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Luego Jehú entró al palacio, comió y bebió. Después de un rato dijo: «Que alguien se encargue de enterrar a esa maldita mujer, porque era hija de un rey»;
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pero cuando fueron a enterrarla, solo encontraron el cráneo, los pies y las manos.
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Cuando regresaron y le contaron a Jehú, él declaró: «Eso cumple el mensaje que el Señor
dio por medio de su siervo Elías de Tisbé, quien dijo: “Los perros se comerán el cuerpo de Jezabel en la parcela de Jezreel.
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Sus restos quedarán desparramados como estiércol en la parcela de Jezreel, para que nadie pueda reconocerla”».