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Y llegándose uno de los escribas, que los habÃa oÃdo disputar, y sabÃa que les habÃa respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el principal mandamiento de todos?
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Y Jesús le respondió: El principal mandamiento de todos
es : Oye Israel, el Señor nuestro Dios; el Señor uno es.
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Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu pensamiento, y de todas tus fuerzas: este es el principal mandamiento.
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Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
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Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;
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y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas; y amar al prójimo como a sà mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios.
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Jesús entonces, viendo que habÃa respondido sabiamente, le dice: No estás lejos del Reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.
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Y respondiendo Jesús decÃa, enseñando en el Templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
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Porque el mismo David dijo por
el EspÃritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.
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Luego llamándole el mismo David, Señor, ¿de dónde, pues, es su hijo? Y muchas personas le oÃan de buena gana.
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Y les decÃa en su doctrina: Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y
aman las salutaciones en las plazas,