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Sin embargo, en ese momento, los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que exigiera la libertad de Barrabás en lugar de la de Jesús.
12
Pilato les preguntó:
—Entonces, ¿qué hago con este hombre al que ustedes llaman rey de los judÃos?
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—¡CrucifÃcalo! —le contestaron a gritos.
14
—¿Por qué? —insistió Pilato—. ¿Qué crimen ha cometido?
Pero la turba rugió aún más fuerte:
—¡CrucifÃcalo!
15
Entonces Pilato, para calmar a la multitud, dejó a Barrabás en libertad. Y mandó azotar a Jesús con un látigo que tenÃa puntas de plomo, y después lo entregó a los soldados romanos para que lo crucificaran.