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Y le preguntĂł un prĂncipe, diciendo: Maestro bueno, ÂżquĂ© harĂ© para poseer la vida eterna?
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Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino sólo Dios.
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Los mandamientos sabes: No matarás; no adulterarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
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Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.
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Y JesĂşs, oĂdo esto, le dijo: AĂşn te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sĂgueme.
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Entonces Ă©l, oĂdas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.
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Y viendo JesĂşs que se habĂa entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!
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Porque más fácil cosa es entrar un cable por el ojo de una aguja, que un rico entrar al Reino de Dios.
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Y los que lo oĂan, dijeron: ÂżY quiĂ©n podrá ser salvo?
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Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.
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Entonces Pedro dijo: He aquĂ, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido.
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Y él les dijo: De cierto os digo, que
no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el Reino de Dios,
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que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.