34
y toda la gente que los rodeaba huyó cuando oyeron sus gritos. «¡La tierra nos tragará a nosotros también!», exclamaron.
35
Entonces un fuego ardiente salió del Señor
y consumió a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían incienso.
37
«Dile a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que saque todos los incensarios del fuego, porque son santos. También dile que esparza los carbones encendidos.
38
Toma los incensarios de estos hombres que pecaron a costa de sus vidas, y de ese metal elabora láminas a martillo para recubrir el altar. Como estos incensarios se usaron en la presencia del Señor
, ya son santos. Que sirvan como advertencia al pueblo de Israel».