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Proverbios 1:8-33; Proverbios 2:1-22; Proverbios 3:1-35; Proverbios 4:1-27; Proverbios 5:1-23; Proverbios 6:1-35; Proverbios 7:1-27; Proverbios 8:1-36; Proverbios 9:1-18 (La Biblia Reina-Valera)

8 Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre: 9 Porque adorno de gracia serán á tu cabeza, Y collares á tu cuello. 10 Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, No consientas. 11 Si dijeren: Ven con nosotros, Pongamos asechanzas á la sangre, Acechemos sin motivo al inocente; 12 Los tragaremos vivos como el sepulcro, Y enteros, como los que caen en sima; 13 Hallaremos riquezas de todas suertes, Henchiremos nuestras casas de despojos; 14 Echa tu suerte entre nosotros; Tengamos todos una bolsa: 15 Hijo mío, no andes en camino con ellos; Aparta tu pie de sus veredas: 16 Porque sus pies correrán al mal, E irán presurosos á derramar sangre. 17 Porque en vano se tenderá la red Ante los ojos de toda ave; 18 Mas ellos á su propia sangre ponen asechanzas, Y á sus almas tienden lazo. 19 Tales son las sendas de todo el que es dado á la codicia, La cual prenderá el alma de sus poseedores. 20 La sabiduría clama de fuera, Da su voz en las plazas: 21 Clama en los principales lugares de concurso; En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones: 22 ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, Y los burladores desearán el burlar, Y los insensatos aborrecerán la ciencia? 23 Volveos á mi reprensión: He aquí yo os derramaré mi espíritu, Y os haré saber mis palabras. 24 Por cuanto llamé, y no quisisteis: Extendí mi mano, y no hubo quien escuchase; 25 Antes desechasteis todo consejo mío, Y mi reprensión no quisisteis: 26 También yo me reiré en vuestra calamidad, Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis; 27 Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, Y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia. 28 Entonces me llamarán, y no responderé; Buscarme han de mañana, y no me hallarán: 29 Por cuanto aborrecieron la sabiduría, Y no escogieron el temor de Jehová, 30 Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron toda reprensión mía: 31 Comerán pues del fruto de su camino, Y se hartarán de sus consejos. 32 Porque el reposo de los ignorantes los matará, Y la prosperidad de los necios los echará á perder. 33 Mas el que me oyere, habitará confiadamente, Y vivirá reposado, sin temor de mal. 1 HIJO mío, si tomares mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2 Haciendo estar atento tu oído á la sabiduría; Si inclinares tu corazón á la prudencia; 3 Si clamares á la inteligencia, Y á la prudencia dieres tu voz; 4 Si como á la plata la buscares, Y la escudriñares como á tesoros; 5 Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. 6 Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. 7 El provee de sólida sabiduría á los rectos: Es escudo á los que caminan rectamente. 8 Es el que guarda las veredas del juicio, Y preserva el camino de sus santos. 9 Entonces entenderás justicia, juicio, Y equidad, y todo buen camino. 10 Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, Y la ciencia fuere dulce á tu alma, 11 El consejo te guardará, Te preservará la inteligencia: 12 Para librarte del mal camino, De los hombres que hablan perversidades; 13 Que dejan las veredas derechas, Por andar en caminos tenebrosos; 14 Que se alegran haciendo mal, Que se huelgan en las perversidades del vicio; 15 Cuyas veredas son torcidas, Y torcidos sus caminos. 16 Para librarte de la mujer extraña, De la ajena que halaga con sus palabras; 17 Que desampara el príncipe de su mocedad, Y se olvida del pacto de su Dios. 18 Por lo cual su casa está inclinada á la muerte, Y sus veredas hacia los muertos: 19 Todos los que á ella entraren, no volverán, Ni tomarán las veredas de la vida. 20 Para que andes por el camino de los buenos, Y guardes las veredas de los justos. 21 Porque los rectos habitarán la tierra, Y los perfectos permanecerán en ella; 22 Mas los impíos serán cortados de la tierra, Y los prevaricadores serán de ella desarraigados. 1 HIJO mío, no te olvides de mi ley; Y tu corazón guarde mis mandamientos: 2 Porque largura de días, y años de vida Y paz te aumentarán. 3 Misericordia y verdad no te desamparen; Atalas á tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón: 4 Y hallarás gracia y buena opinión En los ojos de Dios y de los hombres. 5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. 7 No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal; 8 Porque será medicina á tu ombligo, Y tuétano á tus huesos. 9 Honra á Jehová de tu sustancia, Y de las primicias de todos tus frutos; 10 Y serán llenas tus trojes con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto. 11 No deseches, hijo mío, el castigo de Jehová; Ni te fatigues de su corrección: 12 Porque al que ama castiga, Como el padre al hijo á quien quiere. 13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia: 14 Porque su mercadería es mejor que la mercadería de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. 15 Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar á ella. 16 Largura de días está en su mano derecha; En su izquierda riquezas y honra. 17 Sus caminos son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. 18 Ella es árbol de vida á los que de ella asen: Y bienaventurados son los que la mantienen. 19 Jehová con sabiduría fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia. 20 Con su ciencia se partieron los abismos, Y destilan el rocío los cielos. 21 Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; Guarda la ley y el consejo; 22 Y serán vida á tu alma, Y gracia á tu cuello. 23 Entonces andarás por tu camino confiadamente, Y tu pie no tropezará. 24 Cuando te acostares, no tendrás temor; Antes te acostarás, y tu sueño será suave. 25 No tendrás temor de pavor repentino, Ni de la ruina de los impíos cuando viniere: 26 Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de ser preso. 27 No detengas el bien de sus dueños, Cuando tuvieres poder para hacerlo. 28 No digas á tu prójimo: Ve, y vuelve, Y mañana te daré; Cuando tienes contigo qué darle. 29 No intentes mal contra tu prójimo, Estando él confiado de ti. 30 No pleitees con alguno sin razón, Si él no te ha hecho agravio. 31 No envidies al hombre injusto, Ni escojas alguno de sus caminos. 32 Porque el perverso es abominado de Jehová: Mas su secreto es con los rectos. 33 La maldición de Jehová está en la casa del impío; Mas él bendecirá la morada de los justos. 34 Ciertamente él escarnecerá á los escarnecedores, Y á los humildes dará gracia. 35 Los sabios heredarán honra: Mas los necios sostendrán ignominia. 1 OID, hijos, la doctrina de un padre, Y estad atentos para que conozcáis cordura. 2 Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley. 3 Porque yo fuí hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre. 4 Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, Guarda mis mandamientos, y vivirás: 5 Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca; 6 No la dejes, y ella te guardará; Amala, y te conservará. 7 Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría: Y ante toda tu posesión adquiere inteligencia. 8 Engrandécela, y ella te engrandecerá: Ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado. 9 Adorno de gracia dará á tu cabeza: Corona de hermosura te entregará. 10 Oye, hijo mío, y recibe mis razones; Y se te multiplicarán años de vida. 11 Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar. 12 Cuando anduvieres no se estrecharán tus pasos; Y si corrieres, no tropezarás. 13 Ten el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida. 14 No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos. 15 Desampárala, no pases por ella; Apártate de ella, pasa. 16 Porque no duermen ellos, si no hicieren mal; Y pierden su sueño, si no han hecho caer. 17 Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos. 18 Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto. 19 El camino de los impíos es como la oscuridad: No saben en qué tropiezan. 20 Hijo mío, está atento á mis palabras; Inclina tu oído á mis razones. 21 No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón. 22 Porque son vida á los que las hallan, Y medicina á toda su carne. 23 Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. 24 Aparta de ti la perversidad de la boca, Y aleja de ti la iniquidad de labios. 25 Tus ojos miren lo recto, Y tus párpados en derechura delante de ti. 26 Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean ordenados. 27 No te apartes á diestra, ni á siniestra: Aparta tu pie del mal. 1 HIJO mío, está atento á mi sabiduría, Y á mi inteligencia inclina tu oído; 2 Para que guardes consejo, Y tus labios conserven la ciencia. 3 Porque los labios de la extraña destilan miel, Y su paladar es más blando que el aceite; 4 Mas su fin es amargo como el ajenjo, Agudo como cuchillo de dos filos. 5 Sus pies descienden á la muerte; Sus pasos sustentan el sepulcro: 6 Sus caminos son instables; no los conocerás, Si no considerares el camino de vida. 7 Ahora pues, hijos, oidme, Y no os apartéis de las razones de mi boca. 8 Aleja de ella tu camino, Y no te acerques á la puerta de su casa; 9 Porque no des á los extraños tu honor, Y tus años á cruel; 10 Porque no se harten los extraños de tu fuerza, Y tus trabajos estén en casa del extraño; 11 Y gimas en tus postrimerías, Cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo, 12 Y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo, Y mi corazón menospreció la reprensión; 13 Y no oí la voz de los que me adoctrinaban, Y á los que me enseñaban no incliné mi oído! 14 Casi en todo mal he estado, En medio de la sociedad y de la congregación. 15 Bebe el agua de tu cisterna, Y los raudales de tu pozo. 16 Derrámense por de fuera tus fuentes, En las plazas los ríos de aguas. 