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Parmasta, Arisay, Ariday y Vaizata,
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que eran los diez hijos de Amán hijo de Hamedata, el enemigo de los judÃos. Pero no se apoderaron de sus bienes.
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Ese mismo dÃa, al enterarse el rey del número de muertos en la ciudadela de Susa,
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le dijo a la reina Ester:—Si los judÃos han matado y aniquilado a quinientos hombres y a los diez hijos de Amán en la ciudadela de Susa, ¡qué no habrán hecho en el resto de las provincias del reino! Dime cuál es tu deseo, y se te concederá. ¿Qué otra petición tienes? ¡Se cumplirá tu deseo!
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—Si a Su Majestad le parece bien —respondió Ester—, concédales permiso a los judÃos de Susa para prorrogar hasta mañana el edicto de este dÃa, y permita que sean colgados en la estaca los diez hijos de Amán.