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—Con respecto a lo que dice este libro que se ha encontrado, vayan a consultar al SEÑOR por mà y por el remanente de Israel y de Judá. Sin duda que la gran ira del SEÑOR se ha derramado contra nosotros porque nuestros antepasados no tuvieron en cuenta su palabra, ni actuaron según lo que está escrito en este libro.
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JilquÃas y los demás comisionados del rey fueron a consultar a la profetisa Huldá, que vivÃa en el barrio nuevo de Jerusalén. Huldá era la esposa de Salún, el encargado del vestuario, quien era hijo de Ticvá y nieto de Jarjás.
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Huldá les contestó: «Asà dice el SEÑOR, Dios de Israel: “DÃganle al que los ha enviado
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que yo, el SEÑOR, les advierto: ‘Voy a enviar una desgracia sobre este lugar y sus habitantes, y haré que se cumplan todas las maldiciones que están escritas en el libro que se ha leÃdo ante el rey de Judá.
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Ellos me han abandonado; han quemado incienso a otros dioses, y con todos sus Ãdolos han provocado mi furor. Por eso arde mi ira contra este lugar, y no se apagará’.