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DescendiĂł con ellos y se detuvo en un lugar llano; y habĂa una gran multitud de sus discĂpulos, y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de JerusalĂ©n y de la regiĂłn costera de Tiro y SidĂłn,
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que habĂan ido para oĂrle y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espĂritus inmundos eran curados.
19
Y toda la multitud procuraba tocarle, porque de El salĂa un poder que a todos sanaba.
20
Volviendo su vista hacia sus discĂpulos, decĂa: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
21
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
22
Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecen, cuando os apartan de sĂ, os colman de insultos y desechan vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
23
Alegraos en ese dĂa y saltad de gozo, porque he aquĂ, vuestra recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas.
24
Pero ¡ay de vosotros los ricos!, porque ya estáis recibiendo todo vuestro consuelo.
25
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendrĂ©is hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reĂs!, porque os lamentarĂ©is y llorarĂ©is.
26
¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque de la misma manera trataban sus padres a los falsos profetas.
27
Pero a vosotros los que oĂs, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen;
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bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan.
29
Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica.
30
A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames.
31
Y asà como queréis que los hombres os hagan, haced con ellos de la misma manera.
32
Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.
33
Si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.
34
Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad.
35
Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y serĂ©is hijos del AltĂsimo; porque El es bondadoso para con los ingratos y perversos.
36
Sed misericordiosos, asĂ como vuestro Padre es misericordioso.
37
No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.
38
Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis, se os volverá a medir.
39
Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo?
40
Un discĂpulo no está por encima de su maestro; mas todo discĂpulo, despuĂ©s de que se ha preparado bien, será como su maestro.
41
¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?
42
¿O cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, déjame sacarte la mota que está en tu ojo", cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota que está en el ojo de tu hermano.
43
Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa, árbol malo que produzca fruto bueno.
44
Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza.
45
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazĂłn saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazĂłn habla su boca.
46
¿Y por qué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que yo digo?
47
Todo el que viene a mà y oye mis palabras y las pone en práctica, os mostraré a quién es semejante:
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es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavĂł hondo y echĂł cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundaciĂłn, el torrente rompiĂł contra aquella casa, pero no pudo moverla porque habĂa sido bien construida.
49
Pero el que ha oĂdo y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificĂł una casa sobre tierra, sin echar cimiento; y el torrente rompiĂł contra ella y al instante se desplomĂł, y fue grande la ruina de aquella casa.