6
Ahora pues, Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del rĂo, Setar-boznai, y vuestros compañeros, los oficiales del otro lado del rĂo, alejaos de allĂ.
7
No impidáis esta obra de la casa de Dios, y que el gobernador de los judĂos y los ancianos de los judĂos reedifiquen esta casa de Dios en su lugar.
8
Además, este es mi decreto en cuanto a lo que habĂ©is de hacer por estos ancianos de Judá en la reedificaciĂłn de esta casa de Dios: del tesoro real de los tributos del otro lado del rĂo se han de pagar todos los gastos a este pueblo, y esto sin demora.
9
Y todo lo que se necesite: novillos, carneros y corderos para holocausto al Dios del cielo, y trigo, sal, vino y aceite de unciĂłn, segĂşn lo pidan los sacerdotes que están en JerusalĂ©n, se les dará dĂa por dĂa sin falta,
10
para que puedan ofrecer sacrificios agradables al Dios del cielo y orar por la vida del rey y de sus hijos.
11
Y he proclamado un decreto de que cualquiera que quebrante este edicto, de su casa se arranque un madero, y levantándolo, sea colgado en él, y que su casa sea reducida a escombros a causa de esto.
12
Y que el Dios que ha hecho morar allĂ su nombre derribe a todo rey o pueblo que trate de cambiarlo para destruir esta casa de Dios en JerusalĂ©n. Yo, DarĂo, he proclamado este decreto; que sea ejecutado con toda exactitud.