Job 29; Job 30; Job 31

1 Y reanudó Job su discurso, y dijo: 2 ¡Quién me diera volver a ser como en meses pasados, como en los días en que Dios velaba sobre mí; 3 cuando su lámpara resplandecía sobre mi cabeza, y a su luz caminaba yo en las tinieblas; 4 como era yo en los días de mi juventud , cuando el favor de Dios estaba sobre mi tienda; 5 cuando el Todopoderoso estaba aún conmigo, y mis hijos en derredor mío; 6 cuando en leche se bañaban mis pies, y la roca me derramaba ríos de aceite! 7 Cuando yo salía a la puerta de la ciudad, cuando en la plaza tomaba mi asiento, 8 me veían los jóvenes y se escondían, y los ancianos se levantaban y permanecían en pie. 9 Los príncipes dejaban de hablar y ponían la mano sobre su boca; 10 la voz de los nobles se apagaba, y la lengua se les pegaba al paladar. 11 Porque el oído que oía me llamaba bienaventurado, y el ojo que veía daba testimonio de mí; 12 porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que no tenía quien le ayudara. 13 Venía sobre mí la bendición del que estaba a punto de perecer, y el corazón de la viuda llenaba de gozo. 14 De justicia me vestía, y ella me cubría; como manto y turbante era mi derecho. 15 Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo. 16 Padre era para los necesitados, y examinaba la causa que no conocía. 17 Quebraba los colmillos del impío, y de sus dientes arrancaba la presa. 18 Entonces pensaba: "En mi nido moriré, y multiplicaré mis días como la arena. 19 "Mi raíz se extiende hacia las aguas, y el rocío se posa de noche en mi rama. 20 "Conmigo es siempre nueva mi gloria, y mi arco en mi mano se renueva." 21 Me escuchaban y esperaban, y guardaban silencio para oír mi consejo. 22 Después de mis palabras no hablaban de nuevo, y sobre ellos caía gota a gota mi discurso. 23 Me esperaban como a la lluvia, y abrían su boca como a lluvia de primavera. 24 Yo les sonreía cuando ellos no creían, y no abatían la luz de mi rostro. 25 Les escogía el camino y me sentaba como jefe, y moraba como rey entre las tropas, como el que consuela a los que lloran.
1 Pero ahora se burlan de mí los que son más jóvenes que yo, a cuyos padres no consideraba yo dignos de poner con los perros de mi ganado. 2 En verdad, la fuerza de sus manos ¿de qué me servía? Había desaparecido de ellos el vigor. 3 De miseria y hambre estaban extenuados; roían la tierra seca de noche en desierto y desolación; 4 arrancaban malvas junto a los matorrales, y raíz de retama era su alimento. 5 De la comunidad fueron expulsados, gritaban contra ellos como contra un ladrón. 6 Moraban en valles de terror, en las cuevas de la tierra y de las peñas. 7 Entre los matorrales clamaban; bajo las ortigas se reunían. 8 Necios, sí, hijos sin nombre, echados a latigazos de la tierra. 9 Y ahora he venido a ser su escarnio, y soy para ellos refrán. 10 Me aborrecen y se alejan de mí, y no se retraen de escupirme a la cara. 11 Por cuanto El ha aflojado la cuerda de su arco y me ha afligido, se han quitado el freno delante de mí. 12 A mi derecha se levanta el populacho , arrojan lazos a mis pies y preparan contra mí sus caminos de destrucción. 13 Arruinan mi senda, a causa de mi destrucción se benefician, nadie los detiene. 14 Como por ancha brecha vienen, en medio de la tempestad siguen rodando. 15 Contra mí se vuelven los terrores, como el viento persiguen mi honor, y como nube se ha disipado mi prosperidad. 16 Y ahora en mí se derrama mi alma; se han apoderado de mí días de aflicción. 17 De noche El traspasa mis huesos dentro de mí, y los dolores que me roen no descansan. 18 Una gran fuerza deforma mi vestidura, me aprieta como el cuello de mi túnica. 19 El me ha arrojado al lodo, y soy como el polvo y la ceniza. 20 Clamo a ti, y no me respondes; me pongo en pie, y no me prestas atención. 21 Te has vuelto cruel conmigo, con el poder de tu mano me persigues. 22 Me alzas al viento, me haces cabalgar en él, y me deshaces en la tempestad. 23 Pues sé que a la muerte me llevarás, a la casa de reunión de todos los vivientes. 24 Sin embargo ¿no extiende la mano el que está en un montón de ruinas, cuando clama en su calamidad? 25 ¿No he llorado por aquél cuya vida es difícil? ¿No se angustió mi alma por el necesitado? 26 Cuando esperaba yo el bien, vino el mal, cuando esperaba la luz, vino la oscuridad. 27 Por dentro me hierven las entrañas, y no puedo descansar; me vienen al encuentro días de aflicción. 28 Ando enlutado, sin consuelo; me levanto en la asamblea y clamo. 29 He venido a ser hermano de chacales, y compañero de avestruces. 30 Mi piel se ennegrece sobre mí, y mis huesos se queman por la fiebre. 31 Se ha convertido en duelo mi arpa, y mi flauta en voz de los que lloran.
