16
Y el hombre en quien estaba el espĂritu malo, saltando en ellos, y enseñoreándose de ellos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
17
Y esto fue notorio a todos, asĂ judĂos como griegos, los que habitaban en Efeso; y cayĂł temor sobre todos ellos, y era ensalzado el Nombre del Señor JesĂşs.
18
Y muchos de los que habĂan creĂdo, venĂan, confesando y dando cuenta de sus hechos.
19
Asimismo muchos de los que habĂan practicado vanas artes, trajeron los libros, y los quemaron delante de todos; y echada la cuenta del precio de ellos, hallaron ser cincuenta mil denarios.
20
AsĂ crecĂa poderosamente la palabra del Señor, y prevalecĂa.
21
Y acabadas estas cosas, se propuso Pablo por
el EspĂritu ir a JerusalĂ©n, despuĂ©s de andar en Macedonia y Acaya, diciendo: DespuĂ©s que hubiere estado allá me será necesario ver tambiĂ©n a Roma.
22
Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se estuvo por
algĂşn tiempo en Asia.
23
Entonces hubo un alboroto no pequeño acerca del Camino.
24
Porque un platero llamado Demetrio, el cual hacĂa de plata templecillos de Diana, daba a los artĂfices no poca ganancia;
25
a los cuales, reunidos con los obreros de semejante oficio, dijo: Varones, sabéis que de esta ganancia tenemos nuestras riquezas;
26
y veis y oĂs que este Pablo, no solamente en Efeso, sino a gran multitud de casi toda el Asia, ha apartado con persuasiĂłn, diciendo, que no son dioses los que se hacen con las manos.