Jueces 9; Jueces 10; Jueces 11; Jueces 12; Jueces 13; Jueces 14; Jueces 15; Jueces 16; Jueces 17; Jueces 18; Jueces 19; Jueces 20; Jueces 21

1 Y se fue Abimelec hijo de Jerobaal a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo: 2 Yo os ruego que habléis a oídos de todos los señores de Siquem: ¿Qué tenéis por mejor, que os señoreen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal; o que os señoree un varón? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra. 3 Y hablaron por él los hermanos de su madre a oídos de todos los señores de Siquem todas estas palabras; y el corazón de ellos se inclinó en favor de Abimelec, porque decían: Nuestro hermano es. 4 Y le dieron setenta <I>siclos</I> de plata del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec alquiló varones vacíos y vagabundos, que le siguieron. 5 Y viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una piedra; mas quedó Jotam, el más pequeño hijo de Jerobaal, que se escondió. 6 Y reunidos todos los señores de Siquem con toda la casa de Milo (<I>la congregación</I> ), fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que <I>estaba</I> en Siquem. 7 Cuando se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó, y les dijo: Oídme, varones de Siquem; que Dios os oiga. 8 Fueron los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. 9 Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el que por mi causa Dios y los hombres son honrados, por ir a ser grande sobre los árboles? 10 Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. 11 Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, por ir a ser grande sobre los árboles? 12 Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. 13 Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, por ir a ser grande sobre los árboles? 14 Dijeron entonces todos los árboles al escaramujo: Anda tú, reina sobre nosotros. 15 Y el escaramujo respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, y aseguraos debajo de mi sombra; y si no, fuego salga del escaramujo que devore los cedros del Líbano. 16 Ahora pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec, y si lo habéis hecho bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos; 17 (Pues que mi padre peleó por vosotros, y echó lejos su vida por libraros de mano de Madián; 18 y vosotros os levantasteis hoy contra la casa de mi padre, y matasteis sus hijos, setenta varones, sobre una piedra; y habéis puesto por rey sobre los señores de Siquem a Abimelec, hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano); 19 si con verdad y con integridad habéis obrado hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros. 20 Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los señores de Siquem y a la casa de Milo; y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec. 21 Y huyó Jotam, y se fugó, y se fue a Beer, y allí se estuvo por causa de Abimelec su hermano. 22 Y después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años, 23 envió Dios un espíritu malo entre Abimelec y los señores de Siquem; que los de Siquem se levantaron contra Abimelec; 24 para que el agravio de los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, viniera a ponerse sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre los señores de Siquem que corroboraron las manos de él para matar a sus hermanos. 25 Y los señores de Siquem le pusieron asechadores en las cumbres de los montes, los cuales salteaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino; de lo que fue dado aviso a Abimelec. 26 Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos, y se pasaron a Siquem; y los señores de Siquem se confiaron en él. 27 Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñas, y pisaron la uva, e hicieron alegrías; y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec. 28 Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién <I>es</I> Abimelec y qué es Siquem, para que nosotros <I>le</I> sirvamos a él? ¿No es hijo de Jerobaal? ¿Y <I>no es</I> Zebul su asistente? Servid a los varones de Hamor padre de Siquem. ¿Por qué habíamos de servir a él? 29 Fuérame dado este pueblo bajo mi mano, <I>yo</I> echaría <I>luego</I> a Abimelec. Y decía a Abimelec: Aumenta tus escuadrones, y sal. 30 Y Zebul asistente de la ciudad, oyendo las palabras de Gaal hijo de Ebed, se encendió su ira; 31 y envió sagazmente mensajeros a Abimelec, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y he aquí, que han cercado la ciudad contra ti. 32 Levántate pues ahora de noche, tú y el pueblo que <I>está</I> contigo, y pon emboscada en el campo. 33 Y por la mañana al salir el sol te levantarás y acometerás la ciudad; y él y el pueblo que <I>está</I> con él saldrán contra ti, y <I>tú</I> harás con él según que se te ofrecerá. 34 Levantándose, pues, de noche Abimelec y todo el pueblo que con él <I>estaba</I> , pusieron emboscada contra Siquem con cuatro compañías. 35 Y Gaal hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada de la puerta de la ciudad; y Abimelec y todo el pueblo que con él <I>estaba</I> , se levantaron de la emboscada. 36 Y viendo Gaal el pueblo, dijo a Zebul: He allí pueblo que desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: La sombra de los montes te parece hombres. 37 Mas Gaal volvió a hablar, y dijo: He allí pueblo que desciende por medio de la tierra, y un escuadrón viene camino de la campiña de Meonenim. 38 Y Zebul le respondió: ¿Dónde <I>está</I> ahora aquel dicho que decías: Quién <I>es</I> Abimelec para que le sirvamos? ¿No es éste el pueblo que tenías en poco? Sal pues ahora, y pelea con él. 39 Y Gaal salió delante de los señores de Siquem, y peleó contra Abimelec. 40 Mas lo persiguió Abimelec, delante del cual él huyó; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta. 41 Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó <I>fuera</I> a Gaal y a sus hermanos, <I>para</I> que no morasen en Siquem. 42 Y aconteció al siguiente día, que el pueblo salió al campo; y fue dado aviso a Abimelec. 43 El cual, tomando gente, la repartió en tres compañías, y puso emboscadas en el campo; y cuando miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y se levantó contra ellos, y los hirió. 44 Pues Abimelec y el escuadrón que <I>estaba</I> con él, acometieron con ímpetu, y pararon a la entrada de la puerta de la ciudad; y las <I>otras</I> dos compañías acometieron a todos los que estaban en el campo, y los hirieron. 45 Y después de combatir Abimelec la ciudad todo aquel día, la tomó, y mató el pueblo que en ella <I>estaba</I> , y asoló la ciudad, y la sembró de sal. 46 Cuando oyeron esto todos los que estaban en la torre de Siquem, entraron en la fortaleza del templo del dios Berit. 47 Y fue dicho a Abimelec como todos los de la torre de Siquem estaban reunidos. 48 <I>Entonces</I> subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la gente que con él <I>estaba</I> ; y tomó Abimelec un hacha en su mano, y cortó <I>una</I> rama de los árboles, y levantándola se la puso sobre sus hombros, diciendo al pueblo que <I>estaba</I> con él: Lo que me veis a mí que hago, haced vosotros prestamente como yo. 49 Y <I>así</I> todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec, y las pusieron junto a la fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza; de manera que todos los de la torre de Siquem murieron, como <I>unos</I> mil hombres y mujeres. 50 Después Abimelec se fue a Tebes; y puso cerco a Tebes, y la tomó. 51 En medio de aquella ciudad había una torre fuerte, a la cual se retiraron todos los hombres y mujeres, y todos los señores de la ciudad; y cerrando tras sí <I>las puertas</I> , se subieron al techo de la torre. 52 Y vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegó a la puerta de la torre para pegarle fuego. 53 Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec, y le quebró los cascos. 54 Y luego él llamó a su escudero, y le dijo: Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió. 55 Y cuando los israelitas vieron muerto a Abimelec, se fueron cada uno a su casa. 56 Así devolvió Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre matando a sus setenta hermanos. 57 Y aun todo el mal de los señores de Siquem tornó Dios sobre sus cabezas; y la maldición de Jotam, hijo de Jerobaal, vino sobre ellos.
