6
Pues el Señor
habĂa hecho que el ejĂ©rcito arameo escuchara el traqueteo de carros de guerra a toda velocidad, el galope de caballos y los sonidos de un gran ejĂ©rcito que se acercaba. Por eso se gritaron unos a otros: «¡El rey de Israel ha contratado a los hititas y a los egipcios
para que nos ataquen!».
7
Asà que se llenaron de pánico y huyeron en la oscuridad de la noche; abandonaron sus carpas, sus caballos, sus burros y todo lo demás, y corrieron para salvar la vida.
8
Cuando los leprosos llegaron al lĂmite del campamento, fueron de carpa en carpa, comieron y bebieron vino, sacaron plata, oro y ropa, y escondieron todo.
9
Finalmente se dijeron entre ellos: «Esto no está bien. Hoy es un dĂa de buenas noticias, ¡y nosotros no lo hemos dicho a nadie! Si esperamos hasta la mañana, seguro que nos ocurre alguna calamidad. ¡Vamos, regresemos al palacio y contĂ©mosle a la gente!».
10
AsĂ que regresaron a la ciudad e informaron a los porteros lo que habĂa sucedido. «Salimos al campamento arameo —dijeron—, ¡y allĂ no habĂa nadie! Los caballos y los burros estaban atados, y todas las carpas estaban en orden, ¡pero no habĂa ni una sola persona!».