14
Estaba JesĂşs echando fuera un demonio, que era mudo, y sucediĂł que cuando el demonio saliĂł, el mudo hablĂł; y las multitudes se maravillaron.
15
Pero algunos de ellos dijeron: El echa fuera los demonios por BeelzebĂş, prĂncipe de los demonios.
16
Y otros, para ponerle a prueba, demandaban de El una señal del cielo.
17
Pero conociendo El sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sĂ mismo es asolado; y una casa dividida contra sĂ misma, se derrumba.
18
Y si tambiĂ©n Satanás está dividido contra sĂ mismo, ÂżcĂłmo permanecerá en pie su reino? Porque vosotros decĂs que yo echo fuera demonios por BeelzebĂş.
19
Y si yo echo fuera demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan fuera vuestros hijos? Por consiguiente, ellos serán vuestros jueces.
20
Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.
21
Cuando un hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros.
22
Pero cuando uno más fuerte que Ă©l lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales habĂa confiado y distribuye su botĂn.
23
El que no está conmigo, contra mà está; y el que conmigo no recoge, desparrama.
24
Cuando el espĂritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: "VolverĂ© a mi casa de donde salĂ."
25
Y cuando llega, la encuentra barrida y arreglada.
26
Entonces va y toma consigo otros siete espĂritus peores que Ă©l, y entrando, moran allĂ; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero.