15
Pues tĂş serás su testigo; les contarás a todos lo que has visto y oĂdo.
16
ÂżQuĂ© esperas? Levántate y bautĂzate. Queda limpio de tus pecados al invocar el nombre del Señor”.
17
»Después de regresar a Jerusalén y, mientras oraba en el templo, caà en un estado de éxtasis.
18
Tuve una visiĂłn de JesĂşs,
quien me decĂa:
19
»“Pero Señor —argumenté—, seguramente ellos saben que, en cada sinagoga, yo encarcelĂ© y golpeĂ© a los que creĂan en ti.
20
Y estuve totalmente de acuerdo cuando mataron a tu testigo Esteban. Estuve allà cuidando los abrigos que se quitaron cuando lo apedrearon”.
21
»Pero el Señor me dijo:
».
22
La multitud escuchó hasta que Pablo dijo esta palabra. Entonces todos comenzaron a gritar: «¡Llévense a ese tipo! ¡No es digno de vivir!».
23
Gritaron, arrojaron sus abrigos y lanzaron puñados de polvo al aire.
24
Pablo revela su ciudadanĂa romana
El comandante llevĂł a Pablo adentro y ordenĂł que lo azotaran con látigos para hacerlo confesar su delito. QuerĂa averiguar por quĂ© la multitud se habĂa enfurecido.
25
Cuando ataron a Pablo para azotarlo, Pablo le preguntĂł al oficial
que estaba allĂ:
—¿Es legal que azoten a un ciudadano romano que todavĂa no ha sido juzgado?