1 Y después de Abimelec se levantó para librar a Israel, Tola hijo de Fúa, hijo de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba en Samir, en el monte de Efraín. 2 Y juzgó a Israel veintitrés años, y murió, y fue sepultado en Samir. 3 Tras él se levantó Jair, galaadita, el cual juzgó a Israel veintidós años. 4 Este tuvo treinta hijos que cabalgaban sobre treinta asnos, y tenían treinta villas, que se llamaron las villas de Jair hasta hoy, las cuales <I>están</I> en la tierra de Galaad. 5 Y murió Jair, y fue sepultado en Camón. 6 Mas los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo en los ojos del SEÑOR, y sirvieron a los baales y a Astarot, y a los dioses de Siria, y a los dioses de Sidón, y a los dioses de Moab, y a los dioses de los hijos de Amón, y a los dioses de los filisteos; y dejaron al SEÑOR, y no le sirvieron. 7 Y el SEÑOR se airó contra Israel, y los vendió en mano de los filisteos, y en mano de los hijos de Amón; 8 los cuales molieron y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo por dieciocho años, a todos los hijos de Israel que <I>estaban</I> al otro lado del Jordán en la tierra del amorreo, que <I>es</I> en Galaad. 9 Y los hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer también guerra contra Judá, y <I>contra</I> Benjamín, y la casa de Efraín; y fue Israel en gran manera afligido. 10 Y los hijos de Israel clamaron al SEÑOR, diciendo: <I>Nosotros</I> hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a nuestro Dios, y servido a los baales. 11 Y el SEÑOR respondió a los hijos de Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los filisteos, 12 de los de Sidón, de Amalec, y de Maón, y clamando a mí os he librado de sus manos? 13 Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a dioses ajenos; por tanto, <I>yo</I> no os libraré más. 14 Andad, y clamad a los dioses que os habéis elegido, que os libren en el tiempo de vuestra aflicción. 15 Y los hijos de Israel respondieron al SEÑOR: Hemos pecado; haz tú con nosotros como bien te pareciere; solamente que ahora nos libres en este día. 16 Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron al SEÑOR; y su alma fue angustiada a causa del trabajo de Israel. 17 Y juntándose los hijos de Amón, asentaron campamento en Galaad; se juntaron asimismo los hijos de Israel, y asentaron su campamento en Mizpa. 18 Y los príncipes <I>y</I> el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro: ¿Quién será el que comenzará la batalla contra los hijos de Amón? El será cabeza sobre todos los que habitan en Galaad.
1 Existía entonces Jefté, galaadita, hombre valiente, hijo de una ramera, a la cual Galaad había engendrado <I>un hijo</I> . 2 Y la mujer de Galaad <I>también</I> le había dado a luz hijos; los cuales cuando fueron grandes, echaron <I>fuera</I> a Jefté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres bastardo. 3 Huyendo, pues, Jefté a causa de sus hermanos, habitó en tierra de Tob; y se juntaron con él hombres vacíos, los cuales salían con él. 4 Y aconteció que después de <I>algunos</I> días los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel. 5 Y como los hijos de Amón tenían guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron para traer a Jefté de tierra de Tob; 6 y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro capitán, para que peleemos con los hijos de Amón. 7 Y Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me habéis vosotros aborrecido, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción? 8 Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Por esta misma causa tornamos ahora a ti, para que vengas con nosotros, y pelees contra los hijos de Amón, y nos seas cabeza a todos los que moramos en Galaad. 9 Jefté entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón, y el SEÑOR los entregare delante de mí, ¿seré <I>yo</I> vuestra cabeza? 10 Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: el SEÑOR oiga entre nosotros, si no hiciéremos como tú dices. 11 Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su cabeza y príncipe; y Jefté habló todas sus palabras delante del SEÑOR en Mizpa. 12 Y envió Jefté embajadores al rey de los amonitas, diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo que has venido a mí para hacer guerra en mi tierra? 13 Y el rey de los amonitas respondió a los embajadores de Jefté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; por tanto, devuélvela ahora en paz. 14 Y Jefté volvió a enviar otros embajadores al rey de los amonitas, 15 diciéndole: Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Amón; 16 mas subiendo Israel de Egipto, anduvo por el desierto hasta el mar Bermejo, y llegó a Cades. 17 Entonces Israel envió embajadores al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra. Mas el rey de Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab; el cual tampoco quiso; <I>se</I> quedó <I>por tanto</I> Israel en Cades. 18 <I>Después</I> , yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y viniendo por donde nace el sol a la tierra de Moab, asentó su campamento al otro lado de Arnón, y no entraron por el término de Moab; porque Arnón término es de Moab. 19 Y envió Israel embajadores a Sehón rey de los amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: Te ruego que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar. 20 Mas Sehón no se fió de Israel para darle paso por su término; antes juntando Sehón todo su pueblo, puso campamento en Jahaza, y peleó contra Israel. 21 Pero el SEÑOR Dios de Israel entregó a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel, y los venció; y poseyó Israel toda la tierra del amorreo que habitaba en aquella tierra. 22 Poseyeron también todo el término del amorreo desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. 23 Así que el SEÑOR el Dios de Israel echó los amorreos delante de su pueblo Israel; ¿y lo has de poseer tú? 24 Si Quemos tu dios te echase alguno, ¿no lo poseerías tú? Así, poseeremos nosotros a todo aquel que echó el SEÑOR nuestro Dios de delante de nosotros. 25 ¿Eres tú ahora en algo mejor que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Por ventura tuvo él cuestión contra Israel? ¿Por ventura hizo guerra contra ellos? 26 Además, Israel ha estado habitando por trescientos años a Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y todas las ciudades que están a los términos de Arnón, ¿por qué no las habéis recobrado en ese tiempo? 27 Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal conmigo haciéndome guerra; el SEÑOR, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón. 28 Mas el rey de los hijos de Amón no oyó las razones de Jefté que le envió. 29 Y el Espíritu del SEÑOR fue sobre Jefté; y pasó por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón. 30 Y Jefté hizo voto al SEÑOR, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, 31 cualquiera que me saliere a recibir de las puertas de mi casa, cuando volviere de los amonitas en paz, será del SEÑOR, y le ofreceré en holocausto. 32 Pasó <I>pues</I> Jefté a los hijos de Amón para pelear contra ellos; y el SEÑOR los entregó en su mano. 33 Y los hirió de grandísimo estrago desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades; y hasta la vega de las viñas. <I>Así</I> fueron dominados los amonitas delante de los hijos de Israel. 34 Y volviendo Jefté a Mizpa a su casa, he aquí que su hija le salió a recibir con adufes y danzas, y era la sola, la única suya; <I>no tenía</I> fuera de ella otro hijo ni hija. 35 Y cuando él la vio, rompió sus vestidos diciendo: ¡Ay, hija mía! de verdad me has abatido, y tú eres de los que me afligen; porque <I>yo</I> he abierto mi boca al SEÑOR, y no podré retractarme. 36 Ella entonces le respondió: Padre mío, si has abierto tu boca al SEÑOR, haz de mí como salió de tu boca, pues que el SEÑOR te ha hecho venganza de tus enemigos los hijos de Amón. 37 Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. 38 El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes. 39 Pasados los dos meses volvió a su padre, e hizo de ella <I>conforme</I> a su voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón. 40 De aquí fue la costumbre en Israel <I>que</I> de año en año iban las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté, galaadita, cuatro días en el año.
