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El hombre rico
Cuando Jesús estaba por emprender su camino a Jerusalén, un hombre se le acercó corriendo, se arrodilló y le preguntó:
—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
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pero para contestar a tu pregunta, tú conoces los mandamientos: «No asesines; no cometas adulterio; no robes; no des falso testimonio; no estafes a nadie; honra a tu padre y a tu madre»
.
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—Maestro —respondió el hombre—, he obedecido todos esos mandamientos desde que era joven.
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Jesús miró al hombre y sintió profundo amor por él.
—le dijo—.
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Al oÃr esto, el hombre puso cara larga y se fue triste porque tenÃa muchas posesiones.
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Jesús miró a su alrededor y dijo a sus discÃpulos:
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Los discÃpulos quedaron asombrados de sus palabras. Pero Jesús volvió a decir:
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De hecho, ¡es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios!».
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Los discÃpulos quedaron atónitos.
—Entonces, ¿quién podrá ser salvo? —preguntaron.
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Jesús los miró fijamente y dijo:
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Entonces Pedro comenzó a hablar.
—Nosotros hemos dejado todo para seguirte —dijo.
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recibirá ahora a cambio cien veces más el número de casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y bienes, junto con persecución; y en el mundo que vendrá, esa persona tendrá la vida eterna.
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Pero muchos que ahora son los más importantes en ese dÃa serán los menos importantes, y aquellos que ahora parecen menos importantes en ese dÃa serán los más importantes.