Salmos 110; Salmos 111; Salmos 112; 1 Corintios 5

1 Dice el SEÑOR a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 2 El SEÑOR extenderá desde Sion tu poderoso cetro, diciendo: Domina en medio de tus enemigos. 3 Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad, desde el seno de la aurora; tu juventud es para ti como el rocío. 4 El SEÑOR ha jurado y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. 5 El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes en el día de su ira. 6 Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres, quebrantará cabezas sobre la ancha tierra. 7 Beberá del arroyo en el camino; por tanto El levantará la cabeza.
1 ¡Aleluya! Daré gracias al SEÑOR con todo mi corazón, en la compañía de los rectos y en la congregación. 2 Grandes son las obras del SEÑOR, buscadas por todos los que se deleitan en ellas. 3 Esplendor y majestad es su obra, y su justicia permanece para siempre. 4 Ha hecho sus maravillas para ser recordadas; clemente y compasivo es el SEÑOR. 5 Ha dado alimento a los que le temen; recordará su pacto para siempre. 6 Ha hecho conocer a su pueblo el poder de sus obras, al darle la heredad de las naciones. 7 Las obras de sus manos son verdad y justicia, fieles todos sus preceptos. 8 Son afirmados para siempre jamás, ejecutados con fidelidad y rectitud. 9 El ha enviado redención a su pueblo, ha ordenado su pacto para siempre; santo y temible es su nombre. 10 El principio de la sabiduría es el temor del SEÑOR; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su alabanza permanece para siempre.
1 ¡Aleluya! Cuán bienaventurado es el hombre que teme al SEÑOR, que mucho se deleita en sus mandamientos. 2 Poderosa en la tierra será su descendencia; la generación de los rectos será bendita. 3 Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre. 4 Luz resplandece en las tinieblas para el que es recto; El es clemente, compasivo y justo. 5 Bien le va al hombre que se apiada y presta; arreglará sus asuntos con juicio. 6 Porque nunca será sacudido; para siempre será recordado el justo. 7 No temerá recibir malas noticias; su corazón está firme, confiado en el SEÑOR. 8 Su corazón está seguro, no temerá, hasta que vea vencidos a sus adversarios. 9 Con liberalidad ha dado a los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder será exaltado con honor. 10 Lo verá el impío y se irritará; rechinará los dientes y se consumirá; el deseo de los impíos perecerá.
1 En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y os habéis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que de entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de vosotros. 3 Pues yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo pero presente en espíritu, como si estuviera presente, ya he juzgado al que cometió tal acción. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando vosotros estéis reunidos, y yo con vosotros en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, 5 entregad a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 Vuestra jactancia no es buena. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? 7 Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. 8 Por tanto, celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad. 9 En mi carta os escribí que no anduvierais en compañía de personas inmorales; 10 no me refería a la gente inmoral de este mundo, o a los avaros y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendríais que salir del mundo. 11 Sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ése, ni siquiera comáis. 12 Pues ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro de la iglesia? 13 Pero Dios juzga a los que están fuera. EXPULSAD DE ENTRE VOSOTROS AL MALVADO.
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