Salmos 113; Salmos 114; Salmos 115; 1 Corintios 6

1 ¡Aleluya! Alabad, siervos del SEÑOR, alabad el nombre del SEÑOR. 2 Bendito sea el nombre del SEÑOR desde ahora y para siempre. 3 Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del SEÑOR. 4 Excelso sobre todas las naciones es el SEÑOR; su gloria está sobre los cielos. 5 ¿Quién es como el SEÑOR nuestro Dios, que está sentado en las alturas, 6 que se humilla para mirar lo que hay en el cielo y en la tierra? 7 El levanta al pobre del polvo, y al necesitado saca del muladar, 8 para sentarlos con príncipes, con los príncipes de su pueblo. 9 Hace habitar en casa a la mujer estéril, gozosa de ser madre de hijos. ¡Aleluya!
1 Cuando Israel salió de Egipto, la casa de Jacob de entre un pueblo de lengua extraña, 2 Judá vino a ser su santuario, Israel, su dominio. 3 Lo miró el mar, y huyó; el Jordán se volvió atrás. 4 Los montes saltaron como carneros, y los collados como corderitos. 5 ¿Qué te pasa, oh mar, que huyes, y a ti, Jordán, que te vuelves atrás, 6 a vosotros, montes, que saltáis como carneros, y a vosotros, collados, que saltáis como corderitos? 7 Tiembla, oh tierra, ante la presencia del Señor, ante la presencia del Dios de Jacob, 8 que convirtió la roca en estanque de agua, y en fuente de aguas el pedernal.
1 No a nosotros, SEÑOR, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad. 2 ¿Por qué han de decir las naciones: ¿Dónde está ahora su Dios? 3 Nuestro Dios está en los cielos; El hace lo que le place. 4 Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombre. 5 Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; 6 tienen oídos, y no oyen; tienen nariz, y no huelen; 7 tienen manos, y no palpan; tienen pies, y no caminan; no emiten sonido alguno con su garganta. 8 Se volverán como ellos, los que los hacen, y todos los que en ellos confían. 9 Oh Israel, confía en el SEÑOR; El es tu ayuda y tu escudo. 10 Oh casa de Aarón, confiad en el SEÑOR; El es vuestra ayuda y vuestro escudo. 11 Los que teméis al SEÑOR, confiad en el SEÑOR; El es vuestra ayuda y vuestro escudo. 12 El SEÑOR se ha acordado de nosotros; El nos bendecirá; bendecirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón. 13 El bendecirá a los que temen al SEÑOR, tanto a pequeños como a grandes. 14 El SEÑOR os prospere , a vosotros y a vuestros hijos. 15 Benditos seáis del SEÑOR, que hizo los cielos y la tierra. 16 Los cielos son los cielos del SEÑOR; pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombres. 17 Los muertos no alaban al SEÑOR, ni ninguno de los que descienden al silencio. 18 Pero nosotros bendeciremos al SEÑOR desde ahora y para siempre. ¡Aleluya!
1 ¿Se atreve alguno de vosotros, cuando tiene algo contra su prójimo, a ir a juicio ante los incrédulos y no ante los santos? 2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo es juzgado por vosotros, ¿no sois competentes para juzgar los casos más triviales? 3 ¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¡Cuánto más asuntos de esta vida! 4 Entonces, si tenéis tribunales que juzgan los casos de esta vida, ¿por qué ponéis por jueces a los que nada son en la iglesia? 5 Para verguenza vuestra lo digo. ¿Acaso no hay entre vosotros algún hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos, 6 sino que hermano contra hermano litiga, y esto ante incrédulos? 7 Así que, en efecto, es ya un fallo entre vosotros el hecho de que tengáis litigios entre vosotros. ¿Por qué no sufrís mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados? 8 Por el contrario, vosotros mismos cometéis injusticias y defraudáis, y esto a los hermanos. 9 ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios. 12 Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. 13 Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. 14 Y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros mediante su poder. 15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré, acaso, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? ¡De ningún modo! 16 ¿O no sabéis que el que se une a una ramera es un cuerpo con ella? Porque El dice: LOS DOS VENDRAN A SER UNA SOLA CARNE. 17 Pero el que se une al Señor, es un espíritu con El. 18 Huid de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. 19 ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
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