NehemĂas inspecciona la muralla
11 Tres dĂas despuĂ©s de haber llegado a JerusalĂ©n,
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salĂ de noche acompañado de algunos hombres, pero a ninguno de ellos le contĂ© lo que mi Dios me habĂa motivado hacer por JerusalĂ©n. La Ăşnica bestia que llevábamos era la que yo montaba.
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Esa noche salà por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y la puerta del Basurero. Inspeccioné las ruinas de la muralla de Jerusalén, y sus puertas consumidas por el fuego.
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Después me dirigà hacia la puerta de la Fuente y el estanque del Rey, pero no hallé por dónde pasar con mi cabalgadura.
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Asà que, siendo aún de noche, subà por el arroyo mientras inspeccionaba la muralla. Finalmente regresé y entré por la puerta del Valle.
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Los gobernadores no supieron a dĂłnde fui ni quĂ© hice, porque hasta entonces no habĂa dicho nada a ningĂşn judĂo: ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a los gobernadores ni a los que estaban trabajando en la obra.
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Por eso les dije:—Ustedes son testigos de nuestra desgracia. JerusalĂ©n está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego. ¡Vamos, anĂmense! ¡Reconstruyamos la muralla de JerusalĂ©n para que ya nadie se burle de nosotros!
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Entonces les contĂ© cĂłmo la bondadosa mano de Dios habĂa estado conmigo y les relatĂ© lo que el rey me habĂa dicho. Al oĂr esto, exclamaron:—¡Manos a la obra!Y unieron la acciĂłn a la palabra.
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Cuando lo supieron, Sambalat el horonita, TobĂas el oficial amonita y GuesĂ©n el árabe se burlaron de nosotros y nos preguntaron de manera despectiva:—Pero, ÂżquĂ© están haciendo? ÂżAcaso pretenden rebelarse contra el rey?
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Yo les contesté:—El Dios del cielo nos concederá salir adelante. Nosotros, sus siervos, vamos a comenzar la reconstrucción. Ustedes no tienen arte ni parte en este asunto, ni raigambre en Jerusalén.