17 Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo. 18 Sea bendito tu manantial; Y alégrate con la mujer de tu mocedad. 19 Como cierva amada y graciosa corza, Sus pechos te satisfagan en todo tiempo; Y en su amor recréate siempre. 20 ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la ajena, Y abrazarás el seno de la extraña? 21 Pues que los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, Y él considera todas sus veredas. 22 Prenderán al impío sus propias iniquidades, Y detenido será con las cuerdas de su pecado. 23 El morirá por falta de corrección; Y errará por la grandeza de su locura. 1 HIJO mío, si salieres fiador por tu amigo, Si tocaste tu mano por el extraño, 2 Enlazado eres con las palabras de tu boca, Y preso con las razones de tu boca. 3 Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, Ya que has caído en la mano de tu prójimo: Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo. 4 No des sueño á tus ojos, Ni á tus párpados adormecimiento. 5 Escápate como el corzo de la mano del cazador, Y como el ave de la mano del parancero. 6 Ve á la hormiga, oh perezoso Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida Y allega en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo: 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre de escudo. 12 El hombre malo, el hombre depravado, Anda en perversidad de boca; 13 Guiña de sus ojos, habla con sus pies, Indica con sus dedos; 14 Perversidades hay en su corazón, anda pensando mal en todo tiempo; Enciende rencillas. 15 Por tanto su calamidad vendrá de repente; Súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio. 16 Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: 17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, 18 El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, 19 El testigo falso que habla mentiras, Y el que enciende rencillas entre los hermanos. 20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre: 21 Atalos siempre en tu corazón, Enlázalos á tu cuello. 22 Te guiarán cuando anduvieres; cuando durmieres te guardarán; Hablarán contigo cuando despertares. 23 Porque el mandamiento es antorcha, y la enseñanza luz; Y camino de vida las reprensiones de la enseñanza: 24 Para que te guarden de la mala mujer, De la blandura de la lengua de la extraña. 25 No codicies su hermosura en tu corazón, Ni ella te prenda con sus ojos: 26 Porque á causa de la mujer ramera es reducido el hombre á un bocado de pan; Y la mujer caza la preciosa alma del varón. 27 ¿Tomará el hombre fuego en su seno, Sin que sus vestidos se quemen? 28 ¿Andará el hombre sobre las brasas, Sin que sus pies se abrasen? 29 Así el que entrare á la mujer de su prójimo; No será sin culpa cualquiera que la tocare. 30 No tienen en poco al ladrón, cuando hurtare Para saciar su alma teniendo hambre: 31 Empero tomado, paga las setenas, Da toda la sustancia de su casa. 32 Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: Corrompe su alma el que tal hace. 33 Plaga y vergüenza hallará; Y su afrenta nunca será raída. 34 Porque los celos son el furor del hombre, Y no perdonará en el día de la venganza. 35 No tendrá respeto á ninguna redención; Ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones. 1 HIJO mío, guarda mis razones, Y encierra contigo mis mandamientos. 2 Guarda mis mandamientos, y vivirás; Y mi ley como las niñas de tus ojos. 3 Lígalos á tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón. 4 Di á la sabiduría: Tú eres mi hermana; Y á la inteligencia llama parienta: 5 Para que te guarden de la mujer ajena, Y de la extraña que ablanda sus palabras. 6 Porque mirando yo por la ventana de mi casa, Por mi celosía, 7 Vi entre los simples, Consideré entre los jóvenes, Un mancebo falto de entendimiento, 8 El cual pasaba por la calle, junto á la esquina de aquella, E iba camino de su casa, 9 A la tarde del día, ya que oscurecía, En la oscuridad y tiniebla de la noche. 10 Y he aquí, una mujer que le sale al encuentro Con atavío de ramera, astuta de corazón, 11 Alborotadora y rencillosa, Sus pies no pueden estar en casa; 12 Unas veces de fuera, ó bien por las plazas, Acechando por todas las esquinas. 13 Y traba de él, y bésalo; Desvergonzó su rostro, y díjole: 14 Sacrificios de paz había prometido, Hoy he pagado mis votos; 15 Por tanto he salido á encontrarte, Buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado. 16 Con paramentos he ataviado mi cama, Recamados con cordoncillo de Egipto. 17 He sahumado mi cámara Con mirra, áloes, y cinamomo. 18 Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; Alegrémonos en amores. 19 Porque el marido no está en casa, Hase ido á un largo viaje: 20 El saco de dinero llevó en su mano; El día señalado volverá á su casa. 21 Rindiólo con la mucha suavidad de sus palabras, Obligóle con la blandura de sus labios. 