29
—¿Qué me dices del joven Absalón? —preguntó el rey—. ¿Está bien?
—Cuando Joab me dijo que viniera, habÃa una gran conmoción —contestó Ahimaas—, pero no supe lo que pasaba.
30
—Espera aquà —le dijo el rey.
Y Ahimaas se hizo a un lado.
31
Enseguida el etÃope llegó y le dijo:
—Tengo buenas noticias para mi señor el rey. Hoy el Señor
lo ha librado de todos los que se rebelaron en su contra.
32
—¿Qué me dices del joven Absalón? —preguntó el rey—. ¿Se encuentra bien?
Y el etÃope contestó:
—¡Que todos sus enemigos, mi señor el rey, ahora y en el futuro, corran con la misma suerte de ese joven!
33
Entonces el rey se sintió abrumado por la emoción. Subió a la habitación que estaba sobre la entrada y se echó a llorar. Y mientras subÃa, clamaba: «¡Oh, mi hijo Absalón! ¡Hijo mÃo, hijo mÃo Absalón! ¡Si tan solo yo hubiera muerto en tu lugar! ¡Oh Absalón, mi hijo, mi hijo!».