10
En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecĂa; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad.
11
Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.
12
Por tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas.
13
«Hagan sendas derechas para sus pies», para que la pierna coja no se disloque sino que se sane.
14
Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.