sus multitudes quedarán destruidas. 13 Destruiré todos tus rebaños y manadas<br />que pastan junto a los arroyos.<br />Nunca más ni personas ni animales<br />enturbiarán esas aguas con sus pies. 14 Luego dejaré que las aguas de Egipto se aquieten de nuevo,<br />y fluirán tranquilas, como se desliza el aceite de oliva,<br />dice el Señor<br /> Soberano. 15 Cuando yo destruya a Egipto<br />y te arranque todas tus posesiones<br />y hiera de muerte a todo tu pueblo,<br />entonces sabrás que yo soy el Señor<br />. 16 Sí, este es el canto fúnebre<br />que entonarán para Egipto.<br />Que todas las naciones hagan luto.<br />Que se lamenten por Egipto y sus multitudes.<br />¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!”». 17 Egipto cae en la fosa<br />El 17 de marzo,<br /> durante el año doce, recibí otro mensaje del Señor<br />: 18 «Hijo de hombre, laméntate por las multitudes de Egipto y por las demás naciones poderosas.<br /> Pues los enviaré al mundo de abajo, junto con los que descienden a la fosa. 19 Diles:<br />»“Oh Egipto, ¿acaso eres más bella que las otras naciones?<br />¡No! Así que desciende a la fosa y quédate allí, entre los paganos<br />”. 20 Los egipcios caerán junto a todos los que murieron a espada, pues la espada se ha desenvainado contra ellos. Egipto y sus multitudes irán arrastrados a su juicio. 21 En lo profundo de la tumba,<br /> líderes poderosos, en tono de burla, darán la bienvenida a Egipto y a sus aliados diciendo: “Ya descendieron; yacen entre los paganos, entre multitudes masacradas a espada”. 22 »Allí está Asiria rodeada por las tumbas de sus soldados, los que fueron masacrados a espada. 23 Sus tumbas están en lo más hondo de la fosa, rodeadas por las de sus aliados. Antes infundían terror en el corazón de muchos por todas partes, ahora fueron masacrados a espada. 24 »Allí está Elam, rodeado por las tumbas de todas sus multitudes, los que fueron masacrados a espada. Antes infundían terror en el corazón de muchos por todas partes, ahora descendieron como paganos al mundo de abajo. Ahora yacen en la fosa, con la misma vergüenza de los que murieron antes que ellos. 25 Tienen un lugar de descanso entre los masacrados, rodeados por las tumbas de todas sus multitudes. Sí, en vida aterrorizaban a las naciones, pero ahora quedaron avergonzados junto con los demás de la fosa, todos paganos, masacrados a filo de espada. 26 »Allí están Mesec y Tubal, rodeados por las tumbas de todas sus multitudes. Antes infundían terror por todas partes en el corazón de muchos; pero ahora son paganos, todos masacrados a espada. 27 No fueron enterrados con honores, como sus héroes caídos, quienes descendieron a la tumba<br /> con sus armas: con el cuerpo cubierto por su escudo<br /> y con la espada debajo de la cabeza. Ellos cargan con la culpa porque en vida aterrorizaban a todos. 28 »También tú, Egipto, yacerás aplastado y destruido entre los paganos, todos masacrados a espada. 29 »Edom está allí con sus reyes y príncipes. Aunque eran poderosos, también yacen entre los masacrados a espada, entre los paganos que descendieron a la fosa. 30 »Todos los príncipes del norte y los sidonios están allí junto a otros que han muerto. Antes sembraban el terror, ahora son avergonzados. Yacen como paganos junto a otros que fueron masacrados a espada; y cargan con la misma vergüenza de todos los que descendieron a la fosa. 31 »Cuando llegue el faraón con todo su ejército, se consolará al ver que no fue el único que perdió a sus multitudes en batalla, dice el Señor<br /> Soberano. 32 Aunque hice que sembrara el terror entre todos los seres vivientes, el faraón y sus multitudes yacerán en medio de los paganos que fueron masacrados a espada. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!».
1 Ezequiel, centinela de Israel<br />Una vez más recibí un mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, da este mensaje a tu pueblo: “Cuando yo envío a un ejército contra un país, los habitantes de ese país escogen a uno de los suyos para que sea el centinela. 3 Cuando el centinela ve acercarse al enemigo, toca la alarma para advertir a los habitantes. 4 Entonces, si los que oyen la alarma se niegan a actuar y resulta que los matan, ellos mismos tendrán la culpa de su muerte. 5 Oyeron la alarma pero no le hicieron caso, así que la responsabilidad es de ellos. Si hubieran prestado atención a la advertencia, podrían haber salvado sus vidas. 6 Ahora bien, si el centinela ve acercarse al enemigo y no toca la alarma para advertir a la gente, él será responsable de la cautividad del pueblo. Todos morirán en sus pecados, pero haré responsable al centinela por la muerte de ellos”. 7 »Ahora, hijo de hombre, te pongo por centinela del pueblo de Israel. Por lo tanto, escucha lo que digo y adviérteles de mi parte. 8 Si yo anuncio que unos malvados de cierto morirán y tú no les dices que cambien su manera de vivir, entonces ellos morirán en sus pecados y te haré a ti responsable de su muerte. 9 En cambio, si les adviertes que se arrepientan y no lo hacen, morirán en sus pecados, pero tú te habrás salvado. 10 Mensaje del centinela<br />»Hijo de hombre, da este mensaje al pueblo de Israel: “Ustedes dicen: ‘Nuestros pecados son una carga pesada; ¡nos consumimos poco a poco! ¿Cómo sobreviviremos?’. 11 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, no me complace la muerte de los perversos. Solo quiero que se aparten de su conducta perversa para que vivan. ¡Arrepiéntanse! ¡Apártense de su maldad, oh pueblo de Israel! ¿Por qué habrían de morir?”. 12 »Hijo de hombre, da este mensaje a tu pueblo: “La conducta recta de los justos no los salvará si se entregan al pecado, ni la mala conducta de los malvados los destruirá si se arrepienten y abandonan sus pecados. 13 Cuando les digo a los justos que vivirán, pero después pecan y piensan que se salvarán por haber sido justos anteriormente, entonces no se tomará en cuenta ninguno de sus actos de justicia. Los destruiré por sus pecados. 14 Y supongamos que les digo a unas personas malvadas que de cierto morirán, pero después abandonan sus pecados y hacen lo que es justo y recto. 15 Por ejemplo, podrían devolverle la garantía a un deudor, restituir lo que habían robado y obedecer mis leyes que dan vida dejando de hacer lo malo; si así lo hacen, entonces de cierto vivirán y no morirán. 16 No se sacará a relucir ninguno de sus pecados pasados, porque hicieron lo que es justo y recto, por eso ciertamente vivirán. 17 »”Tu pueblo dice: ‘El Señor no hace lo correcto’, pero son ellos quienes no hacen lo correcto. 18 Pues reitero, si los justos abandonan su conducta recta y pecan, morirán. 19 Sin embargo, si los malvados se apartan de su maldad y hacen lo que es justo y recto, vivirán. 20 Oh pueblo de Israel, ustedes dicen: ‘El Señor no hace lo correcto’; pero yo juzgo a cada uno de ustedes según sus acciones”». 21 Explicación de la caída de Jerusalén<br />El 8 de enero,<br /> durante el año doce de nuestra cautividad, un sobreviviente de Jerusalén vino a verme y me dijo: «¡Ha caído la ciudad!». 22 La noche anterior, el Señor<br /> había puesto su mano sobre mí y me había devuelto la voz. De modo que pude hablar cuando llegó ese hombre a la mañana siguiente. 23 Luego recibí el siguiente mensaje del Señor<br />: 24 «Hijo de hombre, el remanente de Judá, que vive disperso en las ciudades destruidas, sigue diciendo: “Abraham era un solo hombre y, sin embargo, llegó a poseer toda la tierra. Nosotros somos muchos; sin duda se nos ha entregado la tierra como posesión.” 25 Por lo tanto, diles a esas personas: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Ustedes comen carne con sangre, rinden culto a ídolos<br /> y asesinan a los inocentes. ¿De veras piensan que la tierra debería ser suya? 26 ¡Asesinos! ¡Idólatras! ¡Adúlteros! ¿Acaso la tierra habría de pertenecerles?’”. 27 »Diles: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Tan cierto como que yo vivo, los que vivan en las ruinas morirán a filo de espada y enviaré animales salvajes para que devoren a los que vivan en campo abierto. Los que se escondan en fuertes y en cuevas morirán de enfermedades. 28 Destruiré la tierra por completo y destrozaré su orgullo. Se acabará su poder arrogante. Las montañas de Israel quedarán tan desiertas que nadie siquiera pasará por ellas. 29 Cuando yo haya destruido la tierra por completo a causa de los pecados detestables que cometieron, entonces sabrán que yo soy el Señor<br />’”. 30 »Hijo de hombre, los de tu pueblo hablan de ti en sus casas y murmuran acerca de ti junto a las puertas. Se dicen unos a otros: “¡Vayamos a oír lo que el profeta tiene para contarnos de parte del Señor<br />!”. 31 Entonces ellos se acercan fingiendo sinceridad y se sientan delante de ti. Escuchan tus palabras pero no tienen ninguna intención de hacer lo que tú les dices. Tienen la boca llena de palabras sensuales y en su corazón solo buscan dinero. 32 Les resultas muy entretenido, como alguien que les canta canciones de amor con una hermosa voz o les toca buena música con un instrumento. ¡Oyen lo que les dices, pero se niegan a hacerlo! 33 Sin embargo, cuando les sucedan todas estas cosas terribles —que sin duda les sucederán—, entonces sabrán que hubo un profeta entre ellos».