1 Y juntándose los varones de Efraín, pasaron hacia el aquilón, y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? <I>Nosotros</I> quemaremos a fuego tu casa contigo. 2 Y Jefté les respondió: Yo y mi pueblo, teníamos una gran contienda con los hijos de Amón, y os llamé, y no me defendisteis de sus manos. 3 Viendo, pues, que tú no <I>me</I> defendíais, puse mi alma en mi palma, y pasé contra los hijos de Amón, y el SEÑOR los entregó en mi mano; ¿por qué pues habéis subido hoy contra mí para pelear conmigo? 4 Y juntando Jefté a todos los varones de Galaad, peleó contra Efraín; y los de Galaad hirieron a Efraín, porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraín, vosotros sois galaaditas entre Efraín y Manasés. 5 Y los galaaditas tomaron los vados del Jordán a Efraín; y era que, cuando alguno de los de Efraín que había huido, decía, ¿pasaré? los de Galaad le preguntaban: ¿Eres tú efrateo? Si él respondía, no; 6 Entonces le decían: Ahora pues, di, Shibolet. Y él decía, Sibolet; porque no podía pronunciarlo así. Entonces le echaban mano, y le degollaban junto a los vados del Jordán. Y murieron entonces de los de Efraín cuarenta y dos mil. 7 Y Jefté juzgó a Israel seis años; <I>luego</I> murió Jefté, galaadita, y fue sepultado en la tierra de Galaad. 8 Después de él juzgó a Israel Ibzán de Belén; 9 el cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos; y juzgó a Israel siete años. 10 Y murió Ibzán, y fue sepultado en Belén. 11 Después de él juzgó a Israel Elón, zabulonita, el cual juzgó a Israel diez años. 12 Y murió Elón, zabulonita, y fue sepultado en Ajalón en la tierra de Zabulón. 13 Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel, piratonita. 14 Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que cabalgaban sobre setenta asnos; y juzgó a Israel ocho años. 15 Y murió Abdón hijo de Hilel, piratonita, y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín, en el monte de Amalec.
1 Y los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo en los ojos del SEÑOR; y el SEÑOR los entregó en mano de los filisteos, por cuarenta años. 2 Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer <I>era</I> estéril, que nunca había tenido hijos. 3 A <I>esta</I> mujer apareció el ángel del SEÑOR, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y no has tenido hijos; mas concebirás y darás a luz <I>un</I> hijo. 4 Ahora, pues, mira que ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda. 5 Porque tú te concebirás, y darás a luz <I>un</I> hijo; y no subirá navaja sobre su cabeza, porque aquel niño nazareo será de Dios desde el vientre, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos. 6 Y la mujer vino y lo contó a su marido, diciendo: <I>Un</I> varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto <I>era</I> como el aspecto de <I>un</I> ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién <I>era</I> , ni tampoco él me dijo su nombre. 7 Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda; porque este niño desde el vientre será nazareo de Dios hasta el día de su muerte. 8 Y oró Manoa al SEÑOR, y dijo: Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. 9 Y el SEÑOR oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no <I>estaba</I> con ella. 10 Y la mujer corrió prontamente, y lo contó a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino hoy a mí. 11 Y se levantó Manoa, y siguió a su mujer; y así que llegó al varón, le dijo: ¿Eres tú aquel varón que hablaste a esta mujer? Y él dijo: Yo <I>soy</I> . 12 Entonces Manoa dijo: Cúmplase pues tu palabra. ¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer? 13 Y el ángel del SEÑOR respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que <I>yo</I> le dije. 14 Ella no comerá cosa que proceda de vid <I>que da</I> vino; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; ha de guardar todo lo que le mandé. 15 Entonces Manoa dijo al ángel del SEÑOR: Te ruego <I>permitas</I> que te detengamos, y aderezaremos un cabrito <I>que poner</I> delante de ti. 16 Y el ángel del SEÑOR respondió a Manoa: Aunque me detengas no comeré de tu pan; mas si quisieres hacer holocausto, sacrifícalo al SEÑOR. Y no sabía Manoa que aquél <I>fuese</I> ángel del SEÑOR. 17 <I>Entonces</I> dijo Manoa al ángel del SEÑOR: ¿Cómo es tu nombre, para que cuando se cumpliere tu palabra te honremos? 18 Y el ángel del SEÑOR respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? No tengo licencia para decírtelo. 19 Y Manoa tomó un cabrito de las cabras y un presente, y lo sacrificó sobre una peña al SEÑOR; y <I>el ángel</I> hizo milagro a vista de Manoa y de su mujer. 20 Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel del SEÑOR subió en la llama del altar a vista de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra sobre sus rostros. 21 Y el ángel del SEÑOR no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel del SEÑOR. 22 Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto. 23 Y su mujer le respondió: Si el SEÑOR nos quisiera matar, no tomaría de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni según el tiempo nos habría anunciado esto. 24 Y la mujer dio a luz <I>un</I> hijo, y le llamó por nombre Sansón. Y el niño creció, y el SEÑOR lo bendijo. 25 Y el Espíritu del SEÑOR comenzó a manifestarse <I>por veces</I> en él en los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol.
1 Y descendiendo Sansón a Timnat, vio en Timnat <I>a</I> una mujer de las hijas de los filisteos. 2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: <I>Yo</I> he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer. 3 Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo mi pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómamela <I>por mujer</I> , porque ésta agradó a mis ojos. 4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía del SEÑOR, <I>y</I> que él buscaba ocasión contra los filisteos; porque en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. 5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un cachorro de león que venía bramando hacia él. 6 Y el Espíritu del SEÑOR cayó sobre él, y lo despedazó como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no dio a entender a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7 Vino pues, y habló a la mujer que había agradado a Sansón. 8 Y volviendo después de algunos días para tomarla, se apartó <I>del camino</I> para ver el cuerpo <I>muerto</I> del león, y he aquí en el cuerpo del león un enjambre de abejas, y <I>un panal</I> de miel. 9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el camino; y cuando llegó a su padre y a su madre, les dio también a ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo <I>muerto</I> del león. 10 Vino, <I>pues</I> , su padre a la mujer, y Sansón hizo allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes. 11 Y cuando ellos le vieron, tomaron treinta compañeros que estuviesen con él; 12 a los cuales Sansón dijo: Yo os propondré ahora <I>un</I> enigma, el cual si en los siete días del banquete vosotros me declarareis y descubriereis, <I>yo</I> os daré treinta sábanas y treinta mudas de vestidos. 13 Mas si no me lo supiereis declarar, vosotros me daréis las treinta sábanas y las treinta mudas de vestidos. Y ellos respondieron: Propon tu enigma, y lo oiremos. 14 Entonces les dijo: Del devorador salió comida, y del fuerte salió dulzura. Y <I>ellos</I> no pudieron declararle el enigma en tres días. 15 Y al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu marido a que nos declare este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos? 16 Y lloró la mujer de Sansón delante de él, y dijo: Solamente me aborreces y no me amas, pues que no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado; y ¿<I>te lo</I> había de declarar a ti? 17 Y <I>ella</I> lloró delante de él los siete días que ellos tuvieron banquete; mas al séptimo día él se <I>lo</I> declaró, porque le constriñó <I>a ello</I> ; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo. 18 Y al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué <I>cosa hay</I> más dulce que la miel? ¿Y qué <I>cosa hay</I> más fuerte que el león? Y él les respondió: Si no araseis con mi novilla, nunca hubierais descubierto mi enigma. 19 Y el Espíritu del SEÑOR cayó sobre él, y descendió a Ascalón, e hirió <I>a</I> treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma; y encendido en enojo se fue a casa de su padre. 20 Y la mujer de Sansón fue <I>dada</I> a su compañero, con el cual <I>él antes</I> se acompañaba.
1 Y aconteció <I>después</I> de <I>algunos</I> días, que en el tiempo de la siega del trigo, Sansón visitó a su mujer con un cabrito, diciendo: Entraré a mi mujer a la cámara. Mas el padre de ella no lo dejó entrar. 2 Y dijo el padre de ella: Me persuadí que <I>tú</I> la aborrecías, y la di a tu compañero. Mas su hermana menor, ¿no es más hermosa que ella? Tómala, pues, en su lugar. 3 Y Sansón les respondió: <I>Yo</I> seré sin culpa esta vez para con los filisteos, si mal les hiciere. 4 Y fue Sansón y cogió trescientas zorras, y tomando teas, y trabando aquéllas por la cola, puso entre cada dos colas una tea. 5 <I>Después</I> , encendiendo las teas, echó las <I>zorras</I> en los sembrados de los filisteos, y quemó las mieses amontonadas y en pie, viñas y olivares. 6 Y dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto? Y les fue dicho: Sansón, el yerno del timnateo, porque le quitó su mujer y la dio a su compañero. Y vinieron los filisteos, y quemaron a fuego a ella y a su padre. 7 Entonces Sansón les dijo: ¿Así lo habíais de hacer? Mas <I>yo</I> me vengaré de vosotros, y después cesaré. 8 Y los hirió pierna y muslo con gran mortandad; y descendió, y asentó en la cueva de la peña de Etam. 9 Y los filisteos subieron y pusieron campamento en Judá, y se tendieron por Lehi. 10 Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis subido contra nosotros? Y ellos respondieron: A prender a Sansón hemos subido, para hacerle como él nos ha hecho. 11 Y vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de la peña de Etam, y dijeron a Sansón: ¿No sabes <I>tú</I> que los filisteos dominan sobre nosotros? ¿Por qué nos has hecho esto? Y él les respondió: <I>Yo</I> les he hecho como ellos me hicieron. 12 <I>Ellos</I> entonces le dijeron: Nosotros hemos venido para prenderte, y entregarte en mano de los filisteos. Y Sansón les respondió: Juradme que vosotros no me mataréis. 13 Y <I>ellos</I> le respondieron, diciendo: No; solamente te prenderemos, y te entregaremos en sus manos; mas no te mataremos. Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas, y le hicieron venir de la peña. 14 Y cuando vino hasta Lehi, los filisteos le salieron a recibir con alarido; y el espíritu del SEÑOR cayó sobre él, y las cuerdas que <I>estaban</I> en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos. 15 Y hallando <I>a mano</I> una quijada de asno aún fresca, extendió la mano y la tomó, e hirió con ella <I>a</I> mil hombres. 16 Entonces Sansón dijo: Con <I>la</I> quijada de <I>un</I> asno, un montón, dos montones; con <I>la</I> quijada de un asno herí mil varones. 17 Y acabando de hablar, echó de su mano la quijada, y llamó a aquel lugar Ramat-lehi (<I>echamiento de la quijada</I> ). 18 Y teniendo <I>gran</I> sed, clamó luego al SEÑOR, y dijo: Tú has dado esta gran salud por mano de tu siervo; ¿y moriré <I>yo</I> ahora de sed, y caeré en mano de los incircuncisos? 19 Entonces quebró Dios una muela que <I>estaba</I> en la quijada, y salieron de allí aguas, y bebió, y recobró su espíritu, y vivió. Por tanto llamó su nombre <I>de aquel lugar</I> , En-hacore (<I>fuente del que llama</I> ), el cual <I>está</I> en Lehi, hasta hoy. 20 Y juzgó a Israel en <I>los</I> días de los filisteos veinte años.
