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Pero cuando los principales sacerdotes y los escribas vieron las maravillas que habĂa hecho, y a los muchachos que gritaban en el templo y que decĂan: ¡Hosanna al Hijo de David!, se indignaron
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y le dijeron: ÂżOyes lo que Ă©stos dicen? Y JesĂşs les respondiĂł<***>: SĂ, Âżnunca habĂ©is leĂdo: "DE LA BOCA DE LOS PEQUEĂ‘OS Y DE LOS NIĂ‘OS DE PECHO TE HAS PREPARADO ALABANZA"?
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Y dejándolos, saliĂł fuera de la ciudad, a Betania, y se hospedĂł allĂ.
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Por la mañana, cuando regresaba a la ciudad, tuvo hambre.
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Y al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló nada en ella sino sólo hojas, y le dijo<***>: Nunca jamás brote fruto de ti. Y al instante se secó la higuera.
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Al ver esto, los discĂpulos se maravillaron y decĂan: ÂżCĂłmo es que la higuera se secĂł al instante?
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Respondiendo JesĂşs, les dijo: En verdad os digo que si tenĂ©is fe y no dudáis, no sĂłlo harĂ©is lo de la higuera, sino que aun si decĂs a este monte: "QuĂtate y Ă©chate al mar", asĂ sucederá.
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Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.
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Cuando llegó Jesús al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se le acercaron mientras enseñaba, diciendo: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio esta autoridad?
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Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, que si me la contestáis, yo también os diré con qué autoridad hago estas cosas.
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ÂżDe dĂłnde era el bautismo de Juan?, Âżdel cielo o de los hombres? Y ellos discurrĂan entre sĂ, diciendo: Si decimos: "Del cielo", El nos dirá: "Entonces, Âżpor quĂ© no le creĂsteis?"