1 Los pastores de Israel<br />Después recibí este mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores, los líderes de Israel. Dales este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “¡Qué aflicción les espera a ustedes, pastores, que se alimentan a sí mismos en lugar de alimentar a sus rebaños! ¿Acaso los pastores no deben alimentar a sus ovejas? 3 Ustedes beben la leche, se visten con la lana y matan a los mejores animales, pero dejan que sus rebaños pasen hambre. 4 No han cuidado de las débiles; no se han ocupado de las enfermas ni han vendado las heridas; no salieron a buscar a las descarriadas y perdidas. En cambio, las gobernaron con mano dura y con crueldad. 5 Por eso mis ovejas se dispersaron sin pastor y son presa fácil de cualquier animal salvaje. 6 Han deambulado por todas las montañas y las colinas sobre la faz de la tierra; sin embargo, nadie salió a buscarlas. 7 »”Por lo tanto, pastores, oigan la palabra del Señor<br />: 8 tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, ustedes abandonaron a mi rebaño y lo expusieron al ataque de toda clase de animales salvajes. Aunque ustedes eran mis pastores, no salieron a buscar a mis ovejas cuando ellas se extraviaron. Se ocuparon de sí mismos y dejaron que las ovejas pasaran hambre. 9 Por lo tanto, pastores, oigan la palabra del Señor<br />. 10 Esto dice el Señor<br /> Soberano: ahora me declaro enemigo de esos pastores y los haré responsables de lo que le sucedió a mi rebaño. Les quitaré el derecho de alimentar al rebaño y no dejaré que sigan alimentándose a sí mismos. Rescataré de su boca a mi rebaño; las ovejas ya no serán su presa. 11 El buen pastor<br />»”Esto dice el Señor<br /> Soberano: yo mismo saldré a buscar a mis ovejas y las encontraré. 12 Seré como un pastor que busca al rebaño esparcido. Encontraré a mis ovejas y las rescataré de todos los lugares por donde quedaron esparcidas ese día oscuro y nublado. 13 Las sacaré de entre los demás pueblos y naciones y las traeré de regreso a casa, a su propia tierra. Las alimentaré en las montañas de Israel, junto a los ríos y en todos los lugares habitados. 14 Así es, les daré buenos pastizales en las altas colinas de Israel. Descansarán en lugares agradables y se alimentarán con los abundantes pastizales verdes de las colinas. 15 Yo mismo cuidaré de mis ovejas y les daré un lugar para que se recuesten en paz, dice el Señor<br /> Soberano. 16 Buscaré a mis perdidas y las traeré sanas y salvas de regreso a casa. Vendaré a las heridas y fortaleceré a las débiles. Sin embargo, destruiré a las gordas y poderosas; ¡a ellas también les daré de comer, pero juicio! 17 »”En cuanto a ti, rebaño mío, esto dice el Señor<br /> Soberano a su pueblo: juzgaré entre un animal del rebaño y otro, y separaré a las ovejas de las cabras. 18 ¿No les basta quedarse con los mejores pastizales? ¿También tienen que pisotear lo que queda? ¿No les basta con beber el agua cristalina? ¿También tienen que enturbiar con las patas el resto del agua? 19 ¿Por qué mi rebaño tiene que comer lo que ustedes han pisoteado y beber el agua que han ensuciado? 20 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: sin duda alguna, juzgaré entre las ovejas gordas y las ovejas escuálidas. 21 Pues ustedes, las ovejas gordas, han empujado, embestido y desplazado a mi rebaño enfermo y hambriento hasta esparcirlo por tierras lejanas. 22 Así que yo rescataré a mi rebaño y ya no será maltratado. Juzgaré entre un animal del rebaño y otro. 23 Sobre ellos pondré un solo pastor, a mi siervo David. Él las alimentará y será su pastor. 24 Yo, el Señor<br />, seré su Dios y mi siervo David será un príncipe en medio de mi pueblo. ¡Yo, el Señor<br />, he hablado! 25 Pacto de paz del Señor<br />»”Haré un pacto de paz con mi pueblo y alejaré de la tierra a los animales peligrosos. Entonces los israelitas podrán acampar seguros en los lugares más silvestres y dormir sin temor en el bosque. 26 Bendeciré a mi pueblo y a sus hogares alrededor de mi colina sagrada. En la temporada oportuna les enviaré las lluvias que necesiten; habrá lluvias de bendición. 27 Los huertos y los campos de mi pueblo darán cosechas abundantes y todos vivirán seguros. Una vez que yo rompa las cadenas de su esclavitud y los rescate de quienes los esclavizaron, entonces ellos sabrán que yo soy el Señor<br />. 28 Ya no serán presa de otras naciones, ni animales salvajes los devorarán. Vivirán seguros y nadie los atemorizará. 29 »”Haré que su tierra sea famosa por sus cosechas, para que mi pueblo nunca más pase hambre ni sufra los insultos de naciones extranjeras. 30 De ese modo, sabrán que yo, el Señor<br /> su Dios, estoy con ellos y sabrán que ellos —los israelitas— son mi pueblo, dice el Señor<br /> Soberano. 31 Ustedes son mi rebaño, las ovejas de mi prado. Ustedes son mi pueblo y yo soy su Dios. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!”».
1 Mensaje para Edom<br />Nuevamente recibí un mensaje del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara al monte Seir y profetiza contra sus habitantes. 3 Dales este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano:<br />»“Oh monte Seir, yo soy tu enemigo<br />y levantaré mi puño contra ti<br />para destruirte por completo. 4 Demoleré tus ciudades<br />y te dejaré desolado.<br />Entonces sabrás que yo soy el Señor<br />. 5 »”Tu eterno odio por los israelitas te llevó a masacrarlos cuando estaban indefensos, cuando ya los había castigado por todos sus pecados. 6 Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, ya que no muestras rechazo alguno a la sangre, te daré tu propio baño de sangre. ¡Ahora te toca a ti! 7 Haré del monte Seir una desolación total; mataré a los que traten de escapar y a cualquiera que regrese. 8 Llenaré tus montes con los cadáveres. Tus colinas, valles y barrancos se colmarán de gente masacrada a espada. 9 Te dejaré desolado para siempre; tus ciudades jamás se reconstruirán. Entonces sabrás que yo soy el Señor<br />. 10 »”Pues dijiste: ‘Los territorios de Israel y Judá serán míos; me apoderaré de ellos. ¡Qué me importa que el Señor<br /> esté allí!’. 11 Por lo tanto, tan cierto como que yo vivo, dice el Señor<br /> Soberano, te pagaré todos tus actos de enojo con los míos. Te castigaré por todos tus actos de enojo, envidia y odio; y me daré a conocer a Israel<br /> por medio de lo que yo te haga a ti. 12 Entonces sabrás que yo, el Señor<br />, he oído cada palabra de desprecio que pronunciaste contra los montes de Israel. Pues dijiste: ‘¡Están desolados; nos fueron entregados para que los comamos!’. 13 ¡Al decir eso, se jactaron con arrogancia contra mí y lo oí todo! 14 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: todo el mundo se alegrará cuando te deje hecho un lugar desolado. 15 Tú te alegraste cuando el territorio de Israel fue devastado. ¡Ahora yo me alegraré de tu desolación! ¡Serán exterminados, ustedes, pueblo del monte Seir y todos los que viven en Edom! Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />”.
1 Restauración de Israel<br />»Hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel y dales este mensaje: “¡Oh montañas de Israel, oigan la palabra del Señor<br />! 2 Esto dice el Señor<br /> Soberano: sus enemigos se mofaron de ustedes diciendo: ‘¡Ajá, ahora las alturas antiguas nos pertenecen!’”. 3 Por lo tanto, hijo de hombre, da este mensaje a los montes de Israel de parte del Señor<br /> Soberano: “Sus enemigos los atacaron por todas partes, los hicieron propiedad de muchas naciones y objeto de mucha burla y calumnia. 4 Por lo tanto, montes de Israel, oigan la palabra del Señor<br /> Soberano. Él habla a las colinas y a los montes; a los barrancos y a los valles; a las asoladas tierras baldías y a las ciudades abandonadas de hace tiempo, que fueron destruidas y burladas por naciones vecinas. 5 Esto dice el Señor<br /> Soberano: el enojo de mis celos arde contra esas naciones, especialmente contra Edom, porque me trataron con total desprecio cuando, con aires de triunfo, se apoderaron de mi tierra y la tomaron como botín”. 6 »Por lo tanto, profetiza a las colinas y a los montes, a los barrancos y a los valles de Israel. Esto dice el Señor<br /> Soberano: “Estoy furioso porque pasaron vergüenza ante las naciones vecinas. 7 Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: he jurado solemnemente que pronto esas naciones tendrán que soportar su propia vergüenza. 8 »”Sin embargo, los montes de Israel producirán abundantes cosechas de frutos para mi pueblo, ¡que ya pronto regresará a casa! 9 Ya ven, ustedes me importan y les prestaré atención. Su suelo será arado y se sembrarán cultivos. 10 Aumentaré en gran manera la población de Israel y las ciudades en ruinas se reconstruirán y se llenarán de gente. 11 No solo aumentaré el número de habitantes, sino también de animales. Oh montes de Israel, traeré gente para que vuelva a habitarlos. Los haré aún más prósperos que antes. Así sabrán que yo soy el Señor<br />. 12 Haré que mi pueblo vuelva a transitarlos y ustedes formarán parte de su territorio. Nunca más privarán ustedes a mi pueblo de sus hijos. 13 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: las demás naciones se mofan de ti al decir: ‘¡Israel es una tierra que devora a su propia gente y deja a la nación sin hijos!’; 14 pero nunca más devorarás a tu gente ni los dejarás sin hijos, dice el Señor<br /> Soberano. 15 No permitiré que oigas los insultos de las otras naciones y ellas dejarán de burlarse de ti. No serás una tierra que provoque la caída de su propia nación, dice el Señor<br /> Soberano”». 16 Luego recibí este otro mensaje del Señor<br />: 17 «Hijo de hombre, cuando los israelitas vivían en su propia tierra, la contaminaron con su mala manera de vivir. Para mí, su conducta fue tan impura como el paño menstrual de una mujer. 18 Contaminaron la tierra con homicidios y con la adoración de ídolos,<br /> por eso derramé mi furia sobre ellos. 19 Los esparcí por varios países a fin de castigarlos por su mala manera de vivir; 20 pero esparcidos entre las naciones, deshonraron mi santo nombre. Pues las naciones decían: “¡Estos son el pueblo del Señor<br />, pero él no pudo protegerlos en su propia tierra!”. 21 Entonces me preocupé por mi santo nombre, al cual mi pueblo trajo vergüenza entre las naciones. 22 »Por lo tanto, da este mensaje a los israelitas de parte del Señor<br /> Soberano: “Los llevaré de regreso a su tierra, pero no porque lo merezcan sino para proteger mi santo nombre, que deshonraron mientras estaban esparcidos entre las naciones. 23 Mostraré cuán santo es mi gran nombre, el nombre que deshonraron entre las naciones. Cuando revele mi santidad por medio de ustedes ante los ojos de las naciones, dice el Señor<br /> Soberano, entonces ellas sabrán que yo soy el Señor<br />. 24 Pues los recogeré de entre todas las naciones y los haré regresar a su tierra. 25 »”Entonces los rociaré con agua pura y quedarán limpios. Lavaré su inmundicia y dejarán de rendir culto a ídolos. 26 Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo. 27 Pondré mi Espíritu en ustedes para que sigan mis decretos y se aseguren de obedecer mis ordenanzas. 28 »”Vivirán en Israel, la tierra que hace mucho tiempo di a sus antepasados. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. 29 Los limpiaré de su conducta inmunda. Les daré buenas cosechas de grano y no enviaré más hambrunas a su tierra. 30 Les daré abundantes cosechas de sus árboles frutales y sus campos, y nunca más las naciones vecinas podrán burlarse de su tierra a causa de las hambrunas. 31 Entonces recordarán los pecados que cometieron en el pasado y se avergonzarán de ustedes mismos por todas las cosas detestables que hicieron. 32 Sin embargo, recuerden, dice el Señor<br /> Soberano, que no lo hago porque lo merezcan. ¡Oh Israel, pueblo mío, ustedes deberían estar totalmente avergonzados por todo lo que hicieron! 33 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: cuando yo los limpie de sus pecados, volveré a poblar sus ciudades y se reconstruirán las ruinas. 34 Los campos que estaban vacíos y desolados, a la vista de todos, se cultivarán de nuevo. 35 Cuando los regrese a su tierra, la gente dirá: ‘¡Esta tierra era baldía y ahora se parece al jardín del Edén! ¡Las ciudades abandonadas y en ruinas ahora tienen murallas fuertes y están llenas de gente!’. 36 Entonces las naciones vecinas que hayan sobrevivido sabrán que yo, el Señor<br />, reedifiqué lo que estaba en ruinas y volví a sembrar la tierra baldía. Pues yo, el Señor<br />, lo he dicho, y cumpliré mi palabra. 37 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: estoy dispuesto a escuchar las oraciones de Israel y a aumentar su población como un rebaño. 38 Los israelitas serán tan numerosos como los rebaños sagrados que llenan las calles de Jerusalén en tiempos de los festivales. Las ciudades que estaban en ruinas estarán repletas de gente una vez más y todos sabrán que yo soy el Señor<br />”».
