3
»En el primer año del reinado del rey Ciro, se emitió un decreto en relación con el templo de Dios en Jerusalén.
»Que se reconstruya el templo con los cimientos originales en el sitio donde los judĂos solĂan ofrecer sus sacrificios. Tendrá veintisiete metros de alto y veintisiete metros de ancho.
4
A cada tres hileras de piedras especialmente preparadas, se les pondrá encima una capa de madera. Todos los gastos correrán por cuenta de la tesorerĂa real.
5
Además, las copas de oro y de plata que Nabucodonosor tomó del templo de Dios en Jerusalén y llevó a Babilonia serán devueltas a Jerusalén y colocadas nuevamente en el lugar que corresponden. Que sean devueltas al templo de Dios».
6
Entonces el rey DarĂo enviĂł el siguiente mensaje:
«Por consiguiente, Tatnai, gobernador de la provincia situada al occidente del rĂo Éufrates,
y Setar-boznai junto con sus colegas y otros funcionarios del occidente del rĂo Éufrates, ¡mantĂ©nganse bien lejos de allĂ!
7
No estorben la construcciĂłn del templo de Dios. Dejen que se reconstruya en su sitio original y no le pongan trabas al trabajo del gobernador de Judá ni al de los ancianos de los judĂos.