1 Y fue Sansón a Gaza, y vio allí una mujer ramera, y entró a ella. 2 Y fue dicho a los de Gaza: Sansón es venido acá. Y lo cercaron, y le pusieron espías toda aquella noche a la puerta de la ciudad; y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana; entonces lo mataremos. 3 Mas Sansón durmió hasta la medianoche; y a la medianoche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro, y se fue, y se subió con ellas a la cumbre del monte que <I> está</I> delante de Hebrón. 4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila. 5 Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale y sabe en qué <I>consiste</I> su fuerza <I>tan</I> grande, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo atormentemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. 6 Y Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares en qué <I>consiste</I> tu fuerza <I>tan</I> grande, y cómo podrás ser atado para ser atormentado. 7 Y le respondió Sansón: Si me ataren con siete mimbres verdes que aún no estén enjutos, entonces me debilitaré, y seré como cualquiera de los <I>demás</I> hombres. 8 Y los príncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aún no estaban enjutos, y <I>ella</I> le ató con ellos. 9 Y los espías estaban <I>escondidos</I> en casa de ella en una cámara. Entonces <I>ella</I> le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando siente el fuego; y no se supo <I>el secreto de</I> su fuerza. 10 Entonces Dalila dijo a Sansón: He aquí tú me has engañado, y me has dicho mentiras: descúbreme, pues, ahora, yo te ruego, cómo podrás ser atado. 11 Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas, con las cuales ninguna cosa se haya hecho, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los <I>demás</I> hombres. 12 Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y le ató con ellas, y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y los espías estaban en una cámara. Mas él rompió las <I>cuerdas</I> de sus brazos como un hilo. 13 Y Dalila dijo a Sansón: Hasta ahora me engañas, y tratas conmigo con mentiras. Descúbreme, pues, ahora, cómo podrás ser atado. El entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela. 14 Y <I>ella las</I> aseguró <I>con</I> la estaca, y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Mas despertando él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela. 15 Y <I>ella</I> le dijo: ¿Cómo dices: <I>Yo</I> te amo, pues que tu corazón no <I>está</I> conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has descubierto aún en qué <I>está</I> tu gran fuerza. 16 Y aconteció que, apretándole ella cada día con sus palabras y moliéndolo, su alma <I>fue reducida</I> a mortal angustia. 17 Le descubrió, <I>pues</I> , todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque <I>soy</I> nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y seré debilitado, y como todos los <I>demás</I> hombres. 18 Y viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los príncipes de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los príncipes de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero. 19 Y <I>ella</I> hizo que él se durmiese sobre sus rodillas; y llamado <I>un</I> hombre, le rapó <I>las</I> siete guedejas de su cabeza, y comenzó a afligirlo, y su fuerza se apartó de él. 20 Y ella le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y él, cuando se despertó de su sueño, dijo <I>entre sí</I> : Esta vez saldré como las otras, y me escaparé; no sabiendo que el SEÑOR ya se había apartado de él. 21 Mas los filisteos echaron mano de él, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas de hierro, para que moliese en la cárcel. 22 Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer, después que fue rapado. 23 <I>Entonces</I> los príncipes de los filisteos se juntaron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón su dios, y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo. 24 Y viéndolo el pueblo, loaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había dado muerte a muchos de nosotros. 25 Y aconteció que, yéndose alegrando el corazón de ellos, dijeron: Llamad a Sansón, para que nos haga reir. Y llamaron a Sansón de la cárcel, y sirvió de diversión delante de ellos; y lo pusieron entre las columnas. 26 Y Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme tentar las columnas sobre que se sustenta la casa, para que me apoye sobre ellas. 27 Y la casa <I>estaba</I> llena de hombres y mujeres; y todos los príncipes de los filisteos <I>estaban</I> allí; <I>y</I> sobre el techo había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Sansón. 28 <I>Entonces</I> clamó Sansón al SEÑOR, y dijo: Señor DIOS, acuérdate ahora de mí, y esfuérzame ahora solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos, por mis dos ojos. 29 Asió luego Sansón las dos columnas del medio sobre las cuales se sustentaba la casa, y estribó en ellas, la una con la mano derecha, y la otra con la izquierda; 30 y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Y estribando con esfuerzo, cayó la casa sobre los príncipes, y sobre todo el pueblo que <I>estaba</I> en ella. Y fueron muchos más los que de ellos mató en su muerte, que los que había muerto en su vida. 31 Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años.
1 Hubo un varón del monte de Efraín, que se llamaba Micaía. 2 El cual dijo a su madre: Los mil cien siclos de plata que te fueron hurtados, <I>por lo que</I> tú maldecías oyéndolo yo, he aquí que yo tengo este dinero; yo lo había tomado. Entonces la madre dijo: Bendito <I>seas</I> del SEÑOR, hijo mío. 3 Y luego que él hubo vuelto a su madre los mil cien <I>siclos</I> de plata, su madre dijo: Yo he dedicado este dinero al SEÑOR de mi mano para ti, hijo mío, para que hagas una imagen de talla o de fundición; ahora, pues, <I> yo</I> te lo devuelvo. 4 Mas volviendo él a su madre el dinero, tomó su madre doscientos <I>siclos</I> de plata, y los dio al fundidor; y él le hizo de ellos una imagen de talla y de fundición, la cual fue <I>puesta</I> en casa de Micaía. 5 Y tuvo este hombre Micaía burdel de idolatría, y se hizo hacer efod y terafin (<I>los vasos, vestidos e instrumentos pertenecientes al culto idolátrico</I> ), y consagró uno de sus hijos; y le fue por sacerdote. 6 En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía como mejor le parecía. 7 Y había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, el cual era levita; y peregrinaba allí. 8 Este varón se había partido de la ciudad de Belén de Judá, para ir a vivir donde hallase; y llegando al monte de Efraín, <I>vino</I> a casa de Micaía, para <I>de allí</I> hacer su camino. 9 Y Micaía le dijo: ¿De dónde vienes? Y el levita le respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir donde hallare. 10 Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y me serás en lugar de padre y sacerdote; y yo te daré diez <I>siclos</I> de plata por año, y el ordinario de vestidos, y tu comida. Y el levita se quedó. 11 Acordó, pues, el levita en morar con aquel hombre, y él lo tenía como a uno de sus hijos. 12 Y Micaía consagró al levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y estaba en casa de Micaía. 13 Y Micaía dijo: Ahora sé que el SEÑOR me hará bien, pues que el levita es hecho mi sacerdote.