1 Un valle de huesos secos<br />El Señor<br /> puso su mano sobre mí y fui llevado por el Espíritu del Señor<br /> hasta un valle que estaba lleno de huesos. 2 El Señor<br /> me condujo por entre los huesos que cubrían el fondo del valle. Estaban desparramados en el suelo por todas partes y completamente secos. 3 Luego me preguntó:<br />—Hijo de hombre, ¿podrán estos huesos volver a convertirse en personas vivas?<br />—Oh Señor<br /> Soberano —respondí—, solo tú sabes la respuesta. 4 Entonces me dijo:<br />—Anuncia un mensaje profético a estos huesos y diles: “¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor<br />! 5 Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘¡Atención! ¡Pondré aliento dentro de ustedes y haré que vuelvan a vivir! 6 Les pondré carne y músculos y los recubriré con piel. Pondré aliento en ustedes y revivirán. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />’”. 7 Así que yo anuncié el mensaje, tal como él me dijo. De repente, mientras yo hablaba, se oyó un ruido, un traqueteo por todo el valle. Se juntaron los huesos de cada cuerpo y volvieron a unirse hasta formar esqueletos enteros. 8 Mientras yo observaba, vi que se formaron músculos y apareció carne sobre los huesos. Después se formó piel para recubrir los cuerpos, pero aún no tenían aliento de vida. 9 Luego me dijo: «Hijo de hombre, anuncia un mensaje profético a los vientos. Anuncia un mensaje profético y di: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘¡Ven, oh aliento, ven de los cuatro vientos y sopla en estos cuerpos muertos para que vuelvan a vivir!’”». 10 Así que yo anuncié el mensaje como él me ordenó y entró aliento en los cuerpos. Todos volvieron a la vida y se pusieron de pie; era un gran ejército. 11 Luego me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos representan al pueblo de Israel. Ellos dicen: “Nos hemos vuelto huesos viejos y secos; hemos perdido toda esperanza. Nuestra nación está acabada”. 12 Por lo tanto, profetiza y diles: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Oh pueblo mío, abriré las tumbas del destierro y haré que te levantes. Luego te regresaré a la tierra de Israel. 13 Cuando eso suceda, pueblo mío, sabrás que yo soy el Señor<br />. 14 Pondré mi Espíritu en ti, volverás a vivir y regresarás a tu propia tierra. Entonces sabrás que yo, el Señor<br />, he hablado y que he cumplido mi palabra. ¡Sí, el Señor<br /> ha hablado!’”». 15 Reunificación de Israel y Judá<br />Nuevamente recibí un mensaje del Señor<br />: 16 «Hijo de hombre, toma un trozo de madera y grábale estas palabras: “Esto representa a Judá y a sus tribus aliadas”. Luego toma otro trozo y graba en él estas palabras: “Esto representa a Efraín y a las tribus del norte de Israel”<br />. 17 Ahora toma ambos trozos en tu mano como si fueran una sola pieza de madera. 18 Cuando la gente te pregunte qué significa lo que haces, 19 diles: “Esto dice el Señor<br /> Soberano: ‘Tomaré a Efraín y a las tribus del norte y las uniré a Judá. Las convertiré en una sola pieza de madera en mi mano’”. 20 »Luego coloca, a la vista del pueblo, los trozos de madera que has grabado, para que todos puedan verlos. 21 Dales este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “Reuniré al pueblo de Israel de entre las naciones. Los regresaré a su propia tierra desde los lugares adonde fueron esparcidos. 22 Los unificaré para que formen una sola nación sobre los montes de Israel. Un rey los gobernará a todos; ya no estarán divididos en dos naciones o en dos reinos. 23 Nunca más se contaminarán con ídolos<br /> ni con imágenes repugnantes ni rebelión, porque los salvaré de recaer en el pecado y los limpiaré. Entonces serán verdaderamente mi pueblo y yo seré su Dios. 24 »”Mi siervo David será su rey y tendrán un solo pastor. Obedecerán mis ordenanzas y se asegurarán de cumplir mis decretos. 25 Vivirán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, la tierra donde vivieron sus antepasados. Tanto ellos como sus hijos y sus nietos vivirán allí para siempre, de generación en generación; y mi siervo David será su príncipe por siempre. 26 Haré con ellos un pacto de paz, un pacto eterno. Les daré su tierra y aumentaré su población,<br /> y pondré mi templo en medio de ellos para siempre. 27 Haré mi hogar entre ellos. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 28 Y cuando mi templo esté en medio de ellos para siempre, las naciones sabrán que yo soy el Señor<br />, quien hace santo a Israel”».
1 Mensaje para Gog<br />Este es otro mensaje que recibí del Señor<br />: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara a Gog, de la tierra de Magog, el príncipe que gobierna a las naciones de Mesec y Tubal, y profetiza contra él. 3 Dale este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “¡Gog, yo soy tu enemigo! 4 Te haré regresar y te pondré garfios en las mandíbulas para sacarte junto con todo tu ejército: tus caballos y tus conductores de carros con toda su armadura y una inmensa multitud armada con escudos y espadas. 5 Además te acompañarán Persia, Etiopía y Libia<br /> con todas sus armas. 6 También se sumarán Gomer y todos sus ejércitos, junto con los ejércitos de Bet-togarmá desde el lejano norte y muchos otros. 7 »”¡Prepárate; alístate! Mantén movilizados a todos los ejércitos que te rodean y toma el mando de ellos. 8 Al cabo de mucho tiempo, recibirás la orden de entrar en combate. En un futuro lejano, caerás en picada sobre la tierra de Israel, la cual estará disfrutando de paz, después de haberse recuperado de la guerra y luego de que su gente haya regresado de otras tierras hacia los montes de Israel. 9 Tú y todos tus aliados —un inmenso y temible ejército— descenderán sobre Israel como una tormenta y cubrirán la tierra como una nube. 10 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: en ese tiempo, te vendrán a la mente malos pensamientos y tramarás una estrategia perversa. 11 Dirás: ‘¡Israel es un país sin protección, lleno de aldeas sin murallas! ¡Marcharé contra Israel y destruiré a su pueblo, que vive tan confiado! 12 Iré a esas ciudades que antes estaban desoladas y que ahora están repletas de gente que regresó del destierro de muchas naciones. Las saquearé y me llevaré un enorme botín porque ahora los habitantes son ricos en animales y en otras posesiones. ¡Piensan que el mundo gira a su alrededor!’. 13 Sin embargo, los de Saba y Dedán, y los mercaderes de Tarsis preguntarán: ‘¿De verdad piensas que los ejércitos que has juntado podrán robarles la plata y el oro? ¿Piensas que puedes llevarte los animales, apoderarte de sus bienes y saquear su riqueza?’”. 14 »Por lo tanto, hijo de hombre, profetiza contra Gog. Dale este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “Cuando mi pueblo viva en paz en su país, entonces tú te despertarás. 15 Vendrás desde tu tierra natal, en el lejano norte, con tu inmensa caballería y tu poderoso ejército, 16 atacarás a mi pueblo Israel y cubrirás su tierra como una nube. En ese futuro lejano, te traeré contra mi tierra ante la vista de todos y se demostrará mi santidad, Gog, por medio de lo que te suceda a ti. Luego todas las naciones sabrán que yo soy el Señor<br />. 17 »”Esto pregunta el Señor<br /> Soberano: ¿eres tú de quien yo hablé hace mucho tiempo, cuando anuncié mediante los profetas de Israel que en el futuro te enviaría contra mi pueblo? 18 Pero esto dice el Señor<br /> Soberano: cuando Gog invada la tierra de Israel, ¡herviré de furia! 19 En mis celos y en mi enojo ardiente prometo que ese día habrá una violenta sacudida en el territorio de Israel. 20 Todos los seres vivientes —los peces en el mar, las aves del cielo, los animales del campo, los pequeños animales que corren por el suelo y toda la gente de la tierra— temblarán de terror ante mi presencia. Se derrumbarán las montañas, se desintegrarán los acantilados y las murallas caerán al suelo. 21 Convocaré contra ti a la espada en todas las colinas de Israel, dice el Señor<br /> Soberano. Tus hombres se atacarán con la espada unos contra otros. 22 Te castigaré a ti y a tus ejércitos con enfermedades y derramamiento de sangre; ¡enviaré lluvias torrenciales, granizo, fuego y azufre ardiente! 23 De ese modo, mostraré mi grandeza y santidad, y me daré a conocer a todas las naciones del mundo. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />”.
1 Masacre de las multitudes de Gog<br />»Hijo de hombre, profetiza contra Gog. Dale este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “Yo soy tu enemigo, oh Gog, gobernante de las naciones de Mesec y Tubal. 2 Te haré regresar, te traeré desde el lejano norte y te llevaré hacia las montañas de Israel. 3 Te quitaré el arco de la mano izquierda y las flechas de la mano derecha y te dejaré indefenso. 4 Tú, tu ejército y tus aliados morirán sobre las montañas. Te haré comida para los buitres y los animales salvajes. 5 Caerás en campo abierto, porque yo he hablado, dice el Señor<br /> Soberano. 6 Haré llover fuego sobre Magog y sobre todos tus aliados que viven seguros en las costas. Entonces sabrán que yo soy el Señor<br />. 7 »”De ese modo, daré a conocer mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel. No permitiré que nadie deshonre mi nombre; y las naciones también sabrán que yo soy el Señor<br />, el Santo de Israel. 8 Ese día de juicio llegará, dice el Señor<br /> Soberano. Todo sucederá tal como lo he declarado. 9 »”Entonces los habitantes de las ciudades de Israel saldrán a recoger tus escudos pequeños y grandes, tus arcos y flechas, tus jabalinas y tus lanzas, y lo usarán todo como leña. ¡Habrá suficiente para que les dure siete años! 10 No será necesario cortar leña de los campos ni de los bosques, porque de esas armas obtendrán toda la leña que necesiten. Saquearán a quienes pensaban saquearlos y robarán a quienes pensaban robarles, dice el Señor<br /> Soberano. 11 »”Prepararé un inmenso cementerio para Gog y sus multitudes en el valle de los Viajeros, al oriente del mar Muerto.<br /> Ese lugar impedirá el paso de quienes viajen por allí y el lugar pasará a llamarse valle de las Multitudes de Gog. 12 Les llevará siete meses a los israelitas enterrar los cuerpos y limpiar la tierra. 13 Todo el pueblo colaborará, pues será una victoria gloriosa para Israel ese día, cuando demuestre mi gloria, dice el Señor<br /> Soberano. 14 »”Pasados los siete meses, se nombrarán grupos de hombres que exploren la tierra en busca de esqueletos para enterrar y así la tierra quedará limpia de nuevo. 15 Donde encuentren huesos pondrán un indicador para que los equipos encargados de enterrarlos los trasladen al valle de las Multitudes de Gog y los sepulten allí. 16 (Habrá allí una ciudad llamada Hamona, que significa ‘multitud’). Así por fin quedará limpia la tierra”. 17 »Ahora, hijo de hombre, esto dice el Señor<br /> Soberano: llama a las aves y a los animales salvajes y diles: “Reúnanse para mi gran banquete sacrificial. ¡Vengan de lejos y de cerca a los montes de Israel y coman allí carne y beban sangre! 18 ¡Coman la carne de hombres valientes y beban la sangre de príncipes como si fueran carneros, corderos, cabras y toros; todos animales engordados de Basán! 19 Devoren la carne hasta quedar hastiados; beban la sangre hasta embriagarse. Es el banquete sacrificial que he preparado para ustedes. 20 Sáciense de la mesa de mi banquete; devoren caballos y conductores de carros, hombres poderosos y toda clase de guerreros valientes, dice el Señor<br /> Soberano”. 21 »De ese modo, mostraré mi gloria a las naciones. Todos verán el castigo que les impuse y el poder de mi puño cuando golpeo. 22 A partir de entonces, el pueblo de Israel sabrá que yo soy el Señor<br /> su Dios. 23 Luego las naciones sabrán por qué los israelitas fueron enviados al destierro: fue el castigo por su pecado, porque fueron infieles a su Dios. Por lo tanto, les di la espalda y dejé que sus enemigos los destruyeran. 24 Les di la espalda y los castigué por su contaminación y por sus pecados. 25 Restauración del pueblo de Dios<br />»Ahora bien, esto dice el Señor<br /> Soberano: pondré fin a la cautividad de mi pueblo.<br /> ¡Tendré misericordia de todo Israel, pues yo protejo celosamente mi santa reputación! 26 Una vez que regresen a su propia tierra para vivir en paz, donde nadie los molestará, asumirán la responsabilidad de<br /> la deshonra e infidelidad que cometieron. 27 Cuando los haga regresar de las tierras de sus enemigos, mostraré mi santidad en medio de ellos para que la vean todas las naciones. 28 Entonces mi pueblo sabrá que yo soy el Señor<br /> su Dios, porque los envié al destierro y los regresé a su hogar. No abandonaré a ninguno de mi pueblo. 29 Nunca más esconderé mi rostro de ellos, pues derramaré mi Espíritu sobre el pueblo de Israel. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!».
1 La nueva zona del templo<br />El 28 de abril,<br /> durante el año veinticinco de nuestra cautividad —catorce años después de la caída de Jerusalén—, el Señor<br /> puso su mano sobre mí. 2 En una visión que provenía de Dios, él me llevó a la tierra de Israel y me puso sobre una montaña muy alta. Desde allí pude ver hacia el sur lo que parecía ser una ciudad. 3 A medida que me acercaba, vi a un hombre de pie junto a una puerta de entrada y su rostro brillaba como el bronce. En la mano tenía una cuerda de medir hecha de lino y una vara para medir. 4 Me dijo: «Hijo de hombre, observa y escucha. Presta mucha atención a todo lo que te voy a mostrar. Te he traído aquí para enseñarte muchas cosas. Después regresarás y le contarás al pueblo de Israel todo lo que has visto». 5 La puerta oriental<br />Pude ver un muro que rodeaba por completo la zona del templo. El hombre tomó una vara que medía tres metros con veinte centímetros<br /> de largo y midió el muro, y el muro tenía tres metros con veinte centímetros<br /> de espesor y tres metros con veinte centímetros de alto. 6 Luego se dirigió a la puerta oriental. Subió los escalones y midió el umbral de la puerta; tenía tres metros con veinte centímetros de fondo. 7 También había cuartos de vigilancia construidos a cada lado del pasillo de la entrada. Cada cuarto formaba un cuadrado de tres metros con veinte centímetros de lado; entre cuarto y cuarto había una distancia de dos metros con setenta centímetros,<br /> a lo largo de la pared del pasillo. El umbral interior de la puerta, que conducía a la antesala, en el extremo interior del pasillo de la entrada, tenía tres metros con veinte centímetros de fondo. 8 También midió la antesala de la entrada. 9 Tenía cuatro metros con veinte centímetros<br /> de un extremo a otro y columnas de apoyo de un metro con diez centímetros<br /> de espesor. Esa antesala estaba en el extremo interior de la estructura de la entrada y daba al templo. 10 Había tres cuartos de vigilancia a cada lado del pasillo de la entrada. Todos medían lo mismo y las paredes divisorias entre ellos también eran idénticas. 11 El hombre midió la puerta de entrada; medía cinco metros con treinta centímetros<br /> de ancho en la abertura y seis metros con noventa centímetros<br /> de ancho en el pasillo. 12 Delante de cada cuarto de vigilancia había un muro bajo de cincuenta y tres centímetros.<br /> Los cuartos mismos medían tres metros con veinte centímetros<br /> de lado. 13 Luego el hombre midió la anchura total de la entrada tomando la distancia desde la pared del fondo de un cuarto hasta la pared del fondo del cuarto del lado opuesto; daba trece metros con treinta centímetros. 14 También midió las paredes divisorias a lo largo del interior de la entrada hasta la antesala de la entrada; la distancia era de treinta y un metros con ochenta centímetros. 15 La longitud total del pasillo de la entrada era de veintiséis metros con cincuenta centímetros<br /> desde un extremo al otro. 16 En los muros de los cuartos de vigilancia y en sus paredes divisorias había ventanas empotradas que se angostaban hacia adentro. También había ventanas en la antesala y las superficies de las paredes divisorias estaban decoradas con palmeras talladas. 17 El atrio exterior<br />Luego el hombre me llevó por la entrada al atrio exterior del templo. A lo largo de los muros del atrio se extendía un empedrado y había treinta habitaciones construidas contra los muros, todas daban al empedrado. 18 El empedrado flanqueaba las puertas y su distancia desde los muros hasta el atrio era equivalente a la puerta de entrada. Ese era el empedrado de abajo. 19 Luego el hombre midió la distancia a lo ancho del atrio exterior del templo entre la entrada exterior y la interior; era de cincuenta y tres metros. 20 La puerta norte<br />El hombre midió la puerta norte, igual como midió la del oriente. 21 En esta entrada también había tres cuartos de vigilancia a cada lado, con paredes divisorias y una antesala. Todas las medidas coincidían con las de la puerta oriental. El pasillo de la entrada tenía veintiséis metros con cinco centímetros de largo y trece metros con treinta centímetros de ancho entre las paredes del fondo de los cuartos de vigilancia de lados opuestos. 22 Las ventanas, la antesala y las decoraciones de palmeras eran idénticas a las de la entrada oriental. Había siete escalones que conducían a la puerta de la entrada y la antesala estaba situada en el extremo interior del pasillo de la entrada. 23 En el lado norte, tal como en el lado oriental, había otra puerta, que conducía al atrio interior del templo, la cual estaba en dirección opuesta a esta entrada exterior. La distancia de puerta a puerta era de cincuenta y tres metros. 24 La puerta sur<br />Luego el hombre me llevó hacia la puerta sur y midió sus diversas partes, las cuales eran exactamente iguales a las de las otras puertas. 25 Tenía ventanas en las paredes, como las otras, y había una antesala mediante la cual el pasillo de la entrada salía al atrio exterior. Y como en las demás, el pasillo de la entrada tenía veintiséis metros con cincuenta centímetros de largo, y trece metros con treinta centímetros de ancho entre las paredes del fondo de los cuartos de vigilancia en lados opuestos. 26 Esta entrada también tenía una escalera de siete escalones que conducía a la puerta, así como una antesala en el extremo interior y decoraciones de palmeras en las paredes divisorias. 27 Asimismo, en dirección opuesta a la entrada exterior, había otra puerta que conducía al atrio interior. La distancia entre puerta y puerta era de cincuenta y tres metros. 28 Puertas del atrio interior<br />Luego el hombre me llevó a la puerta sur que conducía al atrio interior. La midió y tenía las mismas medidas que las demás puertas. 29 Los cuartos de vigilancia, las paredes divisorias y la antesala eran del mismo tamaño que en las otras. También tenía ventanas en las paredes y en la antesala. Y como las demás, el pasillo de la entrada tenía veintiséis metros con cincuenta centímetros de largo y trece metros con treinta centímetros de ancho. 30 (Las antesalas de las entradas que conducían al atrio interior medían cuatro metros con veinte centímetros<br /> de ancho y trece metros con treinta centímetros de largo). 31 La antesala de la puerta sur daba al atrio exterior. Tenía decoraciones de palmeras en sus columnas y había ocho escalones que conducían a la entrada. 32 Luego el hombre me llevó a la puerta oriental que conducía al atrio interior. La midió y tenía las mismas medidas que las demás puertas. 33 Los cuartos de vigilancia, las paredes divisorias y la antesala eran del mismo tamaño que en las otras. También había ventanas en las paredes y en la antesala. El pasillo de la entrada medía veintiséis metros con cincuenta centímetros de largo y trece metros con treinta centímetros de ancho. 34 La antesala daba al atrio exterior. Tenía decoraciones de palmeras en sus columnas y había ocho escalones que conducían a la entrada. 35 Luego me llevó a la puerta norte que conducía al atrio interior. La midió y tenía las mismas medidas que las demás puertas. 36 Los cuartos de vigilancia, las paredes divisorias y la antesala de esta entrada medían lo mismo que en las otras y tenían la misma disposición de ventanas. El pasillo de la entrada medía veintiséis metros con cincuenta centímetros de largo y trece metros con treinta centímetros de ancho. 37 La antesala daba al atrio exterior y tenía decoraciones de palmeras en las columnas; también había ocho escalones que conducían a la entrada. 38 Habitaciones para preparar los sacrificios<br />En la antesala de una de las entradas interiores, había una puerta que conducía a una habitación lateral donde se lavaba la carne para los sacrificios. 39 A cada lado de esta antesala había dos mesas, en las cuales se mataban los animales sacrificiales para las ofrendas quemadas, las ofrendas por el pecado y las ofrendas por la culpa. 40 Afuera de la antesala, a cada lado de la escalera que subía hacia la puerta norte, había dos mesas más. 41 De modo que había en total ocho mesas —cuatro adentro y cuatro afuera— donde se cortaban y preparaban los sacrificios. 42 También había cuatro mesas de piedra labrada, que se usaban para preparar las ofrendas quemadas; cada una formaba un cuadrado de ochenta centímetros de lado y cincuenta y tres centímetros de alto.<br /> Sobre esas mesas se colocaban los cuchillos y demás utensilios para matar a los animales del sacrificio. 43 Había ganchos de ocho centímetros<br /> de largo, sujetados a las paredes del vestíbulo, y la carne para los sacrificios se colocaba sobre las mesas. 44 Habitaciones para los sacerdotes<br />Dentro del atrio interior había dos habitaciones,<br /> una ubicada junto a la entrada norte, que daba al sur, y la otra ubicada junto a la entrada sur,<br /> que daba al norte. 45 Entonces el hombre me dijo: «La habitación que está junto a la entrada interior del lado norte es para los sacerdotes que supervisan el mantenimiento del templo. 46 La habitación junto a la entrada interior del lado sur es para los sacerdotes encargados del altar —los descendientes de Sadoc—, pues ellos son los únicos levitas que pueden acercarse al Señor<br /> para servirle». 47 El atrio interior y el templo<br />Luego el hombre midió el atrio interior y era un cuadrado de cincuenta y tres metros de ancho por cincuenta y tres metros de largo. El altar estaba ubicado en el atrio, delante del templo. 48 Después me llevó a la antesala del templo. Midió los muros a cada lado de la abertura de entrada a la antesala y tenían dos metros con setenta centímetros de espesor. La entrada misma medía siete metros con cuarenta centímetros de ancho y los muros a cada lado de la entrada tenían un metro con sesenta centímetros<br /> más de largo. 49 La antesala tenía diez metros con sesenta centímetros<br /> de ancho y siete metros con cuarenta centímetros<br /> de fondo. Había diez escalones que conducían a la antesala y una columna a cada lado de la entrada.
1 Después el hombre me llevó al santuario del templo. Midió el espesor de los muros a cada lado del portal y era de tres metros con veinte centímetros. 2 El portal medía cinco metros con treinta centímetros<br /> de ancho y los muros a cada lado tenían una longitud de dos metros con setenta centímetros.<br /> El santuario en sí era de veintiún metros con veinte centímetros de largo y diez metros con sesenta centímetros de ancho. 3 Luego él pasó del santuario a la sala interior. Midió los muros a cada lado de la entrada y tenían un espesor de un metro con diez centímetros.<br /> La entrada medía tres metros con veinte centímetros de ancho y los muros a cada lado de la entrada tenían una longitud de tres metros con setenta centímetros. 4 La sala interior del santuario medía diez metros con sesenta centímetros<br /> de largo y diez metros con sesenta centímetros de ancho. El hombre me dijo: «Este es el Lugar Santísimo». 5 Luego midió el muro del templo y tenía un espesor de tres metros con veinte centímetros. Había una hilera de habitaciones a lo largo del muro exterior; cada habitación medía dos metros con diez centímetros<br /> de ancho. 6 Esas habitaciones laterales estaban construidas en tres pisos, uno encima del otro, y había treinta habitaciones en cada piso. Las vigas de esas habitaciones laterales se apoyaban sobre cornisas exteriores que sobresalían del muro del templo; no estaban empotradas en el muro. 7 El muro del templo era más estrecho a medida que aumentaba su altura y por eso cada piso era más ancho que el de abajo. Una escalera subía desde el piso de abajo por el piso intermedio hacia el piso de arriba. 8 Vi que el templo estaba construido sobre una plataforma elevada, la cual servía de base para las habitaciones laterales. La plataforma tenía una altura de tres metros con veinte centímetros. 9 La pared exterior de las habitaciones laterales del templo tenía un espesor de dos metros con setenta centímetros, lo cual dejaba un espacio libre entre las habitaciones laterales 10 y la hilera de habitaciones a lo largo del muro exterior del atrio interior. Ese espacio libre tenía diez metros con sesenta centímetros de ancho y rodeaba todo el templo. 11 De las habitaciones laterales salían dos puertas al atrio del terraplén, que tenía dos metros con setenta centímetros de ancho. Una puerta daba al norte y la otra daba al sur. 12 Por el occidente había un gran edificio, cuyo frente daba al atrio del templo. De ancho medía treinta y siete metros con diez centímetros, de largo cuarenta y siete metros con setenta centímetros; sus muros tenían dos metros con setenta centímetros<br /> de espesor. 13 Luego el hombre midió la longitud del templo y era de cincuenta y tres metros.<br /> El atrio que rodeaba el edificio con los muros incluidos, tenía de largo cincuenta y tres metros más. 14 El atrio interior al oriente del templo también tenía cincuenta y tres metros de ancho. 15 El edificio al occidente, con sus dos muros incluidos, también tenía cincuenta y tres metros de ancho.<br />El santuario, la sala interior y la antesala del templo 16 tenían un revestimiento de madera, al igual que los marcos de las ventanas empotradas. Los muros interiores del templo estaban revestidos con madera por encima y por debajo de las ventanas. 17 También estaban revestidos de madera el espacio sobre la puerta que daba a la habitación interior y sus paredes, por dentro y por fuera. 18 Todas las paredes estaban decoradas con querubines tallados, cada uno con dos caras, y había una palmera tallada entre cada querubín. 19 Una cara —que era de hombre— miraba hacia la palmera de un lado; la otra cara —de un león joven— miraba hacia la palmera del otro lado. Las figuras estaban talladas por todo el interior del templo, 20 desde el piso hasta la parte superior de las paredes, incluido el muro exterior del santuario. 21 En la entrada al santuario había columnas cuadradas y eran similares a las que había en la entrada del Lugar Santísimo. 22 Había también un altar de madera, que medía un metro con sesenta centímetros de alto y un metro con diez centímetros de ancho.<br /> Las esquinas, la base y los costados del altar estaban hechos de madera. El hombre me dijo: «Esta es la mesa que está delante de la presencia del Señor<br />». 23 Tanto el santuario como el Lugar Santísimo tenían doble entrada 24 y cada entrada consistía de dos puertas giratorias. 25 Las puertas que conducían al santuario estaban decoradas con querubines tallados y palmeras talladas, como las de los muros. Había un techo de madera frente a la antesala del templo. 26 A ambos lados de la antesala había ventanas empotradas, decoradas con palmeras talladas. Las habitaciones laterales a lo largo del muro exterior también tenían techos.
1 Habitaciones para los sacerdotes<br />Luego el hombre me llevó afuera del atrio del templo por la puerta norte. Entramos al atrio exterior y llegamos a un conjunto de habitaciones edificadas contra el muro norte del atrio interior. 2 Esta estructura tenía cincuenta y tres metros de largo<br /> y veintiséis metros con cincuenta centímetros de ancho;<br /> la entrada abría hacia el norte. 3 Un grupo de habitaciones daba al espacio del atrio interior que tenía diez metros con sesenta centímetros<br /> de ancho. Otro grupo de habitaciones daba al empedrado del atrio exterior. Ambos grupos tenían tres pisos de alto y estaban construidos uno frente al otro. 4 Entre los dos grupos de habitaciones se extendía un pasillo de cinco metros con treinta centímetros<br /> de ancho, que recorría los cincuenta y tres metros de largo del complejo,<br /> y todas las puertas daban al norte. 5 Cada uno de los dos pisos de arriba era más angosto que el de debajo, porque era necesario dejar espacio delante de ellos para los pasillos. 6 Dado que eran tres pisos y no tenían columnas de apoyo como las habitaciones de los atrios, cada piso de arriba comenzaba más atrás en relación con el piso de debajo. 7 Había un muro exterior de veintiséis metros con cincuenta centímetros de largo, que separaba las habitaciones del atrio exterior. 8 Este muro agregaba longitud al conjunto exterior de habitaciones, que medía solo veintiséis metros con cincuenta centímetros de largo, mientras que el conjunto interior —las habitaciones que daban al templo— tenía cincuenta y tres metros de largo. 9 Desde el atrio exterior había una entrada a estas habitaciones por el oriente. 10 En el lado sur<br /> del templo había dos grupos de habitaciones, entre el templo y el atrio exterior, inmediatamente al sur del atrio interior. Estas habitaciones estaban dispuestas de la misma manera que las habitaciones del lado norte. 11 Había un pasillo entre ambos grupos de habitaciones, igual que en el complejo de edificios del lado norte del templo. Este complejo de habitaciones medía lo mismo de largo y de ancho que el otro complejo y tenía las mismas entradas y puertas. Las dimensiones de uno y otro eran idénticas. 12 De modo que había una entrada en el muro, frente a las puertas del conjunto interior de habitaciones y otra entrada en el lado oriental, al final del pasillo interior. 13 Luego el hombre me dijo: «Estas habitaciones que dan al templo desde el norte y el sur son santas. Aquí es donde los sacerdotes que ofrezcan sacrificios al Señor<br /> comerán las ofrendas más santas. Ahora bien, dado que estas habitaciones son santas, se usarán para guardar las ofrendas sagradas: las ofrendas de grano, las ofrendas por el pecado y las ofrendas por la culpa. 14 Cuando los sacerdotes salgan del santuario, no deberán ir directamente al atrio exterior. Primero tendrán que quitarse la ropa que llevaban puesta mientras oficiaban, porque esa ropa es santa. Deberán ponerse otra ropa antes de entrar a los sectores del complejo abiertos al público». 15 Cuando el hombre terminó de medir la zona interior del templo, me llevó por la entrada oriental para medir todo el perímetro. 16 Midió con su vara el lado oriental y resultó tener doscientos sesenta y cinco metros de largo. 17 Luego midió el lado norte y también tenía doscientos sesenta y cinco metros. 18 El lado sur también tenía doscientos sesenta y cinco metros, 19 y lo mismo el lado occidental, doscientos sesenta y cinco metros. 20 Así que la zona medía doscientos sesenta y cinco metros en cada lado y tenía un muro alrededor para separar lo santo de lo común.
1 La gloria del Señor<br /> vuelve al templo<br />Después el hombre me llevó de regreso a la puerta oriental. 2 De pronto, la gloria del Dios de Israel apareció desde el oriente. El sonido de su venida era como el rugir de aguas torrentosas y todo el paisaje resplandeció con su gloria. 3 Esta visión fue igual a las otras que yo había tenido, primero junto al río Quebar y después cuando el Señor<br /> vino a destruir Jerusalén. Caí con el rostro en tierra 4 y la gloria del Señor<br /> entró al templo por la puerta oriental. 5 Luego el Espíritu me levantó y me llevó al atrio interior, y la gloria del Señor<br /> llenó el templo. 6 Entonces oí que alguien me hablaba desde el interior del templo, mientras el hombre que tomaba las medidas se ponía a mi lado. 7 El Señor<br /> me dijo: «Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono y el lugar donde pondré los pies. Viviré aquí para siempre, entre los israelitas. Ni ellos ni sus reyes volverán a profanar mi santo nombre cometiendo adulterio al rendir culto a otros dioses y honrando las reliquias de sus reyes ya muertos. 8 Colocaron los altares para sus ídolos junto a mi altar, con solo un muro de separación entre ellos y yo. Profanaron mi santo nombre con ese pecado tan detestable, por eso los consumí en mi enojo. 9 Que dejen ya de rendir culto a otros dioses y de honrar las reliquias de sus reyes, y yo viviré entre ellos para siempre. 10 »Hijo de hombre, describe al pueblo de Israel el templo que te he mostrado, para que ellos se avergüencen de todos sus pecados. Dejen que estudien el plano del templo 11 y se avergonzarán<br /> de lo que hicieron. Descríbeles todas las especificaciones del templo —incluidas las entradas y las salidas— y todos los demás detalles. Háblales de los decretos y las leyes del templo. Escribe todas las especificaciones y los decretos mientras ellos observan, para que sin falta los recuerden y los sigan. 12 Esta es la ley fundamental del templo: ¡santidad absoluta! Toda la cumbre del monte donde está el templo es santa. Sí, esta es la ley fundamental del templo. 13 El altar<br />»Estas son las medidas del altar:<br /> alrededor del altar hay una zanja de cincuenta y tres centímetros de profundidad por cincuenta y tres centímetros de ancho,<br /> con un reborde de veintitrés centímetros<br /> de ancho. Esta es la altura<br /> del altar: 14 desde la zanja, el altar se eleva un metro con diez centímetros<br /> hasta una saliente inferior de cincuenta y tres centímetros<br /> de ancho, que rodea el altar. Desde la saliente inferior, el altar se eleva dos metros con diez centímetros<br /> hasta la saliente superior, también de cincuenta y tres centímetros de ancho. 15 La parte superior del altar —la plataforma para el fuego— se eleva otros dos metros con diez centímetros y tiene un cuerno hacia arriba en cada una de las cuatro esquinas. 16 La parte superior del altar es cuadrada y mide seis metros con cuarenta centímetros de lado. 17 La saliente superior también forma un cuadrado de siete metros con cuarenta centímetros de lado,<br /> tiene una zanja de cincuenta y tres centímetros, un reborde de veintisiete centímetros<br /> por alrededor y escalones para subir al altar por el lado oriental». 18 Luego me dijo: «Hijo de hombre, esto dice el Señor<br /> Soberano: cuando se construya el altar, estas serán las ordenanzas para quemar las ofrendas y rociar la sangre. 19 En ese tiempo, a los sacerdotes levitas de la familia de Sadoc, quienes ministran delante de mí, se les dará un becerro para la ofrenda por el pecado, dice el Señor<br /> Soberano. 20 Tomarás parte de la sangre del animal y con ella untarás los cuatro cuernos del altar, las cuatro esquinas de la saliente superior y el reborde que rodea la saliente. Esto limpiará el altar y hará expiación por él. 21 Luego tomarás el becerro para la ofrenda por el pecado y lo quemarás en el lugar indicado afuera de la zona del templo. 22 »El segundo día, sacrificarás como ofrenda por el pecado un cabrito que no tenga ningún defecto físico. Después, nuevamente limpiarás el altar y harás expiación por él, tal como hiciste con el becerro. 23 Cuando hayas terminado con la ceremonia de purificación, ofrecerás otro becerro que no tenga defectos y un carnero perfecto del rebaño. 24 Se los presentarás al Señor<br />, y los sacerdotes los rociarán con sal y los ofrecerán como ofrenda quemada al Señor<br />. 25 »Diariamente, durante siete días, se sacrificarán un cabrito, un becerro y un carnero del rebaño como ofrenda por el pecado. Esos animales no deberán tener ningún defecto físico. 26 Hazlo diariamente, durante siete días, para limpiar el altar y hacer expiación por él, y así quedará apartado para un uso santo. 27 A partir del octavo día, los sacerdotes sacrificarán a diario sobre el altar las ofrendas quemadas y las ofrendas de paz del pueblo. Entonces los aceptaré a ustedes. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!».
1 El príncipe, los levitas y los sacerdotes<br />Luego el hombre me llevó nuevamente a la puerta oriental, ubicada en el muro exterior de la zona del templo, pero estaba cerrada. 2 Entonces el Señor<br /> me dijo: «Esta entrada debe permanecer cerrada; nunca volverá a abrirse. Nadie jamás la abrirá ni entrará por ella, pues el Señor<br />, Dios de Israel, entró por aquí. Por lo tanto, permanecerá siempre cerrada. 3 Únicamente el príncipe podrá sentarse debajo de esta entrada para disfrutar de una comida en la presencia del Señor<br />; pero solo podrá entrar y salir por la antesala de la entrada». 4 Luego el hombre me llevó por la entrada norte hasta el frente del templo. Miré y vi que la gloria del Señor<br /> llenaba el templo del Señor<br />, así que caí al suelo rostro en tierra. 5 Entonces el Señor<br /> me dijo: «Hijo de hombre, presta mucha atención. Usa los ojos y los oídos, y escucha atentamente todo lo que te diga sobre las ordenanzas acerca del templo del Señor<br />. Presta mucha atención a los procedimientos para usar las entradas y las salidas del templo. 6 Da a esos rebeldes, los israelitas, este mensaje de parte del Señor<br /> Soberano: “¡Oh pueblo de Israel, basta ya con tus pecados detestables! 7 Has traído a extranjeros incircuncisos a mi santuario, gente que no tiene corazón para Dios. De ese modo, profanaste mi templo incluso mientras me ofrecías mi alimento: la grasa y la sangre de los sacrificios. Además de todos tus otros pecados detestables, rompiste mi pacto. 8 En lugar de proteger mis ritos sagrados, contrataste a extranjeros para que se encargaran de mi santuario. 9 »”Por lo tanto, esto dice el Señor<br /> Soberano: ningún extranjero, ni siquiera los que vivan entre los israelitas, entrará en mi santuario si no se ha circuncidado y entregado al Señor<br />. 10 Además, los hombres de la tribu de Leví que me abandonaron cuando Israel se alejó de mí para rendir culto a ídolos<br /> tendrán que sufrir las consecuencias de su infidelidad. 11 Aun así podrán servir como guardias del templo y porteros, podrán matar los animales para las ofrendas quemadas y estar presentes para ayudar al pueblo. 12 Sin embargo, incitaron a mi pueblo a rendir culto a ídolos e hicieron que los israelitas cayeran en un pecado muy grave. Por eso hice un juramento solemne de que tendrán que sufrir las consecuencias por sus pecados, dice el Señor<br /> Soberano. 13 No se les permite acercarse a mí para ministrar como sacerdotes. Tampoco se les permite tocar ninguno de mis objetos santos ni las ofrendas santas, pues deberán cargar con la vergüenza de todos los pecados detestables que cometieron. 14 Servirán como cuidadores del templo a cargo del trabajo de mantenimiento y las tareas generales. 15 »”Sin embargo, los sacerdotes levitas de la familia de Sadoc continuaron sirviendo fielmente en el templo cuando los israelitas me abandonaron para rendir culto a ídolos. Estos hombres servirán como ministros míos. Estarán en mi presencia y ofrecerán la grasa y la sangre de los sacrificios, dice el Señor<br /> Soberano. 16 Solo ellos entrarán en mi santuario y se acercarán a mi mesa para servirme. Ellos cumplirán todos mis requisitos. 17 »”Cuando entren por la puerta al atrio interior, deben vestir solamente ropa de lino. No se vestirán con lana cuando estén de turno en el atrio interior o en el templo mismo. 18 Llevarán puestos turbantes de lino y ropa interior de lino. No deberán vestir nada que los haga transpirar. 19 Cuando regresen al atrio exterior donde está el pueblo, tendrán que quitarse la ropa que usaron mientras me sirvieron. Dejarán esa ropa en las habitaciones sagradas y se cambiarán, a fin de no poner a nadie en peligro al transmitirle santidad con esa ropa. 20 »”No se raparán la cabeza ni se dejarán crecer demasiado el cabello, sino que deberán recortárselo con frecuencia. 21 Los sacerdotes no beberán vino antes de entrar al atrio interior. 22 Podrán casarse únicamente con una virgen de Israel o con la viuda de un sacerdote. No podrán casarse con otras viudas ni con mujeres divorciadas. 23 Enseñarán a mi pueblo la diferencia entre lo santo y lo común, entre lo ceremonialmente puro y lo impuro. 24 »”Servirán de jueces para resolver cualquier desacuerdo que surja en mi pueblo y sus decisiones tendrán que basarse en mis ordenanzas. Y los sacerdotes mismos deberán obedecer mis instrucciones y decretos en todos los festivales sagrados y ocuparse de que los días de descanso sean apartados como días santos. 25 »”Un sacerdote no deberá contaminarse al estar en presencia de un cadáver, a menos que se trate de su padre, su madre, uno de sus hijos, de sus hermanos o hermanas solteras. En tales casos está permitido. 26 Aun así, podrá volver a desempeñar sus tareas en el templo solo después de purificarse ceremonialmente y luego esperar siete días. 27 El primer día que vuelva a su trabajo y entre al atrio interior y al santuario, deberá presentar una ofrenda por su propio pecado, dice el Señor<br /> Soberano. 28 »”Los sacerdotes no tendrán ninguna parte ni porción de la tierra, porque solo yo seré su preciada posesión. 29 Su alimento provendrá de las ofrendas y los sacrificios que el pueblo lleve al templo: las ofrendas de grano, las ofrendas por el pecado y las ofrendas por la culpa. Todo lo que alguien aparte<br /> para el Señor<br /> pertenecerá a los sacerdotes. 30 Los primeros frutos maduros y todas las ofrendas presentadas al Señor<br /> pertenecerán a los sacerdotes. También se entregarán a los sacerdotes las primeras muestras de cada cosecha de grano y lo primero de la harina, para que el Señor<br /> bendiga los hogares de ustedes. 31 Los sacerdotes tendrán prohibido comer carne de cualquier ave o animal que muera de muerte natural o por haber sido atacado por otro animal.
1 División de la tierra<br />»”Cuando se repartan la tierra entre las tribus de Israel, deberán apartar una sección para el Señor<br />, la cual será su porción santa. Esa porción tendrá trece kilómetros con trescientos metros de largo por diez kilómetros con seiscientos metros de ancho.<br /> Toda el área será santa. 2 Una parte de esta tierra —un cuadrado de doscientos sesenta y cinco metros de lado<br />— se apartará para el templo. A su alrededor se dejará libre una franja adicional de tierra de veintiséis metros y medio<br /> de ancho. 3 Dentro del terreno sagrado más extenso, midan una parcela de tierra de trece kilómetros con trescientos metros de largo y cinco kilómetros con trescientos metros de ancho.<br /> Allí se ubicará el santuario del Lugar Santísimo. 4 Esta área será santa, apartada para los sacerdotes que ofician ante el Señor<br /> en el santuario. Allí estarán sus casas y allí también se pondrá mi templo. 5 La franja de tierra sagrada junto a esta área —también de trece kilómetros con trescientos metros de largo por cinco kilómetros con trescientos metros de ancho— se destinará a las viviendas de los levitas que trabajen en el templo. El lugar les pertenecerá a ellos y será un lugar para sus aldeas. 6 »”Junto a la tierra sagrada más extensa habrá una porción de tierra, de trece kilómetros con trescientos metros de largo por dos kilómetros seiscientos cincuenta metros de ancho,<br /> la cual se apartará para construir una ciudad donde pueda vivir cualquier israelita. 7 »”Apartarán también dos porciones de tierra especiales para el príncipe. La primera porción colindará con el lado oriental de las tierras sagradas y la ciudad, y la segunda colindará con el lado occidental. De modo que los límites extremos hacia el oriente y el occidente de las tierras del príncipe quedarán alineados con los límites oriental y occidental de los territorios de las tribus. 8 Estas dos porciones de tierra se le asignarán al príncipe. Entonces mis príncipes dejarán de oprimir a mi pueblo y de robarle; repartirán el resto de la tierra al pueblo, asignando una porción a cada tribu. 9 Reglas para los príncipes<br />»”Esto dice el Señor<br /> Soberano: ¡basta ya, príncipes de Israel! Abandonen la violencia y la opresión, y hagan lo que es justo y correcto. Dejen de estafar a mi pueblo y de robarle su tierra. No los desalojen de sus casas, dice el Señor<br /> Soberano. 10 Utilicen solamente pesas y balanzas legítimas, y medidas exactas, tanto para sólidos como para líquidos. 11 El homer<br /> será la unidad estándar para medir volúmenes. Tanto el efa como el bato<br /> equivaldrán a un décimo de homer. 12 La unidad estándar para medir pesos será el siclo de plata.<br /> Un siclo equivaldrá a veinte geras y sesenta siclos equivaldrán a una mina. 13 Ofrendas y celebraciones especiales<br />»”Tendrán que pagarle al príncipe el siguiente impuesto: una canasta de trigo o cebada por cada sesenta<br /> que cosechen, 14 el uno por ciento de su aceite de oliva 15 y una oveja o cabra por cada doscientas que haya en los rebaños de Israel. Esas serán las ofrendas de grano, ofrendas quemadas y ofrendas de paz que harán expiación por quienes las presenten, dice el Señor<br /> Soberano. 16 Todo el pueblo de Israel debe contribuir y llevar esas ofrendas al príncipe. 17 Al príncipe le corresponderá proveer las ofrendas que se entregan en los festivales religiosos, las celebraciones de luna nueva, los días de descanso y todas las demás ocasiones similares. Él también proveerá las ofrendas por el pecado, las ofrendas quemadas, las ofrendas de grano, las ofrendas líquidas y las ofrendas de paz, para purificar a los israelitas y así hacerlos justos ante el Señor<br />. 18 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: a comienzos de la primavera, el primer día de cada año nuevo,<br /> sacrifica un becerro sin defecto para purificar el templo. 19 El sacerdote tomará la sangre de ese sacrificio por el pecado y la pondrá sobre los marcos de la puerta del templo, sobre las cuatro esquinas de la saliente superior del altar y sobre los postes de la puerta de entrada al atrio interior. 20 Haz lo mismo el séptimo día del año nuevo por cualquiera que haya pecado por error o por ignorancia. De ese modo purificarás<br /> el templo. 21 »”El día catorce del primer mes,<br /> deberán celebrar la Pascua, un festival que durará siete días. El pan que coman durante ese tiempo será preparado sin levadura. 22 El día de la Pascua, el príncipe proveerá un becerro como sacrificio por su propio pecado y el pecado del pueblo de Israel. 23 Cada uno de los siete días del festival, el príncipe preparará una ofrenda quemada para el Señor<br />, la cual consistirá en siete becerros y siete carneros sin defecto. También se entregará un cabrito cada día como ofrenda por el pecado. 24 El príncipe proveerá una canasta de harina como ofrenda de grano y unos cuatro litros de aceite de oliva<br /> con cada becerro y cada carnero. 25 »”Durante los siete días del Festival de las Enramadas, que cada año ocurre a principios del otoño,<br /> el príncipe proveerá esos mismos sacrificios para la ofrenda por el pecado, la ofrenda quemada y la ofrenda de grano, junto con la cantidad de aceite de oliva requerida.
1 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: la puerta oriental del atrio interior permanecerá cerrada durante los seis días laborables de cada semana, pero se abrirá los días de descanso y los días de celebración de luna nueva. 2 El príncipe entrará a la antesala de la entrada desde afuera. Luego se quedará de pie junto al poste de la puerta de entrada mientras el sacerdote presenta su ofrenda quemada y su ofrenda de paz. Se inclinará en adoración dentro del pasillo de la entrada y luego regresará por donde entró. La puerta no se cerrará hasta el anochecer. 3 La gente común se inclinará y adorará al Señor<br /> delante de esta entrada los días de descanso y los días de celebración de luna nueva. 4 »”Cada día de descanso el príncipe presentará al Señor<br /> una ofrenda quemada de seis corderos y un carnero, todos sin defecto. 5 Para acompañar al carnero, presentará una ofrenda de grano de una canasta de harina selecta y con cada cordero la cantidad de harina que él decida, y tendrá que ofrecer unos cuatro litros de aceite de oliva<br /> por cada canasta de harina. 6 En las celebraciones de luna nueva llevará un becerro, seis corderos y un carnero, todos sin defecto. 7 Junto con el becerro presentará una canasta de harina selecta como ofrenda de grano. Junto con el carnero presentará otra canasta de harina y con cada cordero ofrecerá la cantidad de harina que decida. Con cada canasta de harina deberá ofrecer unos cuatro litros de aceite de oliva. 8 »”El príncipe tendrá que entrar por la puerta por medio de la antesala y saldrá por el mismo lugar. 9 En cambio, durante los festivales religiosos, cuando algunos del pueblo entren por la puerta norte para adorar al Señor<br />, tendrán que salir por la puerta sur; y los que entraron por la puerta sur deberán salir por la puerta norte. Nunca saldrán por donde entraron, sino que utilizarán siempre la entrada opuesta. 10 En esas ocasiones el príncipe entrará y saldrá con el pueblo. 11 »”Entonces en las fiestas especiales y los festivales sagrados, la ofrenda de grano consistirá de una canasta de harina selecta con cada becerro, otra canasta de harina con cada carnero y la cantidad de harina que el príncipe decida presentar con cada cordero. Con cada canasta de harina, habrá que entregar unos cuatro litros de aceite de oliva. 12 Cuando el príncipe presente al Señor<br /> una ofrenda quemada o una ofrenda de paz voluntaria, se le abrirá la puerta oriental al atrio interior y ofrecerá sus sacrificios como lo hace los días de descanso. Luego saldrá y cerrarán la puerta detrás de él. 13 »”Cada mañana sacrificarás, como ofrenda quemada al Señor<br />, un cordero de un año sin defecto. 14 Junto con el cordero, se presentará también al Señor<br /> una ofrenda de grano, que consistirá en unos tres kilos de harina selecta con casi un litro y medio de aceite de oliva<br /> para humedecer la harina selecta. Esta será una ley perpetua para ti. 15 El cordero, la ofrenda de grano y el aceite de oliva se entregarán como sacrificio diario, cada mañana, sin excepción. 16 »”Esto dice el Señor<br /> Soberano: si el príncipe le regala un terreno a uno de sus hijos como herencia, le pertenecerá al hijo y a sus descendientes para siempre. 17 Sin embargo, si el príncipe, de su herencia le obsequia un terreno a uno de sus siervos, el siervo solo podrá conservarlo hasta el año de jubileo, que se celebra cada cincuenta años.<br /> Llegado ese tiempo, se devolverá el terreno al príncipe. En cambio, los regalos que el príncipe les dé a sus hijos, serán permanentes. 18 Además, el príncipe nunca podrá quitarle a nadie su tierra por la fuerza. Si le regala propiedades a sus hijos, tendrán que ser de su propia tierra, porque no deseo que ninguno de mi pueblo sea desalojado injustamente de su propiedad”». 19 Las cocinas del templo<br />En mi visión, el hombre me llevó por la entrada que había junto a la puerta y me condujo a las habitaciones sagradas que daban al norte y estaban asignadas a los sacerdotes. Me mostró un lugar en el extremo occidental de esas habitaciones 20 y me explicó: «Aquí es donde los sacerdotes cocinarán la carne de las ofrendas por la culpa y de las ofrendas por el pecado, y donde también hornearán el pan hecho con la harina de las ofrendas de grano. Usarán este lugar, a fin de no llevar los sacrificios por el atrio exterior y poner al pueblo en peligro al trasmitirle la santidad». 21 Luego me llevó nuevamente al atrio exterior y me condujo a cada una de sus cuatro esquinas. En cada esquina vi un recinto. 22 Cada recinto medía veintiún metros con veinte centímetros de largo por quince metros con noventa centímetros de ancho,<br /> y estaba rodeado por muros. 23 En el lado interior de esos muros, por todo alrededor, había una saliente de piedra con chimeneas debajo de toda la saliente. 24 El hombre me dijo: «Estas son las cocinas que usarán los ayudantes del templo para hervir los sacrificios ofrecidos por el pueblo».
