JesĂşs ante el Consejo
57 Los que habĂan arrestado a JesĂşs lo llevaron ante Caifás, el sumo sacerdote, donde se habĂan reunido los maestros de la ley y los ancianos.
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Pero Pedro lo siguió de lejos hasta el patio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los guardias para ver en qué terminaba aquello.
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Los jefes de los sacerdotes y el Consejo en pleno buscaban alguna prueba falsa contra JesĂşs para poder condenarlo a muerte.
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Pero no la encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos.Por fin se presentaron dos,
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que declararon:—Este hombre dijo: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres dĂas”.
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Poniéndose en pie, el sumo sacerdote le dijo a Jesús:—¿No vas a responder? ¿Qué significan estas denuncias en tu contra?
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Pero Jesús se quedó callado. Asà que el sumo sacerdote insistió:—Te ordeno en el nombre del Dios viviente que nos digas si eres el Cristo, el Hijo de Dios.
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—Tú lo has dicho —respondió Jesús—. Pero yo les digo a todos: De ahora en adelante verán ustedes al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo.
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—¡Ha blasfemado! —exclamĂł el sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras—. ÂżPara quĂ© necesitamos más testigos? ¡Miren, ustedes mismos han oĂdo la blasfemia!
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¿Qué piensan de esto?—Merece la muerte —le contestaron.
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Entonces algunos le escupieron en el rostro y le dieron puñetazos. Otros lo abofeteaban
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y decĂan:—A ver, Cristo, ¡adivina quiĂ©n te pegĂł!