3
Ese mismo día, el hombre de Dios dio una señal para demostrar que su mensaje era verdadero y dijo: «El Señor
ha prometido dar una señal: este altar se partirá en dos, y sus cenizas se derramarán en el suelo».
4
Cuando Jeroboam oyó al hombre de Dios hablar contra el altar de Betel, el rey lo señaló con el dedo y gritó: «¡Detengan a ese hombre!»; pero al instante, la mano del rey se paralizó en esa posición, y no podía moverla.
5
En ese mismo momento, se produjo una enorme grieta en el altar y las cenizas se desparramaron, tal como el hombre de Dios había predicho en el mensaje que recibió del Señor
.
6
Entonces el rey clamó al hombre de Dios: «¡Te ruego que le pidas al Señor
tu Dios que me restaure la mano!». Así que el hombre de Dios oró al Señor
, y la mano quedó restaurada y el rey pudo moverla otra vez.
7
Después el rey dijo al hombre de Dios:
—Ven al palacio conmigo, come algo y te daré un regalo.