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y cuya copa
era hermosa, y su fruto en abundancia, y que para todos
habĂa mantenimiento en Ă©l; debajo del cual moraban las bestias del campo, y en sus ramas habitaban las aves del cielo
22
tĂş mismo
eres, oh rey, que creciste, y te hiciste fuerte, pues creciĂł tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu señorĂo hasta el cabo de la tierra
23
Y en cuanto a lo que vio el rey, un centinela y santo que descendĂa del cielo, y decĂa: Cortad el árbol y destruidlo; mas el tronco de sus raĂces dejarĂ©is en la tierra, y con atadura de hierro y de bronce
quede atado en la hierba del campo; y sea mojado con el rocĂo del cielo, y su parte sea con las bestias del campo, hasta que pasen sobre Ă©l siete tiempos
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Esta es la declaraciĂłn, oh rey, y la sentencia del AltĂsimo, que ha venido sobre el rey mi señor
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que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con rocĂo del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que entiendas que el AltĂsimo se enseñorea del reino de los hombres, y que a quien Ă©l quisiere lo dará