1 Hice un pacto con mis ojos, ¿cómo podía entonces mirar a una virgen? 2 ¿Y cuál es la porción de Dios desde arriba, o la heredad del Todopoderoso desde las alturas? 3 ¿No es la calamidad para el injusto, y el infortunio para los que obran iniquidad? 4 ¿No ve El mis caminos, y cuenta todos mis pasos? 5 Si he caminado con la mentira, y si mi pie se ha apresurado tras el engaño, 6 que El me pese en balanzas de justicia, y que Dios conozca mi integridad. 7 Si mi paso se ha apartado del camino, si mi corazón se ha ido tras mis ojos, y si alguna mancha se ha pegado en mis manos, 8 que yo siembre y otro coma, y sean arrancadas mis cosechas. 9 Si mi corazón fue seducido por mujer, o he estado al acecho a la puerta de mi prójimo, 10 que muela para otro mi mujer, y otros se encorven sobre ella. 11 Porque eso sería una infamia, y una iniquidad castigada por los jueces; 12 porque sería fuego que consume hasta el Abadón, y arrancaría toda mi ganancia. 13 Si he menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva cuando presentaron queja contra mí, 14 ¿qué haré cuando Dios se levante? Y cuando El me pida cuentas, ¿qué le responderé? 15 ¿Acaso el que me hizo a mí en el seno materno, no lo hizo también a él? ¿No fue uno mismo el que nos formó en la matriz? 16 Si he impedido a los pobres su deseo, o he hecho desfallecer los ojos de la viuda, 17 o si he comido mi bocado solo, y el huérfano no ha comido de él 18 (aunque desde mi juventud él creció conmigo como con un padre, y a la viuda la guié desde mi infancia); 19 si he visto a alguno perecer por falta de ropa, y sin abrigo al necesitado, 20 si sus lomos no me han expresado gratitud , pues no se ha calentado con el vellón de mis ovejas; 21 si he alzado contra el huérfano mi mano, porque vi que yo tenía apoyo en la puerta, 22 que mi hombro se caiga de la coyuntura, y mi brazo se quiebre en el codo. 23 Porque el castigo de Dios es terror para mí, y ante su majestad nada puedo hacer. 24 Si he puesto en el oro mi confianza, y he dicho al oro fino: Tú eres mi seguridad; 25 si me he alegrado porque mi riqueza era grande, y porque mi mano había adquirido mucho; 26 si he mirado al sol cuando brillaba, o a la luna marchando en esplendor, 27 y fue mi corazón seducido en secreto, y mi mano tiró un beso de mi boca, 28 eso también hubiera sido iniquidad que merecía juicio, porque habría negado al Dios de lo alto. 29 ¿Acaso me he alegrado en la destrucción de mi enemigo, o me he regocijado cuando el mal le sobrevino? 30 No, no he permitido que mi boca peque pidiendo su vida en una maldición. 31 ¿Acaso no han dicho los hombres de mi tienda: "¿Quién puede hallar a alguno que no se haya saciado con su carne?" 32 El forastero no pasa la noche afuera, porque al viajero he abierto mis puertas. 33 ¿Acaso he cubierto mis transgresiones como Adán, ocultando en mi seno mi iniquidad, 34 porque temí a la gran multitud, o el desprecio de las familias me aterró, y guardé silencio y no salí de mi puerta? 35 ¡Quién me diera que alguien me oyera! He aquí mi firma. ¡Que me responda el Todopoderoso! Y la acusación que ha escrito mi adversario, 36 ciertamente yo la llevaría sobre mi hombro, y me la ceñiría como una corona. 37 Del número de mis pasos yo le daría cuenta, como a un príncipe me acercaría a El. 38 Si mi tierra clama contra mí, y sus surcos lloran juntos; 39 si he comido su fruto sin dinero, o si he causado que sus dueños pierdan sus vidas, 40 ¡que en lugar de trigo crezcan abrojos, y en lugar de cebada hierba maloliente! Aquí terminan las palabras de Job.
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