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Jesús sana a un muchacho endemoniado
Cuando regresaron adonde estaban los demás discÃpulos, vieron que los rodeaba una gran multitud y que algunos maestros de la ley religiosa discutÃan con ellos.
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Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo.
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Un hombre de la multitud tomó la palabra y dijo:
—Maestro, traje a mi hijo para que lo sanaras. Está poseÃdo por un espÃritu maligno que no le permite hablar.
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Y, siempre que este espÃritu se apodera de él, lo tira violentamente al suelo y él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se pone rÃgido.
Asà que les pedà a tus discÃpulos que echaran fuera al espÃritu maligno, pero no pudieron hacerlo.
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Asà que se lo llevaron. Cuando el espÃritu maligno vio a Jesús, le causó una violenta convulsión al muchacho, quien cayó al piso retorciéndose y echando espuma por la boca.
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—preguntó Jesús al padre del muchacho.
—Desde que era muy pequeño —contestó él—.
22
A menudo el espÃritu lo arroja al fuego o al agua para matarlo. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes.
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Al instante el padre clamó:
—¡SÃ, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!