Salmos 70; Salmos 71; Romanos 8:22-39

1 Oh Dios, apresúrate a librarme; apresúrate, oh SEÑOR, a socorrerme. 2 Sean avergonzados y humillados los que buscan mi vida; sean vueltos atrás y cubiertos de ignominia los que se complacen en mi mal. 3 Sean vueltos atrás por causa de su verguenza los que dicen: ¡Ajá, ajá! 4 Regocíjense y alégrense en ti todos los que te buscan; que digan continuamente: ¡Engrandecido sea Dios! los que aman tu salvación. 5 Mas yo estoy afligido y necesitado; oh Dios, ven pronto a mí. Tú eres mi socorro y mi libertador; SEÑOR, no te tardes.
1 En ti, oh SEÑOR, me refugio; jamás sea yo avergonzado. 2 Líbrame en tu justicia, y rescátame; inclina a mí tu oído, y sálvame. 3 Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente; tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza. 4 Dios mío, rescátame de la mano del impío, de la mano del malhechor y del implacable, 5 porque tú eres mi esperanza; oh Señor DIOS, tú eres mi confianza desde mi juventud. 6 De ti he recibido apoyo desde mi nacimiento; tú eres el que me sacó del seno de mi madre; para ti es continuamente mi alabanza. 7 He llegado a ser el asombro de muchos, pero tú eres mi refugio fuerte. 8 Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día. 9 No me rechaces en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando me falten las fuerzas. 10 Porque mis enemigos han hablado de mí; y los que acechan mi vida han consultado entre sí, 11 diciendo: Dios lo ha desamparado; perseguidlo y apresadlo, pues no hay quien lo libre. 12 Oh Dios, no estés lejos de mí; Dios mío, apresúrate a socorrerme. 13 Sean avergonzados y consumidos los enemigos de mi alma; sean cubiertos de afrenta y de ignominia los que procuran mi mal. 14 Mas yo esperaré continuamente, y aún te alabaré más y más. 15 Todo el día contará mi boca de tu justicia y de tu salvación, porque son innumerables. 16 Vendré con los hechos poderosos de DIOS el Señor; haré mención de tu justicia, de la tuya sola. 17 Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta ahora he anunciado tus maravillas. 18 Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir. 19 Porque tu justicia, oh Dios, alcanza hasta los cielos , tú que has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú? 20 Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones, me volverás a dar vida, y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra. 21 Aumenta tú mi grandeza, y vuelve a consolarme. 22 Y yo te daré gracias con el arpa, cantaré tu verdad, Dios mío; a ti cantaré alabanzas con la lira, oh Santo de Israel. 23 Darán voces de júbilo mis labios, cuando te cante alabanzas, y mi alma, que tú has redimido. 24 También mi lengua hablará de tu justicia todo el día, porque han sido avergonzados, porque han sido humillados, los que procuran mi mal.
22 Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. 23 Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, ¿por qué esperar lo que uno ve? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. 26 Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; 27 y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. 28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. 29 Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; 30 y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó. 31 Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Tal como está escrito: POR CAUSA TUYA SOMOS PUESTOS A MUERTE TODO EL DIA; SOMOS CONSIDERADOS COMO OVEJAS PARA EL MATADERO. 37 Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
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