1 En aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde morase, porque hasta entonces no le había caído <I>su suerte</I> entre las tribus de Israel por heredad. 2 Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de sus términos, hombres valientes, de Zora y Estaol, para que reconociesen y explorasen bien la tierra; y les dijeron: Id y reconoced la tierra. Estos vinieron al monte de Efraín, hasta la casa de Micaía, y allí posaron. 3 Y cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron <I>el acento de</I> la voz del joven levita; y llegándose allá, le dijeron: ¿Quién te ha traído por acá? ¿Y qué haces aquí? ¿Y qué tienes tú por aquí? 4 Y él les respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote. 5 Y ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de prosperar nuestro viaje que hacemos. 6 Y el sacerdote les respondió: Id en paz, que vuestro viaje que hacéis <I>es</I> delante del SEÑOR. 7 Entonces aquellos cinco hombres partieron, y vinieron a Lais; y vieron que el pueblo que <I>habitaba</I> en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón; no había nadie en aquella región que los perturbase en cosa alguna para poseer aquel reino; además de esto, <I>estaban</I> lejos de los sidonios, y no tenían negocios con nadie. 8 Volviendo, pues, ellos a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? Y ellos respondieron: 9 Levantaos, subamos contra ellos; porque <I>nosotros</I> hemos explorado la región, y hemos visto <I>que es</I> muy buena; ¿y vosotros os estáis quedos? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a poseer la tierra. 10 Cuando allá llegaréis, vendréis a una gente segura, y a una tierra de ancho asiento; pues que Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no hay falta de cosa que sea en la tierra. 11 Y partiendo los de Dan de allí, de Zora y de Estaol, seiscientos hombres armados de armas de guerra, 12 fueron y asentaron campamento en Quiriat-jearim, en Judá; de donde aquel lugar fue llamado el campamento de Dan, hasta hoy; está detrás de Quiriat-jearim. 13 Y pasando de allí al monte de Efraín, vinieron hasta la casa de Micaía. 14 <I>Entonces</I> aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de Lais, dijeron a sus hermanos: ¿No sabéis como en estas casas hay efod y terafines, e imagen de talla y de fundición? Mirad, pues, lo que habéis de hacer. 15 Y llegándose allá, vinieron a la casa del joven levita en casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba. 16 Y los seiscientos hombres, que <I>eran</I> de los hijos de Dan, <I>estaban</I> armados de sus armas de guerra a la entrada de la puerta. 17 Y subiendo los cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron allá, y tomaron la imagen de talla, y el efod, y los terafines, y la imagen de fundición, mientras estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados de armas de guerra. 18 Entrando, pues, aquellos en la casa de Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod, y el terafin, y la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros? 19 Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un hombre solo, que de una tribu y familia de Israel? 20 Y se alegró el corazón del sacerdote; el cual tomando el efod y los terafines, y la imagen, se vino entre la gente. 21 Y ellos tornaron y se fueron; y pusieron los niños, y el ganado y el bagaje, delante de sí. 22 Y <I>cuando</I> ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres que <I>habitaban</I> en las casas cercanas a la casa de Micaía, se juntaron, y siguieron a los hijos de Dan. 23 Y dando voces a los de Dan, <I>éstos</I> volvieron sus rostros, y dijeron a Micaía: ¿Qué tienes que has juntado gente? 24 Y él respondió: Mis dioses que yo hice, que lleváis juntamente con el sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Y a qué propósito me decís: Qué tienes? 25 Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, que por ventura los varones de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida, y la vida de los tuyos. 26 Y yéndose los hijos de Dan su camino, y viendo Micaía que <I>eran</I> más fuertes que él, volvió y regresó a su casa. 27 Y ellos llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, al pueblo reposado y seguro; y los metieron a cuchillo, y abrasaron la ciudad con fuego. 28 Y no <I>hubo</I> quien los defendiese, porque <I>estaban</I> lejos de Sidón, y no tenían comercio con nadie. Y <I>la ciudad estaba</I> en el valle que <I>hay</I> en Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad, y habitaron en ella. 29 Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la ciudad Lais. 30 Y los hijos de Dan se levantaron imagen de talla; y Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Manasés, él y sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día de la transmigración de la tierra. 31 Y levantaron la imagen de Micaía, la cual él había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.
1 En aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un levita que moraba como peregrino en los lados del monte de Efraín, el cual se había tomado mujer concubina de Belén de Judá. 2 Y su concubina adulteró contra él, y se fue de él a casa de su padre, a Belén de Judá, y estuvo allá por tiempo de cuatro meses. 3 Y se levantó su marido, y la siguió, para hablarle amorosamente y volverla, <I>llevando</I> consigo un criado suyo y un par de asnos; y ella le metió en la casa de su padre. 4 Y viéndole el padre de la joven, le salió a recibir gozoso; y le detuvo su suegro, <I>el</I> padre de la joven, y quedó en su casa tres días, comiendo y bebiendo, y reposando allí. 5 Y al cuarto día, cuando se levantaron de mañana, se levantó también el <I>levita</I> para irse, y el padre de la joven dijo a su yerno: Conforta tu corazón con un bocado de pan, y después os iréis. 6 Y se sentaron ellos dos juntos, y comieron y bebieron. Y el padre de la joven dijo al varón: Yo te ruego que te quieras quedar aquí esta noche, y se alegrará tu corazón. 7 Y levantándose el varón para irse, el suegro le constriñó a que tornase y tuviese allí la noche. 8 Y al quinto día levantándose de mañana para irse, le dijo el padre de la joven: Conforta ahora tu corazón. Y habiendo comido ambos juntos, se detuvieron hasta que ya declinaba el día. 9 Se levantó <I>luego</I> el varón para irse, él, y su concubina, y su criado. Entonces su suegro, el padre de la joven, le dijo: He aquí el día declina para ponerse <I>el sol</I> , te ruego que os estéis aquí la noche; he aquí que el día se acaba, ten aquí la noche, para que se alegre tu corazón; y mañana os levantaréis temprano a vuestro camino, y llegarás a tus tiendas. 10 Mas el varón no quiso quedar allí la noche, sino que se levantó y partió, y llegó hasta enfrente de Jebús, que es Jerusalén, con su par de asnos aparejados, y <I>con</I> su concubina. 11 Y estando ya junto a Jebús, el día había declinado mucho; y dijo el criado a su señor: Ven ahora, y vámonos a esta ciudad de los jebuseos, para que tengamos en ella la noche. 12 Y su señor le respondió: No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel; antes pasaremos hasta Gabaa. Y dijo a su criado: 13 Ven, lleguemos a uno de esos <I>dos</I> lugares, para tener la noche en Gabaa, o en Ramá. 14 Pasando, pues, caminaron, y se les puso el sol junto a Gabaa, que <I>era</I> de Benjamín. 