4
A cada tres hileras de piedras especialmente preparadas, se les pondrá encima una capa de madera. Todos los gastos correrán por cuenta de la tesorerÃa real.
5
Además, las copas de oro y de plata que Nabucodonosor tomó del templo de Dios en Jerusalén y llevó a Babilonia serán devueltas a Jerusalén y colocadas nuevamente en el lugar que corresponden. Que sean devueltas al templo de Dios».
6
Entonces el rey DarÃo envió el siguiente mensaje:
«Por consiguiente, Tatnai, gobernador de la provincia situada al occidente del rÃo Éufrates,
y Setar-boznai junto con sus colegas y otros funcionarios del occidente del rÃo Éufrates, ¡manténganse bien lejos de allÃ!
7
No estorben la construcción del templo de Dios. Dejen que se reconstruya en su sitio original y no le pongan trabas al trabajo del gobernador de Judá ni al de los ancianos de los judÃos.
8
»Además, por la presente, decreto que ustedes tendrán que ayudar a esos ancianos de los judÃos mientras reconstruyan el templo de Dios. Ustedes tienen que pagar el costo total de la obra, sin demora, con los impuestos que se recaudan en la provincia situada al occidente del rÃo Éufrates, a fin de que la construcción no se interrumpa.