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Entonces ella ordenó a Hatac que le dijera a Mardoqueo:
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«Todos los servidores del rey y el pueblo de las provincias del reino saben que, para cualquier hombre o mujer que, sin ser invitado por el rey, se acerque a él en el patio interior, hay una sola ley: la pena de muerte. La única excepción es que el rey, extendiendo su cetro de oro, le perdone la vida. En cuanto a mÃ, hace ya treinta dÃas que el rey no me ha pedido presentarme ante él».
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Cuando Mardoqueo se enteró de lo que habÃa dicho Ester,
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mandó a decirle: «No te imagines que por estar en la casa del rey serás la única que escape con vida de entre todos los judÃos.
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Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judÃos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!»