15 Y se apartaron del camino para entrar a tener allí la noche en Gabaa; y entrando, se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiese en casa para pasar la noche. 16 Y he aquí un hombre viejo, que a la tarde venía del campo de trabajar; el cual <I>era también</I> del monte de Efraín, y moraba como peregrino en Gabaa, pero los moradores de aquel lugar <I>eran</I> hijos de Jemini (<I> Benjamín</I> ). 17 Y alzando el viejo los ojos, vio a aquel viajante en la plaza de la ciudad, y le dijo: ¿A dónde vas, y de dónde vienes? 18 Y él respondió: Pasamos de Belén de Judá a los lados del monte de Efraín, de donde yo soy; y partí hasta Belén de Judá; y voy a la Casa del SEÑOR, y no <I>hay</I> quien me reciba en casa, 19 aunque nosotros tenemos paja y de comer para nuestros asnos, y también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que <I>está</I> con tu siervo; de nada tenemos falta. 20 Y el hombre viejo dijo: Paz sea contigo; tu necesidad toda <I>sea</I> solamente a mi cargo, con tal que no tengas la noche en la plaza. 21 Y metiéndolos en su casa, dio de comer a sus asnos; y lavaron sus pies, y comieron y bebieron. 22 Y cuando estaban gozosos, he aquí, que los hombres de aquella ciudad, <I>que eran</I> hombres hijos de Belial, cercaron la casa, y batieron las puertas, diciendo al hombre viejo señor de la casa: Saca fuera el hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos. 23 Y saliendo a ellos el varón, señor de la casa, les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal, pues que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. 24 He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; <I>yo</I> os las sacaré ahora; humilladlas, y haced con ellas como os pareciere, y no hagáis a este hombre cosa tan infame. 25 Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre su concubina, se la sacó fuera; y ellos la conocieron, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba. 26 Y antes que fuese de día la mujer vino, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fue de día. 27 Y levantándose de mañana su señor, abrió las puertas de la casa, y salió para ir su camino, y he aquí, la mujer su concubina <I>estaba</I> tendida delante de la puerta de la casa, <I>con</I> las manos sobre el umbral. 28 Y él le dijo: Levántate, y vámonos. Mas ella no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, se levantó y se fue a su lugar. 29 Y al llegar a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su concubina, y la despedazó con sus huesos en doce partes, y las envió por todos los términos de Israel. 30 Y todo el que <I>lo</I> veía, decía: Jamás se ha hecho ni visto tal cosa, desde el tiempo que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, dad consejo, y hablad.
1 Entonces salieron todos los hijos de Israel, y se reunió la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad, al SEÑOR en Mizpa. 2 Y los cantones de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaron presentes en la reunión del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sacaban espada. 3 Y los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Y dijeron los hijos de Israel: Decid cómo fue esta maldad. 4 Entonces el varón levita, marido de la mujer muerta, respondió y dijo: <I>Yo</I> llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina, para tener allí la noche. 5 Y levantándose contra mí los señores de Gabaa, cercaron sobre mí la casa de noche, con idea de matarme, y oprimieron mi concubina de tal manera, que ella fue muerta. 6 Entonces tomando <I>yo</I> mi concubina, la corté en piezas, y las envié por todo el término de la posesión de Israel; por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel. 7 He aquí que todos vosotros los hijos de Israel <I>estáis presentes</I> ; daos aquí parecer y consejo. 8 Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni nos apartaremos cada uno a su casa, 9 hasta que hagamos esto sobre Gabaa: que echemos suertes contra ella; 10 y tomaremos diez hombres de cada ciento por todas las tribus de Israel, y de cada mil ciento, y mil de cada diez mil, que lleven bastimento para el pueblo que irá contra Gabaa de Benjamín, para hacerles conforme a toda la abominación que ha cometido en Israel. 11 Y se juntaron todos los hombres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre. 12 Y las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad <I>es</I> ésta que ha sido hecha entre vosotros? 13 Entregad, pues, ahora aquellos hombres, hijos de Belial, que <I>están</I> en Gabaa, para que los matemos, y barramos el mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oír la voz de sus hermanos los hijos de Israel; 14 antes los de Benjamín se juntaron de las ciudades de Gabaa, para salir a pelear contra los hijos de Israel. 15 Y fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamín de las ciudades, veintiséis mil hombres que sacaban espada, sin los que moraban en Gabaa, <I>que</I> fueron por cuenta setecientos varones escogidos. 16 De toda aquella gente <I>había</I> setecientos hombres escogidos, que eran cerrados de la mano derecha (<I>zurdos</I> ), todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban. 17 Y fueron contados los varones de Israel, fuera de Benjamín, cuatrocientos mil hombres que sacaban espada, todos estos hombres de guerra. 18 Luego se levantaron los hijos de Israel, y subieron a la Casa de Dios, y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Y el SEÑOR respondió: Judá <I>será</I> el primero. 19 Levantándose, pues, de mañana los hijos de Israel, pusieron campamento contra Gabaa. 20 Porque los hijos de Israel habían salido a hacer guerra contra Benjamín; y los varones de Israel ordenaron la batalla contra ellos junto a Gabaa. 21 Saliendo <I>entonces</I> de Gabaa los hijos de Benjamín, derribaron en tierra veintidós mil hombres de los hijos de Israel. 22 Mas reanimándose el pueblo, los varones de Israel volvieron a ordenar la batalla en el mismo lugar donde la habían ordenado el primer día. 23 Y los hijos de Israel subieron, y lloraron delante del SEÑOR hasta la tarde, y consultaron con el SEÑOR, diciendo: ¿Volveré a pelear con los hijos de Benjamín mi hermano? Y el SEÑOR les respondió: Subid contra él. 24 Y el segundo día los hijos de Israel se acercaron a los hijos de Benjamín. 25 Y aquel segundo día, saliendo Benjamín de Gabaa contra ellos, derribaron por tierra otros dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada. 26 Entonces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la Casa de Dios; y lloraron, y se sentaron allí delante del SEÑOR, y ayunaron aquel día hasta la tarde; y sacrificaron holocaustos y pacíficos delante del SEÑOR. 27 Y los hijos de Israel preguntaron al SEÑOR, (porque el arca del pacto de Dios <I>estaba</I> allí en aquellos días, 28 y Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, se presentaba delante de ella en aquellos días,) y dijeron: ¿Volveré a salir en batalla contra los hijos de Benjamín mi hermano, o me estaré quedo? Y el SEÑOR dijo: Subid, que mañana <I>yo</I> lo entregaré en tu mano. 29 Y puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa. 30 Subiendo <I>entonces</I> los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el tercer día, ordenaron <I>la batalla</I> delante de Gabaa, como las otras veces. 31 Y saliendo los hijos de Benjamín contra el pueblo, alejados de la ciudad, comenzaron a herir <I>algunos</I> del pueblo, matando como las otras veces por los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el, y el otro a Gabaa por el campo; <I>y mataron</I> unos treinta hombres de Israel. 32 Y los hijos de Benjamín decían: Vencidos <I>son</I> delante de nosotros, como antes. Mas los hijos de Israel decían: Huiremos, y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos. 33 Entonces, levantándose todos los de Israel de su lugar, se pusieron en orden en Baal-tamar; y también las emboscadas de Israel salieron de su lugar, del prado de Gabaa. 34 Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, y la batalla comenzó a agravarse; mas ellos no sabían que el mal se acercaba sobre ellos. 35 E hirió el SEÑOR a Benjamín delante de Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día veinticinco mil cien hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban espada. 36 Y vieron los hijos de Benjamín que eran muertos; pues los hijos de Israel habían dado lugar a Benjamín, porque estaban confiados en las emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa. 37 <I>Entonces los hombres de</I> las emboscadas acometieron prestamente Gabaa, y se extendieron, y pasaron a cuchillo toda la ciudad. 38 Ya los israelitas estaban concertados con <I>los hombres de</I> las emboscadas, que hiciesen mucho <I>fuego</I> , para que subiese gran humo de la ciudad. 39 Luego, pues, que los de Israel volvieron <I>la espalda</I> en la batalla, y los de Benjamín habían comenzado a derribar heridos de Israel unos treinta hombres, <I>de tal manera</I> que ya decían: Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en la primera batalla. 40 Mas cuando el humo comenzó a subir de la ciudad, Benjamín tornó a mirar atrás; y he aquí que el fuego de la ciudad subía al cielo. 41 Entonces se volvieron los varones de Israel, y los de Benjamín se llenaron de temor; porque vieron que el mal había venido sobre ellos. 42 Y volvieron <I>la espalda</I> delante de Israel hacia el camino del desierto; mas el escuadrón los alcanzó, y los <I>salidos</I> de las ciudades los mataban en medio de ellos, 43 los cuales cercaron a los de Benjamín, y los siguieron y hollaron, desde Menúha hasta enfrente de Gabaa al nacimiento del sol. 44 Y cayeron de Benjamín dieciocho mil hombres, todos ellos hombres de guerra. 45 Volviéndose luego, huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimón, y de ellos rebuscaron cinco mil hombres en los caminos; y fueron siguiéndolos hasta Gidom, y mataron de ellos <I>otros</I> dos mil hombres. 46 Así todos los que de Benjamín murieron aquel día, fueron veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra. 47 Y se volvieron y huyeron al desierto a la peña de Rimón seiscientos hombres, los cuales estuvieron en la peña de Rimón cuatro meses. 48 Y los varones de Israel volvieron <I>contra</I> los hijos de Benjamín, y los pasaron a cuchillo, a hombres y bestias en la ciudad, y todo lo que fue hallado; asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que hallaban.
1 Y los varones de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer. 2 Y vino el pueblo a la Casa de Dios, y se estuvieron allí hasta la tarde delante de Dios; y alzando su voz hicieron gran llanto, y dijeron: 3 Oh SEÑOR Dios de Israel, ¿por qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu? 4 Y al día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y edificaron allí altar, y ofrecieron holocausto y pacíficos. 5 Y dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de todas las tribus de Israel no subió a la reunión <I>delante</I> del SEÑOR? Porque se había hecho gran juramento contra el que no subiese al SEÑOR en Mizpa, diciendo: Sufrirá muerte. 6 Y los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Una tribu es hoy cortada de Israel. 7 ¿Qué haremos en cuanto a mujeres para los que han quedado? Nosotros hemos jurado por el SEÑOR que no les hemos de dar nuestras hijas por mujeres. 8 Y dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que no haya subido al SEÑOR en Mizpa? Y hallaron que ninguno de Jabes-galaad había venido al campamento <I>ni</I> a la reunión. 9 Porque el pueblo fue contado, y no hubo allí varón de los moradores de Jabes-galaad. 10 Entonces la congregación envió allá doce mil hombres de los más valientes, y les mandaron, diciendo: Id y pasad a cuchillo a los moradores de Jabes-galaad, con las mujeres y los niños. 11 Mas haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda mujer que hubiere conocido ayuntamiento de varón. 12 Y hallaron de los moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que no habían conocido varón en ayuntamiento de varón, y las trajeron al campamento en Silo, que <I>es</I> en la tierra de Canaán. 13 Toda la congregación envió <I>luego</I> a hablar a los hijos de Benjamín que <I>estaban</I> en la peña de Rimón, y los llamaron en paz. 14 Y volvieron entonces los de Benjamín; y les dieron por mujeres las que habían guardado vivas de las mujeres de Jabes-galaad; mas no les bastaron éstas. 15 Y el pueblo tuvo dolor a causa de Benjamín, de que el SEÑOR hubiese hecho mella en las tribus de Israel. 16 <I>Entonces</I> los ancianos de la congregación dijeron: ¿Qué haremos acerca de mujeres para los que han quedado? Porque el sexo de las mujeres había sido raído de Benjamín. 17 Y dijeron: Que se salva la heredad de Benjamín, <I>para que</I> no sea <I>una</I> tribu raída de Israel. 18 Nosotros <I>sin embargo</I> , no les podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado, diciendo: Maldito el que diere mujer a <I>alguno de</I> Benjamín. 19 <I>Ahora bien</I> , dijeron, he aquí cada año hay fiesta solemne del SEÑOR en Silo, que <I>está</I> al aquilón de Bet-el, y al nacimiento del sol al camino que sube de Bet-el a Siquem, y al mediodía de Lebona. 20 Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned emboscada en las viñas; 21 y estad atentos; y cuando viereis salir las hijas de Silo a bailar en corros, <I>vosotros</I> saldréis de las viñas, y arrebataréis cada uno mujer para sí de las hijas de Silo, y os iréis a tierra de Benjamín. 22 Y cuando vinieren los padres de ellas o sus hermanos a demandárnoslo, nosotros les diremos: Tened piedad de nosotros en lugar de ellos; pues que nosotros en la guerra no tomamos mujeres para todos; <I>y</I> pues que vosotros no se las habéis dado, para que ahora seáis culpables. 23 Y los hijos de Benjamín lo hicieron así; y tomaron mujeres conforme a su número, arrebatando de las que danzaban; y yéndose <I>luego</I> , se volvieron a su heredad, y reedificaron las ciudades, <I>y</I> habitaron en ellas. 24 Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno a su tribu y a su familia, saliendo de allí cada uno a su heredad. 25 En estos días no <I>había</I> rey en Israel: cada uno hacía lo <I>que le parecía</I> recto delante de sus ojos.
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