3
Ese dĂa, cuatro hombres que padecĂan de lepra se hallaban a la entrada de la ciudad.—¿QuĂ© ganamos con quedarnos aquĂ sentados, esperando la muerte? —se dijeron unos a otros—.
4
No ganamos nada con entrar en la ciudad. AllĂ nos moriremos de hambre con todos los demás, pero si nos quedamos aquĂ, nos sucederá lo mismo. Vayamos, pues, al campamento de los sirios, para rendirnos. Si nos perdonan la vida, viviremos; y si nos matan, de todos modos moriremos.
5
Al anochecer se pusieron en camino, pero cuando llegaron a las afueras del campamento sirio, ¡ya no habĂa nadie allĂ!
6
Y era que el Señor habĂa confundido a los sirios haciĂ©ndoles oĂr el ruido de carros de combate y de caballerĂa, como si fuera un gran ejĂ©rcito. Entonces se dijeron unos a otros: «¡Seguro que el rey de Israel ha contratado a los reyes hititas y egipcios para atacarnos!»
7
Por lo tanto, emprendieron la fuga al anochecer abandonando tiendas de campaña, caballos y asnos. Dejaron el campamento tal como estaba para escapar y salvarse.