22 Vase en pos de ella luego, Como va el buey al degolladero, Y como el loco á las prisiones para ser castigado; 23 Como el ave que se apresura al lazo, Y no sabe que es contra su vida, Hasta que la saeta traspasó su hígado. 24 Ahora pues, hijos, oidme, Y estad atentos á las razones de mi boca. 25 No se aparte á sus caminos tu corazón; No yerres en sus veredas. 26 Porque á muchos ha hecho caer heridos; Y aun los más fuertes han sido muertos por ella. 27 Caminos del sepulcro son su casa, Que descienden á las cámaras de la muerte. 1 ¿NO clama la sabiduría, Y da su voz la inteligencia? 2 En los altos cabezos, junto al camino, A las encrucijadas de las veredas se para; 3 En el lugar de las puertas, á la entrada de la ciudad, A la entrada de las puertas da voces: 4 Oh hombres, á vosotros clamo; Y mi voz es á los hijos de los hombres. 5 Entended, simples, discreción; Y vosotros, locos, entrad en cordura. 6 Oid, porque hablaré cosas excelentes; Y abriré mis labios para cosas rectas. 7 Porque mi boca hablará verdad, Y la impiedad abominan mis labios. 8 En justicia son todas las razones de mi boca; No hay en ellas cosa perversa ni torcida. 9 Todas ellas son rectas al que entiende, Y razonables á los que han hallado sabiduría. 10 Recibid mi enseñanza, y no plata; Y ciencia antes que el oro escogido. 11 Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; Y todas las cosas que se pueden desear, no son de comparar con ella. 12 Yo, la sabiduría, habito con la discreción, Y hallo la ciencia de los consejos. 13 El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, y el mal camino Y la boca perversa, aborrezco. 14 Conmigo está el consejo y el ser; Yo soy la inteligencia; mía es la fortaleza. 15 Por mí reinan los reyes, Y los príncipes determinan justicia. 16 Por mí dominan los príncipes, Y todos los gobernadores juzgan la tierra. 17 Yo amo á los que me aman; Y me hallan los que madrugando me buscan. 18 Las riquezas y la honra están conmigo; Sólidas riquezas, y justicia. 19 Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; Y mi rédito mejor que la plata escogida. 20 Por vereda de justicia guiaré, Por en medio de sendas de juicio; 21 Para hacer heredar á mis amigos el ser, Y que yo hincha sus tesoros. 22 Jehová me poseía en el principio de su camino, Ya de antiguo, antes de sus obras. 23 Eternalmente tuve el principado, desde el principio, Antes de la tierra. 24 Antes de los abismos fuí engendrada; Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas. 25 Antes que los montes fuesen fundados, Antes de los collados, era yo engendrada: 26 No había aún hecho la tierra, ni las campiñas, Ni el principio del polvo del mundo. 27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando señalaba por compás la sobrefaz del abismo; 28 Cuando afirmaba los cielos arriba, Cuando afirmaba las fuentes del abismo; 29 Cuando ponía á la mar su estatuto, Y á las aguas, que no pasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra; 30 Con él estaba yo ordenándolo todo; Y fuí su delicia todos los días, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo. 31 Huélgome en la parte habitable de su tierra; Y mis delicias son con los hijos de los hombres. 32 Ahora pues, hijos, oidme: Y bienaventurados los que guardaren mis caminos. 33 Atended el consejo, y sed sabios, Y no lo menospreciéis. 34 Bienaventurado el hombre que me oye, Velando á mis puertas cada día, Guardando los umbrales de mis entradas. 35 Porque el que me hallare, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová. 36 Mas el que peca contra mí, defrauda su alma: Todos los que me aborrecen, aman la muerte. 1 LA sabiduría edificó su casa, Labró sus siete columnas; 2 Mató sus víctimas, templó su vino, Y puso su mesa. 3 Envió sus criadas; Sobre lo más alto de la ciudad clamó: 4 Cualquiera simple, venga acá. A los faltos de cordura dijo: 5 Venid, comed mi pan, Y bebed del vino que yo he templado. 6 Dejad las simplezas, y vivid; Y andad por el camino de la inteligencia. 7 El que corrige al escarnecedor, afrenta se acarrea: El que reprende al impío, se atrae mancha. 8 No reprendas al escarnecedor, porque no te aborrezca: Corrige al sabio, y te amará. 9 Da al sabio, y será más sabio: Enseña al justo, y acrecerá su saber. 10 El temor de Jehová es el principio de la sabiduría; Y la ciencia de los santos es inteligencia. 11 Porque por mí se aumentarán tus días, Y años de vida se te añadirán. 12 Si fueres sabio, para ti lo serás: Mas si fueres escarnecedor, pagarás tú solo. 13 La mujer loca es alborotadora; Es simple é ignorante. 14 Siéntase en una silla á la puerta de su casa, En lo alto de la ciudad, 15 Para llamar á los que pasan por el camino, Que van por sus caminos derechos. 16 Cualquiera simple, dice, venga acá. A los faltos de cordura dijo: 17 Las aguas hurtadas son dulces, Y el pan comido en oculto es suave. 18 Y no saben que allí están los muertos; Que sus convidados están en los profundos de la sepultura.
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