1 El río de sanidad<br />En mi visión, el hombre me llevó nuevamente a la entrada del templo. Allí vi una corriente de agua que fluía hacia el oriente por debajo de la puerta del templo y pasaba por la derecha de la parte sur del altar. 2 El hombre me llevó hacia afuera del muro por la puerta norte y me condujo hasta la entrada oriental. Allí pude ver que el agua fluía por el lado sur de la entrada oriental. 3 Me llevó a lo largo de la corriente de agua y, mientras avanzábamos, él iba midiendo; cuando llegamos a quinientos treinta metros,<br /> me llevó a través de la corriente. El agua me llegaba a los tobillos. 4 Midió otros quinientos treinta metros y una vez más me llevó a través de la corriente. Esta vez el agua me llegaba hasta las rodillas. Después de otros quinientos treinta metros, el agua me alcanzaba a la cintura. 5 Luego midió otros quinientos treinta metros y el río ya era demasiado profundo para cruzarlo caminando. Había buena profundidad para nadar, pero demasiada para atravesarlo a pie. 6 Me preguntó: «Hijo de hombre, ¿has estado observando?». Después me llevó de regreso por la orilla del río. 7 Al volver, me sorprendió ver muchos árboles que crecían a ambos lados del río. 8 Entonces me dijo: «Este río fluye hacia el oriente, atraviesa el desierto y desemboca en el valle del mar Muerto.<br /> Esta corriente hará que las aguas saladas del mar Muerto se vuelvan puras y dulces. 9 Vivirán cantidad de criaturas vivientes por donde llegue el agua de este río. Abundarán los peces en el mar Muerto, pues sus aguas se volverán dulces. Florecerá la vida a donde llegue esta agua. 10 Habrá pescadores a lo largo de las costas del mar Muerto. Desde En-gadi hasta En-eglaim, toda la costa estará cubierta de redes secándose al sol. El mar Muerto se llenará de toda clase de peces, igual que en el Mediterráneo; 11 pero los pantanos y las ciénagas no se purificarán, quedarán salados. 12 A ambas orillas del río crecerá toda clase de árboles frutales. Sus hojas nunca se marchitarán ni caerán y sus ramas siempre tendrán fruto. Cada mes darán una nueva cosecha, pues se riegan con el agua del río que fluye del templo. Los frutos servirán para comer, y las hojas se usarán para sanar». 13 Límites para la tierra<br />Esto dice el Señor<br /> Soberano: «La tierra para las doce tribus de Israel se dividirá de la siguiente manera: los descendientes de José recibirán dos porciones de tierra. 14 Las demás tribus recibirán partes iguales. Yo juré solemnemente que daría esta tierra a los antepasados de ustedes y ahora pasará a sus manos como posesión. 15 »Estos son los límites de la tierra: el límite norte irá desde el mar Mediterráneo hacia Hetlón, luego seguirá por Lebo-hamat hasta Zedad 16 y de allí se extenderá a Berota y Sibraim, que están en la frontera entre Damasco y Hamat, y finalmente hacia Hazar-haticón, en la frontera con Haurán. 17 De modo que el límite norte irá desde el mar Mediterráneo hasta Hazar-enán, en la frontera entre Hamat al norte y Damasco al sur. 18 »La frontera oriental arranca entre Haurán y Damasco, y desciende al sur por el río Jordán, entre Israel y Galaad, pasa el mar Muerto<br /> y sigue en dirección sur hasta llegar a Tamar.<br /> Esta será la frontera oriental. 19 »La frontera sur irá en dirección occidental desde Tamar hasta las aguas de Meriba en Cades<br /> y desde allí seguirá el curso del arroyo de Egipto hasta el mar Mediterráneo. Esta será la frontera sur. 20 »Por el lado occidental, la frontera será el mar Mediterráneo, desde la frontera sur hasta el punto donde comienza la frontera norte, frente a Lebo-hamat. 21 Dividan la tierra entre las tribus de Israel dentro de estos límites. 22 Repártanse la tierra como asignación para ustedes y para los extranjeros que se hayan unido a ustedes y estén criando a su familia en medio de ustedes. Ellos serán como israelitas de nacimiento y recibirán una asignación entre las tribus. 23 Estos extranjeros recibirán tierra dentro del territorio de la tribu con la cual ahora viven. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado!
1 División de la tierra entre las tribus<br />»La siguiente lista corresponde a las tribus de Israel junto con el territorio que recibirá cada una. El territorio de Dan está ubicado en el extremo norte; la línea fronteriza sigue la ruta de Hetlón hasta Lebo-hamat y luego continúa a Hazar-enán en la frontera con Damasco, con Hamat por el norte. El territorio de Dan se extiende a lo ancho de todo el territorio de Israel, de oriente a occidente. 2 »El territorio de Aser queda al sur del territorio de Dan y también se extiende de oriente a occidente. 3 El territorio de Neftalí se ubica al sur del territorio de Aser y también se extiende de oriente a occidente. 4 Luego sigue Manasés al sur de Neftalí y su territorio también se extiende de oriente a occidente. 5 Al sur de Manasés está Efraín, 6 después Rubén 7 y luego Judá; todos los límites se extienden de oriente a occidente. 8 »Al sur de Judá está la tierra apartada para un propósito especial. Esa porción tendrá trece kilómetros con trescientos metros<br /> de ancho y se extenderá al oriente y al occidente igual que los territorios tribales, con el templo en el centro. 9 »La tierra apartada para el templo del Señor<br /> tendrá trece kilómetros con trescientos metros de largo por diez kilómetros con seiscientos metros de ancho. 10 Para los sacerdotes habrá una franja de tierra de trece kilómetros con trescientos metros de largo por cinco kilómetros con trescientos metros de ancho,<br /> con el templo del Señor<br /> en el centro. 11 Este terreno está apartado para los sacerdotes ordenados, es decir los descendientes de Sadoc, quienes me sirvieron fielmente y no se extraviaron con el pueblo de Israel y los demás levitas. 12 Esa será su porción especial —la tierra más sagrada— cuando se haga la repartición. Junto al territorio de los sacerdotes estará la tierra donde vivirán los demás levitas. 13 »El terreno asignado a los levitas tendrá la misma dimensión y forma que el terreno que pertenece a los sacerdotes: trece kilómetros con trescientos metros de largo y cinco kilómetros con trescientos metros de ancho. Las dos porciones juntas medirán trece kilómetros con trescientos metros de largo por diez kilómetros con seiscientos metros de ancho. 14 Ninguna parte de esa tierra especial podrá venderse ni será canjeada ni usada por otras personas, pues pertenece al Señor<br />; es tierra consagrada. 15 »Al sur del terreno sagrado del templo, se asignará una franja adicional de tierra, de trece kilómetros con trescientos metros de largo por dos kilómetros con seiscientos cincuenta metros de ancho,<br /> para uso público: casas, pastizales y espacios comunes, con una ciudad en el centro. 16 La ciudad medirá dos kilómetros cuatrocientos metros<br /> en cada lado: norte, sur, oriente y occidente. 17 Estará rodeada por ciento treinta y tres metros<br /> de campo abierto en cada dirección. 18 Fuera de la ciudad habrá un terreno agrícola que se extenderá cinco kilómetros con trescientos metros al oriente y lo mismo al occidente,<br /> por el límite del terreno sagrado. Esta tierra de labranza producirá alimentos para la gente que trabaje en la ciudad. 19 Podrán cultivarla los miembros de las diversas tribus que vayan a la ciudad para trabajar. 20 Todo este terreno —incluidas las tierras sagradas y la ciudad— forma un cuadrado de trece kilómetros con trescientos metros<br /> de lado. 21 »Los terrenos restantes, al oriente y al occidente de las tierras sagradas y de la ciudad, pertenecerán al príncipe. Cada uno de estos terrenos medirá trece kilómetros con trescientos metros de ancho, y se extenderán en dirección opuesta uno de otro, hacia los límites oriental y occidental de Israel, con las tierras sagradas y el santuario del templo en el centro. 22 Por lo tanto, la tierra del príncipe abarcará todo lo que esté entre los territorios asignados a Judá y a Benjamín, con excepción de los terrenos separados para las tierras sagradas y la ciudad. 23 »Los territorios asignados a las demás tribus son los siguientes. El territorio de Benjamín está al sur de las tierras del príncipe y se extiende por toda la tierra de Israel de oriente a occidente. 24 Al sur del territorio de Benjamín está el territorio de Simeón, el cual también se extiende de oriente a occidente. 25 A continuación está el territorio de Isacar, con los mismos límites al oriente y al occidente. 26 »Luego sigue el territorio de Zabulón, que atraviesa la tierra de Israel de oriente a occidente. 27 El territorio de Gad está situado al sur de Zabulón, con los mismos límites al oriente y al occidente. 28 La frontera sur de Gad va desde Tamar hasta las aguas de Meriba en Cades<br /> y de allí sigue el arroyo de Egipto hacia el mar Mediterráneo. 29 »Estas son las asignaciones que se apartarán como posesión exclusiva de cada tribu. ¡Yo, el Señor<br /> Soberano, he hablado! 30 Las puertas de la ciudad<br />»Estas serán las salidas de la ciudad: en la muralla norte, cuya extensión es de dos kilómetros con cuatrocientos metros de largo, 31 habrá tres puertas y cada una llevará el nombre de una tribu de Israel. La primera llevará el nombre de Rubén, la segunda de Judá y la tercera de Leví. 32 En la muralla oriental, que también mide dos kilómetros con cuatrocientos metros de largo, las puertas llevarán el nombre de José, de Benjamín y de Dan. 33 En la muralla sur, también de dos kilómetros con cuatrocientos metros de largo, las puertas llevarán el nombre de Simeón, de Isacar y de Zabulón; 34 y en la muralla occidental, también de la misma longitud, las puertas llevarán el nombre de Gad, de Aser y de Neftalí. 35 »El perímetro total de la ciudad tendrá una extensión de nueve kilómetros con seiscientos metros<br /> y desde ese día, el nombre de la ciudad será: “El Señor<br /> está allí”<br />».
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