8
El día del ataque, David les dijo a sus tropas: «Odio a esos jebuseos “ciegos” y “cojos”.
Todo el que ataque la ciudad, que haga su entrada por el túnel de agua».
Este es el origen del dicho: «Ni el ciego ni el cojo pueden entrar en la casa».
9
Así que David hizo de la fortaleza su casa y la llamó la Ciudad de David. Extendió la ciudad, comenzando desde los terraplenes,
y continuó hacia adentro.
10
David se hacía cada vez más poderoso, porque el Señor
Dios de los Ejércitos Celestiales estaba con él.
11
Luego Hiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David, junto con madera de cedro, así como carpinteros y canteros, quienes construyeron un palacio para David.
12
Entonces David se dio cuenta de que el Señor
lo había confirmado como rey de Israel y que había bendecido su reino por amor a su pueblo Israel.