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Pues ninguno de mis primeros invitados probará ni una migaja de mi banquete”».
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El costo de ser discĂpulo
Una gran multitud seguĂa a JesĂşs. Él se dio vuelta y les dijo:
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«Si quieres ser mi discĂpulo, debes aborrecer a los demás —a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas— sĂ, hasta tu propia vida. De lo contrario, no puedes ser mi discĂpulo.
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Además, si no cargas tu propia cruz y me sigues, no puedes ser mi discĂpulo.
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»Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ÂżquiĂ©n comenzarĂa a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo?
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De no ser asĂ, tal vez termines sĂłlo los cimientos antes de quedarte sin dinero, y entonces todos se reirán de ti.
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Dirán: “¡Ahà está el que comenzó un edificio y no pudo terminarlo!”.
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»¿O quĂ© rey entrarĂa en guerra con otro rey sin primero sentarse con sus consejeros para evaluar si su ejĂ©rcito de diez mil puede vencer a los veinte mil soldados que marchan contra Ă©l?
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Y, si no puede, enviará una delegaciĂłn para negociar las condiciones de paz mientras el enemigo todavĂa estĂ© lejos.
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AsĂ que no puedes convertirte en mi discĂpulo sin dejar todo lo que posees.
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»La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo?
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La sal sin sabor no sirve ni para la tierra ni para el abono. Se tira. ¡El que tenga oĂdos para oĂr debe escuchar y entender!».