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Mientras tanto, David se hallaba sentado en el pasadizo que está entre las dos puertas de la ciudad. El centinela, que habÃa subido al muro de la puerta, alzó la vista y vio a un hombre que corrÃa solo.
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Cuando el centinela se lo anunció al rey, este comentó:—Si viene solo, debe de traer buenas noticias.Pero mientras el hombre seguÃa corriendo y se acercaba,
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el centinela se dio cuenta de que otro hombre corrÃa detrás de él, asà que le anunció al guarda de la puerta:—¡Por ahà viene otro hombre corriendo solo!—Ese también debe de traer buenas noticias —dijo el rey.
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El centinela añadió:—Me parece que el primero corre como Ajimaz hijo de Sadoc.—Es un buen hombre —comentó el rey—; seguro que trae buenas noticias.
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Ajimaz llegó y saludó al rey postrándose rostro en tierra, y le dijo:—¡Bendito sea el SEÑOR, Dios de Su Majestad, pues nos ha entregado a los que se habÃan rebelado en contra suya!