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Todos ellos eran descendientes de las naciones que el pueblo de Israel no hab铆a destruido. Entonces Salom贸n les impuso trabajo forzado y los hizo parte de sus trabajadores, y en esa condici贸n trabajan hasta el d铆a de hoy;
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pero Salom贸n no oblig贸 a ning煤n israelita a ser parte de sus trabajadores, sino que los puso a su servicio como soldados, oficiales en su ej茅rcito, y comandantes y conductores de sus carros de guerra.
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El rey Salom贸n tambi茅n design贸 a doscientos cincuenta de ellos para que supervisaran a los trabajadores.
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Salom贸n traslad贸 a su esposa, la hija del fara贸n, de la Ciudad de David al palacio nuevo que le hab铆a edificado, y dijo: 芦Mi esposa no debe vivir en el palacio del rey David, porque all铆 ha estado el arca del Se帽or
y es tierra santa禄.
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Luego Salom贸n present贸 ofrendas quemadas al Se帽or
sobre el altar que le hab铆a construido frente a la antesala del templo.