29
Entonces José miró a su hermano BenjamÃn, hijo de su misma madre.
—¿Es este su hermano menor del que me hablaron? —preguntó José—. Que Dios te bendiga, hijo mÃo.
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Entonces José se apresuró a salir de la habitación porque la emoción de ver a su hermano lo habÃa vencido. Entró en su cuarto privado, donde perdió el control y se echó a llorar.
31
Después de lavarse la cara, volvió a salir, ya más controlado. Entonces ordenó: «Traigan la comida».
32
Los camareros sirvieron a José en su propia mesa, y sus hermanos fueron servidos en una mesa aparte. Los egipcios que comÃan con José se sentaron en su propia mesa, porque los egipcios desprecian a los hebreos y se niegan a comer con ellos.
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José indicó a cada uno de sus hermanos dónde sentarse y, para sorpresa de ellos, los sentó según sus edades, desde el mayor hasta el menor.