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Cuando ella y su familia se bautizaron, nos rog贸, diciendo: Si juzg谩is que soy fiel al Se帽or, venid a mi casa y quedaos en ella. Y nos persuadi贸 a ir.
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Y sucedi贸 que mientras 铆bamos al lugar de oraci贸n, nos sali贸 al encuentro una muchacha esclava que ten铆a esp铆ritu de adivinaci贸n, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando.
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Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alt铆simo, quienes os proclaman el camino de salvaci贸n.
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Y esto lo hac铆a por muchos d铆as; mas desagradando esto a Pablo, se volvi贸 y dijo al esp铆ritu: 隆Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella! Y sali贸 en aquel mismo momento.
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Pero cuando sus amos vieron que se les hab铆a ido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta la plaza, ante las autoridades;
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y despu茅s de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: Estos hombres, siendo jud铆os, alborotan nuestra ciudad,
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y proclaman costumbres que no nos es l铆cito aceptar ni observar, puesto que somos romanos.
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La multitud se levant贸 a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasg谩ndoles sus ropas, ordenaron que los azotaran con varas.
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Y despu茅s de darles muchos azotes, los echaron en la c谩rcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad;
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el cual, habiendo recibido esa orden, los ech贸 en el calabozo interior y les asegur贸 los pies en el cepo.
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Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban.