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Al dĂa siguiente, cuando salieron de Betania, JesĂşs tuvo hambre.
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Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si quizá pudiera hallar algo en ella; cuando llegó a ella, no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.
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Y JesĂşs, hablando a la higuera, le dijo: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y sus discĂpulos le estaban escuchando.
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Llegaron<***> a JerusalĂ©n; y entrando JesĂşs en el templo comenzĂł a echar fuera a los que vendĂan y compraban en el templo, volcĂł las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendĂan las palomas;
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y no permitĂa que nadie transportara objeto alguno a travĂ©s del templo.
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Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: "MI CASA SERA LLAMADA CASA DE ORACION PARA TODAS LAS NACIONES"? Pero vosotros la habéis hecho CUEVA DE LADRONES.
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Los principales sacerdotes y los escribas oyeron esto y buscaban cĂłmo destruirle, porque le tenĂan miedo, pues toda la multitud estaba admirada de su enseñanza.
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Y cuando atardecĂa, solĂan salir fuera de la ciudad.