Salmos 116; Salmos 117; Salmos 118; 1 Corintios 7:1-19

1 Amo al SEÑOR, porque oye mi voz y mis súplicas. 2 Porque a mí ha inclinado su oído; por tanto le invocaré mientras yo viva. 3 Los lazos de la muerte me rodearon, y los terrores del Seol vinieron sobre mí; angustia y tristeza encontré. 4 Invoqué entonces el nombre del SEÑOR, diciendo: Te ruego, oh SEÑOR: salva mi vida. 5 Clemente y justo es el SEÑOR; sí, compasivo es nuestro Dios. 6 El SEÑOR guarda a los sencillos; estaba yo postrado y me salvó. 7 Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el SEÑOR te ha colmado de bienes. 8 Pues tú has rescatado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, mis pies de tropezar. 9 Andaré delante del SEÑOR en la tierra de los vivientes. 10 Yo creía, aun cuando decía: Estoy muy afligido. 11 Dije alarmado: Todo hombre es mentiroso. 12 ¿Qué daré al SEÑOR por todos sus beneficios para conmigo? 13 Alzaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre del SEÑOR. 14 Cumpliré mis votos al SEÑOR, sí, en presencia de todo su pueblo. 15 Estimada a los ojos del SEÑOR es la muerte de sus santos. 16 ¡Ah, SEÑOR! Ciertamente yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; tú desataste mis ataduras. 17 Te ofreceré sacrificio de acción de gracias, e invocaré el nombre del SEÑOR. 18 Al SEÑOR cumpliré mis votos, sí, en presencia de todo su pueblo, 19 en los atrios de la casa del SEÑOR, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya!
1 Alabad al SEÑOR, naciones todas; alabadle, pueblos todos. 2 Porque grande es su misericordia para con nosotros, y la verdad del SEÑOR es eterna. ¡Aleluya!
1 Dad gracias al SEÑOR, porque El es bueno; porque para siempre es su misericordia. 2 Diga ahora Israel: Para siempre es su misericordia. 3 Diga ahora la casa de Aarón: Para siempre es su misericordia. 4 Digan ahora los que temen al SEÑOR: Para siempre es su misericordia. 5 En medio de mi angustia invoqué al SEÑOR; el SEÑOR me respondió y me puso en un lugar espacioso. 6 El SEÑOR está a mi favor; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? 7 El SEÑOR está por mí entre los que me ayudan; por tanto, miraré triunfante sobre los que me aborrecen. 8 Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en el hombre. 9 Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en príncipes. 10 Todas las naciones me rodearon; en el nombre del SEÑOR ciertamente las destruí. 11 Me rodearon, sí, me rodearon; en el nombre del SEÑOR ciertamente las destruí. 12 Me rodearon como abejas; fueron extinguidas como fuego de espinos; en el nombre del SEÑOR ciertamente las destruí. 13 Me empujaste con violencia para que cayera, pero el SEÑOR me ayudó. 14 El SEÑOR es mi fortaleza y mi canción, y ha sido para mí salvación. 15 Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos; la diestra del SEÑOR hace proezas. 16 La diestra del SEÑOR es exaltada; la diestra del SEÑOR hace proezas. 17 No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del SEÑOR. 18 El SEÑOR me ha reprendido severamente, pero no me ha entregado a la muerte. 19 Abridme las puertas de la justicia; entraré por ellas y daré gracias al SEÑOR. 20 Esta es la puerta del SEÑOR; los justos entrarán por ella. 21 Te daré gracias porque me has respondido, y has sido mi salvación. 22 La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra principal del ángulo. 23 Obra del SEÑOR es esto; admirable a nuestros ojos. 24 Este es el día que el SEÑOR ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él. 25 Te rogamos, oh SEÑOR: sálvanos ahora; te rogamos, oh SEÑOR: prospéranos ahora. 26 Bendito el que viene en el nombre del SEÑOR; desde la casa del SEÑOR os bendecimos. 27 El SEÑOR es Dios y nos ha dado luz; atad el sacrificio de la fiesta con cuerdas a los cuernos del altar. 28 Tú eres mi Dios, y gracias te doy; tú eres mi Dios, yo te exalto. 29 Dad gracias al SEÑOR, porque El es bueno; porque para siempre es su misericordia. Alef.
1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno es para el hombre no tocar mujer. 2 No obstante, por razón de las inmoralidades, que cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. 3 Que el marido cumpla su deber para con su mujer, e igualmente la mujer lo cumpla con el marido. 4 La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido. Y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os privéis el uno del otro, excepto de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaros a la oración; volved después a juntaros a fin de que Satanás no os tiente por causa de vuestra falta de dominio propio. 6 Mas esto digo por vía de concesión, no como una orden. 7 Sin embargo , yo desearía que todos los hombres fueran como yo. No obstante, cada cual ha recibido de Dios su propio don, uno de esta manera y otro de aquélla. 8 A los solteros y a las viudas digo que es bueno para ellos si se quedan como yo. 9 Pero si carecen de dominio propio, cásense; que mejor es casarse que quemarse. 10 A los casados instruyo, no yo, sino el Señor: que la mujer no debe dejar al marido 11 (pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se reconcilie con su marido), y que el marido no abandone a su mujer. 12 Pero a los demás digo yo, no el Señor, que si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y la mujer cuyo marido no es creyente, y él consiente en vivir con ella, no abandone a su marido. 14 Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer; y la mujer que no es creyente es santificada por medio de su marido creyente; de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mas ahora son santos. 15 Sin embargo, si el que no es creyente se separa, que se separe; en tales casos el hermano o la hermana no están obligados, sino que Dios nos ha llamado para vivir en paz. 16 Pues ¿cómo sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? ¿O cómo sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer? 17 Fuera de esto, según el Señor ha asignado a cada uno, según Dios llamó a cada cual, así ande. Y esto ordeno en todas las iglesias. 18 ¿Fue llamado alguno ya circuncidado? Quédese circuncidado. ¿Fue llamado alguno estando incircuncidado? No se circuncide. 19 La circuncisión nada es, y nada es la incircuncisión, sino el guardar los mandamientos de Dios.
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