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David se enteró de que UrÃas no habÃa ido a su casa, asà que le preguntó:—Has hecho un viaje largo; ¿por qué no fuiste a tu casa?
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—En este momento —respondió UrÃas—, tanto el arca como los hombres de Israel y de Judá se guarecen en simples enramadas, y mi señor Joab y sus oficiales acampan al aire libre, ¿y yo voy a entrar en mi casa para darme un banquete y acostarme con mi esposa? ¡Tan cierto como que Su Majestad vive, que yo no puedo hacer tal cosa!
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—Bueno, entonces quédate hoy aquÃ, y mañana te enviaré de regreso —replicó David.UrÃas se quedó ese dÃa en Jerusalén. Pero al dÃa siguiente
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David lo invitó a un banquete y logró emborracharlo. A pesar de eso, UrÃas no fue a su casa sino que volvió a pasar la noche donde dormÃa la guardia real.
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A la mañana siguiente, David le escribió una carta a Joab, y se la envió por medio de UrÃas.