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Abraham alzó la vista y, en un matorral, vio un carnero enredado por los cuernos. Fue entonces, tomó el carnero y lo ofreció como holocausto, en lugar de su hijo.
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A ese sitio Abraham le puso por nombre: «El SEÑOR provee». Por eso hasta el día de hoy se dice: «En un monte provee el SEÑOR».
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El ángel del SEÑOR llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo,
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y le dijo:—Como has hecho esto, y no me has negado a tu único hijo, juro por mí mismo —afirma el SEÑOR—
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que te bendeciré en gran manera, y que multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos.